Francia Márquez: mi nuevo ídolo político

Al hablar del valor de la ética en la política y justicia social eso la convierte en la nueva revelación y en el símbolo de la paz y posconflicto en Colombia

Por: Pedro León Vega Rodríguez
marzo 30, 2022
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Francia Márquez: mi nuevo ídolo político
Foto: Archivo

Es muy satisfactorio ver cómo una nueva generación empieza a imponer en la sociedad colombiana una prometedora escala de valores en el ámbito político, y más satisfactorio todavía es percatarse de que una mujer negra, representante de una comunidad históricamente excluida, es quien está marcando la pauta en la construcción de un nuevo país,  al hablar del valor de la ética en la política, por la vida y la justicia social, al punto de convertirse en la nueva revelación política, y en el símbolo de la paz y del posconflicto en Colombia.

Es Francia Elena Márquez Mina, fórmula vicepresidencial de la campaña a la presidencia de Gustavo Petro por el Pacto Histórico, mujer y afrodescendiente-doble condición que la ubica en un lugar prominente de la matriz de opresión-, una colombiana auténtica, de encanto natural, que estudio derecho para convertirse en radical protectora del medio ambiente, infatigable defensora de los derechos humanos y apasionada promotora de la inclusión social.

Francia irrumpe como un viento fresco en la desprestigiada, desabrida y corrupta actividad política nacional, con la convicción de estar haciendo realidad y liderando, en “juntanta” (colectivo), el designio de las grandes transformaciones sociales y políticas democratizadoras que exige nuestra nación en crisis. Una sociedad cuya principal característica, según su particular perspectiva, es una momificada estructura patriarcal, racista y clasista, que indemne cumple dos siglos desde la independencia sin asumir el compromiso del caro principio constitucional sobre la igualdad social.

Francia Márquez Mina   

Francia no es una líder política más en la campaña electoral 2022 ni llega gratis a los altos escenarios de liderazgo y representación política, ya ha sido noticia para orgullo y ejemplo de los colombianos, en especial de las juventudes, al ganar una serie de importantes premios nacionales e internacionales como líder social, evidente muestra de su talento, vocación de servicio y elevado potencial político.

Ganó el premio medioambiental Goldman 2018 (Premio Nobel ecológico), el premio nacional de derechos humanos 2015, el premio Joan Alsina de derechos humanos Casa Américas Catalunya 2019, y el prestigio que significa ser incluida por la BBC en el top 100 de las mujeres más influyentes del mundo. Fue candidata a la Cámara en 2018 y creó el movimiento político “Soy porque somos” avalado por el Polo Democrático Alternativo, que le permitió competir en marzo como precandidata a la presidencia en la consulta interna del pacto histórico, donde ganó Petro y donde Francia obtuvo de forma trasparente cerca de 800 mil votos.

En la actual campaña electoral, ya como candidata a la vicepresidencia, dio muestras de su carácter, autonomía e independencia, al advertirle al país y al propio Petro de los peligros que implicaba una alianza electoral con el expresidente César Gaviria como director del partido liberal.

Según Francia, Gaviria representa la vieja política y la ideología neoliberal, y excepto que demuestre lo contrario, sus pretensiones no pueden ser otras que concretar una nueva repartija burocrática, como lo hizo en 2018 con Iván Duque, y ofrecerle al pueblo más de lo mismo; por lo contrario, Francia invita a las bases liberales a sumarse a los cambios que necesita el país y a que recuperen la memoria perdida de sus originarios principios de libertad e igualdad.

Ahora se propone repicar en la campaña electoral, con la insistencia sonora de un pájaro sirirí, sobre la necesidad de una agresiva política de inclusión. A Francia le parece que esa tarea debe empezar por realizar cambios en el lenguaje, donde no basta la rectitud idiomática que obliga al empleo de los artículos masculinos inclusivos “el” y “los” para referirse por igual a hombres, mujeres y heterodoxos; es necesario recurrir al uso de un nuevo lenguaje explícito y radicalmente incluyente.

Con ese fin y esgrimiendo su nuevo vocabulario, se presenta en las reuniones políticas como representante de “todos”, “todas” y “todes”, de los “nadies” y las “nadias”, siguiendo el ejemplo de los “mayores” y las “mayoras” de su comunidad, apropiándose de un lenguaje de uso habitual en la población negra, afrocolombiana, raizal y palenquera.

