Fico, ¿y el aire de Medellín?

La contaminación que enfrenta la ciudad es un tema espinoso, pero que por el bien de sus habitantes no de puede dilatarse ni postergarse

Por: José Eduardo Román Arredondo
Abril 08, 2019
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Fico, ¿y el aire de Medellín?

Luego de que hace unas semanas tuviera que decretarse el estado de alerta en Medellín por la mala calidad del aire, lo que llevó a la implementación de medidas de urgencia como el pico y placa ambiental, los niveles de contaminación se han normalizado y a partir del lunes 8 de abril vuelve el pico y placa a funcionar de manera normal.

Sin embargo, si no se toman medidas de fondo para resolver el problema, la historia se repetirá el próximo año y el próximo del próximo también. Por eso debe ser una prioridad para la próxima administración la construcción de una política pública que prevea soluciones serias y definitivas al tema de la calidad del aire, para no quedarnos en las improvisadas y de urgencia que fueron aplicadas por esta administración.

Y para ello se requerirá de un alcalde con carácter, capaz de sobreponer el bienestar de la ciudad sobre su propio ego, porque muy seguramente tendrá que tomar decisiones impopulares que lo perjudicarán ante la opinión pública. Un mandatario que, en palabras de Winston Churchill, sea un verdadero estadista “capaz de pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones”.

El tema de la calidad del aire es serio, muy serio. No se puede subestimar en ningún modo. Lo que está en juego es la salud de todos los habitantes de Medellín, es decir, su vida. Un estudio denominado Cuantificación Física y Económica del Impacto de la Contaminación Atmosférica en la Población de la Ciudad de Medellín, desarrollado por investigadores de la Universidad Nacional y la Contraloría General de Medellín, determinó que en Medellín murieron 22.922 personas en el periodo 2011-2016 por la Enfermedad Respiratoria Aguda (ERA).

Es cierto que no todas las causas que influyen en la mala calidad del aire tienen que ver con la acción humana. Y por lo tanto no son objeto de resolverse mediante decisiones políticas. Entre las causas naturales se tiene, primero, las características topográficas del Valle de Aburrá. Al ser un valle rodeado de montañas, estas actúan como barreras u obstáculos que impiden una dispersión adecuada de la nube de smog.

Una segunda causa natural es la condición meteorológica, que hace que el problema alcance estado crítico en marzo y octubre y no en otros meses del año. Por ésta época, según los expertos, hay una transición de época seca a lluviosa que genera una nebulosa que impide que penetre la radiación solar, y si el aire no se calienta, no asciende ni se mueve. Y por lo tanto las partículas de contaminación no logran dispersarse.

No obstante, todas las otras causas sí provienen del ser humano, de manera que deben plantearse soluciones desde lo político. Por ejemplo, el humo de las empresas y la quema de árboles. Pero la principal es el crecimiento desmedido del parque automotor.

Hoy en Medellín se tiene un vehículo por cada tres habitantes. En la última década, la cantidad de autos que circulan por el valle aumentó un 304 por ciento, pasando de 478.000 automotores en el 2005 a una cifra de 1’453.000 en el 2016. Además, más del 50 por ciento del parque automotor de la ciudad tiene más de 15 años de antigüedad, lo que los hace más contaminantes.

Ante este panorama se necesitan, como dije anteriormente, soluciones que resuelvan el problema de raíz, para evitar que se convierta en un mal crónico. Una posible alternativa es incentivar el uso de medios de transporte no contaminantes como la bicicleta. Para ello se necesita la construcción de más kilómetros de ciclorrutas, pero además, el mejoramiento de las que ya existen, pues en la actualidad muchas de las ciclorrutas construidas son demasiado estrechas o no tienen la suficiente señalización y demarcación, lo que hace que sean incómodas e inseguras. También se requiere un aumento en la eficiencia del servicio de bicicletas públicas. Sabemos que nuestro territorio es montañoso y hay lugares ubicados en pendientes donde difícilmente se llegaría pedaleando, así que habría que implementar las bicicletas eléctricas o a motor.

En Francia existe una ley que otorga un beneficio económico a las personas que se desplazan a su trabajo en bicicleta. Hace unos años, Medellín fue considerada como la ciudad más innovadora del mundo por proyectos como el Metrocable. ¿Por qué no podemos ser innovadores también en el cuidado de la calidad del aire?

Aunque hay algo claro, y es que si se quiere dar solución real al problema de la calidad del aire necesariamente hay que desincentivar el uso del automóvil particular. Algo que resulta impopular, pero que por responsabilidad con la ciudad y con las próximas generaciones debe realizarse. Y por lo tanto, se debe pensar, por ejemplo, en el aumento del impuesto de rodamiento y el de semaforización. Además de coordinar con el gobierno nacional para el aumento en las tarifas del Soat y de licencias de conducción

Es un tema espinoso el de la calidad del aire, pero que por el bien de los habitantes de Medellín no se le puede dar dilataciones ni espera.

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