Federico Gutiérrez, el vago de un colegio Opus Dei vuelto peso pesado en la política

Enfrentar la muerte en un quirófano y sobrevivir a las bombas de Pablo Escobar lo templaron para enfrentar delincuentes y dificultades como la que aún lo persigue: el fantasma de Hidroituango

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septiembre 08, 2020
Federico Gutiérrez, el vago de un colegio Opus Dei vuelto peso pesado en la política

En Los Alcázares, el colegio de Sabaneta donde se graduó, era un desastre. En el observador del alumno rompió record de reconvenciones. Era un líder para la cansonería, de esos líderes negativos. Nadie pensó que podría llegar a ser el alcalde más joven de la historia de Medellín. Tenía 15 años cuando su ciudad se incendiaba. La gasolina la puso Pablo Escobar. Vivía con sus papás, en la vieja casa de La Alameda, plena comuna 13, del barrio Belén de Medellín. Hernán Gutierrez Isaza era un ingeniero civil de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional, su mamá era una delineante de arquitectura de Instituto de Artes. Ninguno de los dos era de Medellín, llegaron a la ciudad a estudiar. Él era de Armenia, ella de Pereira, Tuvieron tres hijos. El menor, el más indisciplinado, fue alcalde.

Cada vez que se despedían no sabían si se iban a volver a ver. Así era Medellín a comienzos de los noventa. Las bombas, los secuestros atemorizaban a todo el mundo en la ciudad. En el colegio Federico vivió ese drama. Uno de sus mejores amigos, Andrés Ortega, fue secuestrado. En esa época no sabían quien secuestraba. Podía ser la guerrilla, el cartel de Medellín, aunque, por lo general, los secuestros los hacían delincuentes comunes que querían ganar sus buenos millones pescando en río revuelto. Sin embargo, el secuestro de su amigo no fue lo peor que le pasó en el colegio.

Una vez casi se muere. No se trató a tiempo una apendicitis y fue operado de urgencia por una oclusión intestinal. Tenía 15 años y alcanzó a ver el túnel de luz: incluso un sacerdote le alcanzó a aplicar los santos óleos. Dicen que estuvo clínicamente muerto pero es un renacido. Cuando volvió se tomó más en serio los estudios y al menos supo que quería hacer con su vida.

Haber visto la muerte de frente en la sala de cirugía intentando salvarse de una oclusión estomacal más el miedo que aprendió a manejar en la época de las bombas de Pablo Escobar que asecharon Medellin le dieron el temple para enfrentar dificultades graves como la mayor durante su alcaldía: la crisis de Hidroituango. Como presidente de la Junta Directiva de EPM no descansó un dia e incluso pasaba noches en blanco decidido al frente de la emergencia con una única obsesión: asegurarse que ninguno de los empleados ni de los pobladores vecinos fuera a perder la vida por la furia del rio Cauca en ese septiembre del 2019. El alcalde Federico Gutiérrez fue quien siempre le dio la cara a la opinión pública y con su gran capacidad comunicativa preparó a los medellinenses para recibir las peores y mejores noticias.

Se graduó sin honores ni pertenecer al Opus Dei de los Alcázares. Del colegio tal vez lo mejor que le pasó fue las enseñanzas que recibió de su profesor de matemáticas Óscar Manuel Pérez. No tenía vocación para lo público, lo único que tenía de político era que le caía bien a todo el mundo. Quería era ser ingeniero civil porque una de las pocas materias que disfrutó en el colegio era la Física, y se matriculó en la facultad de la Universidad de Medellín.

Llegaba con un jeep negro que se lo regaló su papá y al que le decían “La pasa”. Era un conductor desastroso, se chocaba con todo y las latas de su auto estaban completamente arrugados. En la universidad hubo un viraje y descubrió que lo que más le gustaba eran los otros. Por eso, tal vez su primera incursión a la política fue pertenecer al Consejo Municipal de la Juventud en 1999, cuando apenas tenía 25 años, y de ahí para arriba Fico, como le decían desde niño, empezó a ser una figura pública: concejal por el Nuevo Partido a los 30 años y reelegido vistiendo los colores del partido de la U con 14 mil votos, mejor joven ejecutivo de Antioquia a los 34, aspirante a alcalde por primera vez a los 36 años.

El aval del partido de la U para aspirar por primera vez a la alcaldía lo obtuvo a expensas de Gabriel Jaime Rico, un empresario muy cercano a Álvaro Uribe Vélez. Ese año obtuvo la tercera mejor votación con 120 mil votos. La alcaldía la ganó Aníbal Gaviria con 240 mil en un final cerrado contra el ex gobernador de Antioquia Luis Pérez que obtuvo 20 mil votos menos. El desquite vendría en el 2016 cando ganó las elecciones a Juan Carlos Vélez, candidato de los uribistas.

Si algo caracterizó a Federio Gutierrez en los cuatro años de alcaldía fue su capacidad para identificarse con la gente para salir a la calle y saludar, como un vecino mas de Belén, a todo el mundo. Ese carisma le valió tener una popularidad por encima del 80% y una seguridad personal para enfrentar, de tu a tu, a los peores delincuentes de la ciudad.  Armó su estrategia a través de redes y ejerció de frente como la cabeza de la policía de Medellin, con el vigor para emprender con sus bluyines y tenis, la caceria a quien hubiera cometido un delito denunciado por los ciudadanos. Así cayó Tom, el jefe de la Oficina de Envigado, arrinconó a Popeye, incluso llegó a perseguir, a punta de Facebook, a ladrones que azotaban mujeres en Junín y en la 70. Era el Gran Hermano convertido en un alcalde chévere.

Los resultados en seguridad ciudadana, en donde desmanteló a las principales banas de la ciudad pero dejó 2.351 asesinatos entre 2016 y 2016, pero sobre todo su actitud frente a la delincuencia organizada – que para muchos lo percibían como un sheriff persiguiendo matones- , pero ante todo su talante de mano dura para enfrentarla lo llevaron a recibir la propuesta del Presidente Duque de ser su Ministro de defensa, cuando la crisis de Guillermo Botero, cargo en el que terminó Carlos Holmes Trujillo.

Gutiérrez rechazo la atractiva oferta, que lo habría dimensionado nacionalmente con una responsabilidad en el  ejecutivo, por no incumplir su compromiso familiar: un semestre sabático para estudiar inglés y compartir con su esposa Margarita y sus dos niños. Un familia unida a la que el alcalde, por mas apretada que estuviera su agenda, siempre le sacaba el tiempo.

A las 6 de la mañana, antes de irse al colegio, los despertaba antes de la pandemia, les hacía el desayuno y recordaba cuando era el más cansón de la clase, el que pasaba los años a punta de carisma, el muchacho dicharachero que nunca soñó con ser presidente, pero que ya esta en el partidor para el 2022.

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