Francia Márquez, una mujer del pueblo para un mejor gobierno

Francia Márquez es reconocida desde su comunidad como una líder intachable. Ahora, el país la reconocerá como política y vicepresidenta de Colombia

Por: Fernando Vargas Valencia
junio 22, 2022
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Francia Márquez, una mujer del pueblo para un mejor gobierno
Fotos: Leonel Cordero

Francia Elena Márquez Mina, mujer afrocolombiana oriunda del Norte del Cauca, es la fórmula vicepresidencial de un proyecto colectivo que se ha comprometido, en lo programático, con la reafirmación de la vida, por la construcción de paz, por el diálogo constructivo y las transformaciones mínimas que requiere el país para robustecer la democracia y cumplir las promesas contenidas en la Constitución de 1991.

Su presencia es la garantía expresa de que al interior del propio Pacto Histórico habrá una veeduría, una vigilancia colectiva enfocada a prevenir que al interior de este proyecto político colectivo y diverso, se repitan las mismas prácticas clientelistas que han gobernado al país durante décadas. 

Así lo ha expresado públicamente la abogada ambientalista y líder social Francia Márquez, dando muestra de su autonomía, su compromiso, coherencia, pensamiento crítico y apuesta constructiva por lo colectivo.

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En esta contienda electoral estuvo en boga la insistencia en algunos temas que, de hecho, son reiterados en épocas de campaña y que terminan siendo promesas incumplidas que ciertos sectores del país arrojan al olvido (no más impuestos, no más corrupción, más empleo, etc.). 

Tal vez porque ese olvido les es conveniente, pero que en los sectores populares ha suscitado un despertar colectivo que ha sido denominado en varias partes del país como un estallido social y que para algunas y algunos analistas puede considerarse como una revuelta popular pacífica. 

Que también, ha tenido por respuesta la violencia oficial a través de dispositivos de represión policial y militar, en un contexto en el que varias organizaciones de la sociedad civil han denominado “el tratamiento de guerra” (como el PCN o CODHES) que el actual gobierno ha dado a la protesta social.

A todas y todos nos preocupa ese panorama, a algunas y algunos por la criminalización, el perfilamiento, la violencia oficial racista, misógina, aporofóbica e impune que un sector del Estado, a través del gobierno y sus fuerzas armadas, ha infligido sobre líderes y lideresas de los paros nacionales. 

A otros y otras les preocupa la economía del país, el derecho al trabajo, a la libre movilidad, los bloqueos, la parálisis coyuntural que representa la revuelta como expresión, a veces acallada o ignorada, de una parálisis estructural mucho más profunda que denota un país radicalmente desigual, injusto e inequitativo.

Una vicepresidenta como Francia Márquez es una garantía para toda Colombia del cumplimiento de las obligaciones del Estado en un contexto como este. 

Hablo desde mi perspectiva personal, ya que pude conocerla. Una mujer capaz de llevar las exigencias colectivas a ámbitos de diálogos difíciles con la institucionalidad y de promover procesos de exigencia pacífica de derechos, desde la interlocución con distintos actores en conflicto. 

Por ejemplo, junto a otras mujeres rutilantes del pueblo negro afrodescendiente, lideró en 2014 una marcha pacífica para evitar el ecocidio y el etnocidio en el Norte del Cauca con ocasión de la confluencia de actividades mineras legales e ilegales que han ejercido tal presión desproporcional sobre el territorio, que han llevado a la enfermedad total. 

Desde la contaminación hasta la puesta en riesgo de las mujeres a violencias diferenciadas, pasando por la destrucción cultural de las actividades y pensamientos milenarios de pueblos indígenas, campesinos y afrodescendientes, dedicados al cuidado de la vida en dicha zona del país.

Francia ha tenido que exigir los derechos colectivos de diversas poblaciones afectadas por la desidia del Estado en diversos escenarios de diálogo, de litigio y de movilización social desde el pacifismo, la juntanza y la honra a la palabra empeñada. 