Por supuesto, en Colombia, el tema del lenguaje incluyente de Francia ha sido objeto de debate, más ideológico que académico, donde se critica a “la lidereza” por golpear impunemente el idioma. Como suele ocurrir en el país del sagrado corazón, más importante que denunciar la exclusión es discutir si se escribe con “c” o con “s”, como era costumbre en España entre los académicos que discutían con vehemencia sobre el idioma mientras le daban la espalda a la realidad que se vivía durante la guerra civil española, los mismos que terminaron apoyando luego la dictadura de Franco.

Pues con ese mismo criterio los adversarios de la clase política tradicional intentan tomar a burla las pretensiones de Francia poniéndole el típico gorro de burro escolar y enviándola al rincón de clase para deslegitimarla, estigmatizarla y condenarla. Por su parte, sus defensores han esgrimido en su favor el concepto de la Real Academia Española (RAE), que considera correcto el término “Mayoras” en tanto tiene un significado ancestral para comunidades afro y palenqueras”.

Algo que parece un contrasentido, porque si la expresión es auténtica no necesita de una autoridad académica extraterritorial que la valide. Esa era precisamente la bronca del Premio Nobel Gabriel García Márquez contra la Real Academia Española, por querer señalar qué está bien y qué está mal en el manejo del idioma, en contravía de la autoridad natural que el uso general impone al interior de una comunidad. La propia Francia explica que la expresión es auténtica.

"Para su información, dice, mayoras significa mujeres sabias, que tienen la autoridad ética y moral para guiar el rumbo de nuestros pueblos". Y remata con solvencia y alta autoestima: "Siento mucho que para ustedes el único lenguaje correcto sea el heredado de la colonia".

Es obvio que el debate está mal planteado. Enseña, sin embargo, varias lecciones; uno, lo vivo que está en el siglo XXI el carácter excluyente de nuestra sociedad; dos, se insiste en el contrasentido de tener que recurrir a una autoridad idiomática externa para valorar si es correcta una expresión auténtica y habitual en un pueblo; el filósofo Wittgenstein criticaría esta práctica basado en su tesis sobre las tramas del lenguaje. Y tres, hoy la expresión “Mayoras” es de uso común en la comunidad palenquera, pero no lo es en buena parte de Colombia, y eso no lo hace correcto o incorrecto sino regional o local.

Según el Nobel Mario Vargas Llosa, en la misma tónica de García Márquez, lo que se impone es el uso que hacen los pueblos de las palabras. Ese fue también el fundamento de Andrés Bello para crear la primera “Gramática de la lengua castellana” (1847) y exaltar un vocabulario propiamente americano.

Es bueno saber además que la propia RAE ha aceptado estas críticas y en las últimas décadas viene reconociendo que la autoridad idiomática tiene fundamento en la diversidad cultural, que el único criterio para validar las expresiones de un idioma es el lugar de su enunciación y su uso cuando la palabra hace costumbre y enriquece el vocabulario.

Con ese nuevo enfoque, en cada nueva edición de su diccionario, la RAE consulta primero a las academias de cada uno de los países de habla castellana para constatar los cambios del lenguaje, según las dinámicas culturales propias de la población; y en esos mismos términos invirtió su criterio de valoración al desplazar el centro de gravedad de la autoridad idiomática desde la oficina de eruditos y honorables académicos con sede en España hasta las calles y plazas de los pueblos donde el idioma español se unta de barro y es consentido y estrujado por todo tipo de gentes y clases sociales, letrados e iletrados, que se lo apropian en ámbitos diversos de sus vidas y lo usan a su antojo, según sus necesidades, para manifestar sus alegrías y tristezas y darle vuelo a su imaginación.

No obstante, más allá de los juicios que podamos hacer sobre el lenguaje incluyente de Francia Márquez, lo interesante es su tremendo impacto político. La autenticidad y desparpajo de la candidata de la dignidad humana, hace que el uso sin mediaciones del lenguaje palenquero en plena campaña presidencial se convierta en un potente grito contra la injusticia y la exclusión que sufre la mayoría de la población colombiana. Es claro que Francia se niega deliberadamente a tener que explicar la validez de su vocabulario porque sería indigno tener que pedirle permiso a una clase política preñada de una racionalidad criminal, excluyente, y profundamente corrupta, a sabiendas de que su comunidad también es parte de Colombia.

