¿Fico Gutiérrez, un presidenciable "alternativo" o una alternativa?

"Tiene dotes de estratega y es un excelente comunicador, además de un político de calle. Aunque algunos sectores lo están subestimando, él viene creciendo y tiene potencial"

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
octubre 23, 2020
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¿Fico Gutiérrez, un presidenciable

En la siguiente columna quiero describir tres ideas en torno al perfil presidencial del exalcalde Federico Gutiérrez: voy a empezar por describir su estrategia encaminada a erigirlo como un candidato alternativo; continuaré con la caracterización de su perfil como un político regional funcional a los intereses de una centroderecha conservadora que lo percibe como una alternativa viable de cara a las elecciones presidenciales del 2022; y espero concluir detallando su grado de aceptación entre el uribismo de diferentes matices. Muchos uribistas lo ven como uno de los suyos, así nunca se haya carnetizado en el Centro Democrático. Esas tres circunstancias son fundamentales para responder a la siguiente pregunta: ¿hacia dónde va la aspiración presidencial de Fico?

Fico, el alternativo

En el polarizado ambiente político del 2015 Medellín se convirtió en la capital mundial del uribismo. La oposición del uribismo a Santos dio para todo: marchas; plantones y votaciones altísimas. Fue en Medellín donde el uribismo barrió en las elecciones a Cámara y Senado; y en la primera y segunda vuelta presidencial del 2014. Para las elecciones locales del 2015 el aval más disputado fue el del Centro Democrático. Los diferentes matices del uribismo buscaron aspirar en propiedad, pero al final el “presidente eterno” le echó la bendición a Juan Carlos Vélez. Aunque en 2011 el expresidente había ungido a Fico (quien venía de ser concejal de la U), en esa oportunidad se decantó por uno de sus más leales escuderos. Fico no cedió y decidió iniciar una campaña “alternativa” por La Alpujarra.

Esa campaña creó una fórmula y un método para ganar la alcaldía. Demostró que el voto de opinión es determinante para ganar en Medellín y dio cuenta del nivel de uribismo que se vivía en la ciudad. Fico aspiró por firmas y creó un movimiento llamado Creemos (que metió dos concejales); estalló al uribismo por el sector de “Los Paolos” (dada su amistad con Paola Holguín) y logró cohesionar parte de la centroderecha; el fajardismo y el uribismo en torno a su aspiración. En 2015 Fico era un uribista light. Se caminó varias veces la ciudad; se vendió como antipartido y convocó parte del sector social que no dudo en respaldarlo (más motivado por el temor a la llegada de Vélez) y aunque perdió en 30 encuestas, ganó la elección. Derrotó a Uribe, pero gobernó con el pleno del uribismo. ¿A quién les recuerda?

Fico, la alternativa de la centroderecha conservadora

En su paso por la alcaldía Fico no intentó convertir a Creemos en partido político y se dedicó a hacer tres cosas: gobernó con todos los sectores políticos (a excepción del Polo); pautó en medios locales, nacionales y hasta internacionales; y de paso planificó su estrategia a la presidencia. Siendo un perfil de derecha, apoyó el sí en el plebiscito (tras una fuerte presión del sector social de la ciudad) y su administración promovió cierto componente social como la defensa a la población LGTBI (víctima de ataques de uribistas radicales). Sus lunares son varios y van desde su papel en la contingencia de Hidroituango (donde encubrió la responsabilidad de varios de sus financiadores); la detención de su secretario de Seguridad por vínculos con el crimen organizado y el alto índice de homicidios con el cual entregó. Su agenda de gobierno nunca alteró el monolítico establishment paisa (dícese el GEA).

Para su estrategia presidencial le resultaba fundamental dejar una marioneta en La Alpujarra. Por eso apoyó con todo el esfuerzo a su exsecretario Santiago Gómez (un candidato terrible que solo se limitó a decir que era “El de Fico”), no cedió a la presión de Alfredo Ramos o Uribe para obligarlo a declinar y así orquestó una atípica división en la derecha paisa que le resultó funcional a Quintero para ganar la alcaldía. A Fico también le favorecía dejar un sucesor para continuar mandando en la burocracia local y seguir cuidando los intereses de las empresas del GEA que a la postre podrán financiar su aspiración presidencial.

Al entregar le rechazó a Duque asumir el Ministerio de Defensa (el ministerio más poderoso y visible) y se refugió en El Colombiano y Semana para explorar su faceta de opinador. En todas las encuestas presidenciales ha sido medido y no sale del top five. Al lado de Álex Char es el candidato de la derecha más cercano a los primeros lugares (Petro y Fajardo), tal vez por eso, desde la centroderecha conservadora lo dan como uno de los suyos.

Fico, el uribista ligth

No es gratuito que Fico le haya rechazado el Ministerio de Defensa a Duque. Sabe que el de Duque es un gobierno desconectado de la ciudadanía. Trabajar con Duque implicaría cargar con el lastre del peor presidente en la historia reciente. Para un político que tiene un capital de opinión propio y es reconocido seguro eso no resulta muy atractivo. Fico sabe que no necesita del gobierno porque el uribismo es el que va a necesitar de él. Solo es cuestión de ver alguna de sus intervenciones en el programa El Debate de Semana para percatarse de sus posiciones afectas al uribismo y a su vez la forma como cuestiona al gobierno demarcándose del Centro Democrático (como partido). También tiene claro que el uribismo por sí solo no volverá a poner presidente y que si Uribe lo ordena el Centro Democrático se plegará a su aspiración.

A diferencia del uribismo más rancio y radical, las posiciones de Fico hablan más de un hombre de derecha alejado del extremo. No utiliza el proceso de paz como caballito, pero es insistente en sus críticas a la JEP y las curules de las Farc; insiste en una “teoría de la transferencia de la culpa” según la cual la exguerrilla culpa de todo al Estado para salir en limpio. Procura tener una posición más integral sobre las tensiones sociales que aquejan al país, al menos, no lo reduce todo a la retórica de “las 200.000 hectáreas de coca” y en esencia, lo definiría como un conservador de línea moderada. Perfecto para devorarse el centro fajardista; la derecha y el uribismo. Veo que su campaña se va a enfocar en la reactivación económica y en “pasar la página”. Es claro que venderá el mensaje de esperanza que los alternativos de la centroizquierda no han logrado coordinar.

Ojo con el 2022

Llevo varios años estudiando el perfil de Fico y estoy convencido de sus dotes de estratega. Además, es un excelente comunicador y un político de calle. Haciendo campaña es impresionante (al igual que Quintero). Siento que desde algunos sectores lo están subestimando o reduciendo su aspiración a una mera inflación de las encuestadoras, no lo creo, Fico viene creciendo y tiene potencial. Su capital de opinión y las alianzas que pueda tejer en el camino lo podrían ubicar en un lugar destacado de cara al 2022. También lo favorece que la derecha tiene claro que debe llegar unida y que un candidato radical está condenado al fracaso, mientras, por el lado de la centroizquierda, se percibe el tradicional canibalismo.

Estimado lector, sugiero no subestimar al que ya se vendió con notable éxito como alternativo; el que se va convirtiendo en la alternativa más viable de la derecha-conservadora; el amigo de Uribe. Para parafrasear a Vargas Lleras, Fico no es un “pollo”, es un buen gallo de pelea.

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