En el caso de la marcha de mujeres afrodescendientes por el cuidado de la vida y del territorio, en equipo con ellas, supo convencer a vicepresidentes, ministros, viceministros y funcionarios o funcionarias de Estado sobre la legitimidad de sus exigencias y sobre el deber de dar cumplimiento a las mismas. 

Lo hizo con empeño, con firmeza, pero nunca con violencia, a pesar de la actitud indignante de algunas y algunos de ellos. De tales conversaciones han surgido compromisos que el Estado ha incumplido. 

También, ha surgido la visibilidad de situaciones que deben ser corregidas por el propio Estado y que antes estaban sometidas a pactos tácitos y expresos de silencio. 

Ella sabe qué se puede y qué se debe hacer desde el gobierno para satisfacer los derechos fundamentales, individuales y colectivos, de la gente y para garantizar su goce efectivo: 

Como las y los líderes del Paro Cívico de Buenaventura sabe que, si el estado no escucha a las poblaciones que debe proteger, es necesario hacer parte de ese Estado para transformarlo en clave del cumplimiento de sus obligaciones para con la gente.

También ha liderado litigios estratégicos encaminados al reconocimiento de los derechos fundamentales, de los impactos diferenciados y desproporcionales que ciertos contextos (como la guerra, el extractivismo sin control, la injusticia social, el abandono o desidia estatal) han hecho recaer sobre la mayoría de la gente.

A través de acciones de tutela o de demandas de restitución de derechos territoriales, por ejemplo, ha mostrado las contradicciones de ciertas economías que se nutren de la muerte y ha expuesto ante organismos judiciales e internacionales, las alternativas posibles desde su vivir, desde su sentir, desde la lucha de los pueblos que han acompañado su lucha individual por el derecho de todos y todas a vivir sabroso. 

Es decir, en un disfrute real y efectivo de derechos mínimos de dignidad individual en equilibrio con los deberes que un Estado social de derecho exige a cada individuo para con los demás y con el colectivo.  

Es la persona más idónea para comprender las demandas de las y los líderes sociales de base para poder conversar y apalabrar cuestiones que redundan en el bienestar de todas y todos, de empresas, de comunidades, de pueblos, de familias, del propio Estado entendido como garante de derechos. 

No tiene intereses personales porque su vida se ha concentrado en hacer suyos los intereses colectivos: Es el antídoto más contundente y realista a la corrupción.

Que sea vicepresidenta también honrará la memoria de las y los líderes sociales que han sido asesinados en una Colombia que, si quiere vivir en paz, está llamada a dar protagonismo político a tales líderes y restárselo a los políticos clientelistas, tradicionales y oportunistas que monopolizan los entornos electorales.

Francia es una mujer que al tiempo que sacó adelante en soledad a sus dos hijos, quienes me consta son dos personas maravillosas, fue desplazada por amenazas de muerte de su territorio originario, siendo desarraigada de sus amores, de su familia, de su gente y además estudió derecho por la simple convicción de que al Estado hay que transformarlo conociéndolo en teoría y en práctica. 

Mientras ciertos políticos compran sus cartones académicos, ella estudió una carrera universitaria en medio de la dificultad y el empobrecimiento, a pesar de que los saberes que acredita su título que ya estaban constatados en su experiencia de vida como defensora de derechos humanos. 

Graduarse de abogada fue una decisión interesante porque ella ya lo era desde mucho tiempo atrás, desde adolescente, cuando casi niña exigía con elocuencia a las autoridades locales el cumplimiento de las promesas de dignidad consignadas en un papel firmado por funcionarios públicos y empresas alrededor de una represa que le clavaron al corazón de los ríos de su tierra ancestral a principios de los años 90. 

¿Habrá alguien más precisa, con más experiencia para dar un cambio sustancial a la forma de hacer política en Colombia?

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