Francia invita a la población a construir colectivamente en medio de la diferencia, a reconocer entre diferentes las virtudes de cada uno “y de cada una”. Significa que podemos seguir usando la expresión “los mayores” de manera inclusiva para referirnos a mujeres y hombres por igual; no porque lo diga Francia Márquez o porque lo use la comunidad palenquera es ahora valido para nosotros en el resto del territorio nacional- lo que es válido y necesario es reconocer la rica diversidad cultural del país, y asumir el desafío de construir unidad de sentido en la diversidad.

Lo novedoso es su forma creativa de lucha social; con su radical lenguaje incluyente Francia Márquez nos hace un llamado de atención directo y claro de tinte político que no debiera sorprendernos porque es parte del texto constitucional: la sociedad colombiana no sólo es ideológicamente heterogénea, es más todavía culturalmente diversa, y eso no es una desventaja, sino una enorme fortaleza.

La candidata a “vicepresidenta” lo sabe mejor que nadie, su comunidad palenquera, que fue esclavizada, pero también rebelde y amante de la libertad, tiene vivo el dolor de la exclusión y marginalidad persistente desde la Colonia. Sería imperdonable que olvidáramos esa herida sangrante de nuestra propia historia, especialmente esa que logra revivir con gran sentimiento Joe Arroyo en su canción “la Rebelión”, ese “pedacito de la historia negra, de la historia nuestra, caballero”.

Como Vicepresidente no será Francia una figura decorativa o subordinada, en un eventual gobierno de Gustavo Petro; por el contrario, gozará de autonomía e independencia, y competirá en liderazgo con el propio presidente, que no conforman ya el uno y el dos tradicionales, sino uno y una de un equipo de iguales que luchará codo a codo por hacer posible la construcción de un nuevo país, en un gobierno del cambio que ayude a cerrar la brecha de inequidad y desigualdad que caracteriza a nuestra sociedad, para que Colombia deje de ostentar el triste y vergonzoso título que lo distingue como el país más desigual del mundo.

Tiene ya su agenda programada de atención a los excluidos con el desafío de estrenar el principio constitucional de la igualdad que no se ha desarrollado en Colombia todavía, aunque lo incluye la constitución nacional en su preámbulo. Con ese proyecto en mente el gobierno creará el Ministerio de la igualdad, y Francia Márquez será la primera en ocupar ese trascendental cargo.

Las líneas de trabajo son cinco:

1- Garantizar la igualdad de las mujeres para cerrar la brecha de la histórica desigualdad en nuestra sociedad patriarcal.
2- Garantizar la diversidad sexual y de género por la igualdad de sectores sociales que sufren discriminación y afectación a su dignidad humana.
3- Una agenda para garantizar la igualdad de las juventudes, que tienen sus propias reivindicaciones y quieren ser creativos en procura de transformar su realidad y abrir espacios a sus sueños,
4- Garantizar la igualdad de las comunidades afrodescendientes, raizales y palenqueras, las más golpeadas y desiguales de la sociedad colombiana.
5- Cerrar las brecha de desigualdad e inequidad de los territorios históricamente excluidos.

Francia Márquez, se convierte así con justicia en mi nuevo ídolo político, con más méritos incluso que Kamala Harris, la vicepresidenta de Estados Unidos, quien no es afrodescendiente sino India, que ha sido privilegiada en una cultura de castas, nació en cuna de oro, y no muestra todavía realizaciones importantes para beneficio de los excluidos en su gestión gobierno.

Tengo la esperanza de poder decir en un futuro no muy lejano, cuando el país logre cerrar la brecha de la desigualdad e inequidad, y se imponga en Colombia el uso del lenguaje incluyente, que también Francia Márquez es mi “nueva ídola”. Aunque es posible que quizá entonces no llegue a ser necesario tan exagerada diferenciación en el lenguaje de la inclusión y se conserve el empleo de los artículos masculinos inclusivos, si el pueblo que es la autoridad idiomática así lo decide en el uso cotidiano del lenguaje.

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