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Faciolince, aunque literato, no acierta con los temas políticos

Antepone el gusto subjetivo sobre la argumentación y el debate público al defender a Peñalosa

Por: Camilo Cárdenas
Octubre 05, 2015
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Faciolince, aunque literato, no acierta con los temas políticos

Aprovechando su reputación como literato, gracias principalmente a sus best-seller El olvido que seremos y La oculta, Faciolince ha tenido alguna resonancia en los medios de comunicación. También es conocida la historia de las luchas de su padre y su ulterior asesinato por paramilitares, la trágica historia del médico Héctor Abad Gómez, ilustrada en el documental Carta a una sombra y que pasó por algunas salas de cine colombianas. Un maravilloso material para despertar la conciencia política.

Faciolince, aunque es literato, goza de un espacio de opinión en El Espectador. Tal vez quiera, como García Márquez, desarrollar una faceta periodística. Pero lo cierto es que esta condición de escritor de novelas no ha sido garantía alguna de que cuando trata temas políticos lo haga de manera prudente y acertada, antes bien, puede ofrecer opiniones muy simplistas en las que un ciudadano anónimo, mejor informado y con mayor capacidad argumentativa, es capaz de hacer algo cientos de veces mejor. Me referiré a su reciente columna: «Historia de tres ciudades», todo un ejemplo de arrogancia de la pluma y de cómo opinar sin argumentos en coyunturas electorales.

«Historia de tres ciudades». Bogotá, Cali y Medellín. Un título bastante pretencioso para el más bien regular contenido que uno encuentra en el artículo. Nota usada como propaganda política en la página de Facebook de Peñalosa. En realidad lo que ofrece Faciolince es un resumen de sus gustos electorales para esas ciudades: para Bogotá, Peñalosa; para Cali, Armitage; y para Medellín, la unión de Salazar, Gutiérrez y Prieto para enfrentar a Vélez Uribe. No hay ninguna historia y los argumentos que sustentan una preferencia electoral no aparecen por ningún lado. En dos párrafos despacha las situaciones electorales de Bogotá y Cali. Pero miremos su profundo análisis para el caso de Bogotá:

«Empiezo por la capital. Hace una semana Alfredo Molano describió el desastre en que se ha convertido Bogotá. La descripción de los síntomas de la ciudad enferma me pareció exacta; el diagnóstico, sin embargo, equivocado. Después de mostrar sus males, que deben y pueden atribuirse a 12 años de mal gobierno de alcaldes de izquierda, dice que el horror sería que llegara Peñalosa, precisamente aquel que gobernó bien a Bogotá (con Mockus) y le dio un rostro más amable y justo. Garzón, Moreno y Petro (los sucesores de Peñalosa y Mockus), han ido de mal en peor. La democracia electoral consiste en castigar a los malos gobernantes y dar una oportunidad a los buenos. Peñalosa y Bogotá se merecen una segunda oportunidad. Petro y el Polo, un castigo».

¿A eso Faciolince le llama hacer una historia de una ciudad? El párrafo está bien escrito, lo reconozco. Pero argumentativamente es muy flojo. Lo único que dice es que la culpa de los males de Bogotá se deben a 12 años de izquierda (nada nuevo) y que Peñalosa en cambio gobernó bien Bogotá porque «le dio un rostro más amable y justo». Digo, un niño de 12 años podría decir eso, pero no un reputado escritor cuyas opiniones son tomadas como algo digno de leer. No hay revisión de ningún informe de gestión de los anteriores gobernantes, no hay mención de ni un dato, ni una cifra, y ni siquiera algún hecho destacado de alguna de las administraciones anteriores. Y por cierto, aquí los «males de Bogotá», desde la perspectiva de Molano, se refiere principalmente al caos vehicular, a los problemas de transporte. Esto es lo que recoge Faciolince. Cierto, es la perspectiva de alguien que tiene un carro particular, usa el transporte público o es un transeúnte más. Yo he tenido esa perspectiva, la tengo todos los días. Pero eso no me autoriza a elevarla como la única perspectiva de ciudad posible. No es la perspectiva del estudiante de colegio público, del maestro, del adulto mayor, del habitante de calle, del ambientalista, del animalista, de la mujer, del LGTBI, del sujeto en situación de discapacidad, del reciclador y ni siquiera del que hace negocios dentro del capitalismo financiero. Y no hago esta lista porque la actual administración de Bogotá haya sido perfecta en todos esos frentes porque en realidad no lo fue. Pero recoger lo que se ha hecho y lo que aún falta por hacer, recoger las mayores perspectivas posibles, daría un horizonte más completo sobre una ciudad históricamente segregacionista y elitista. No el sesgo ideológico. Haría bien Faciolince en tomarse la molestia de leer algún informe de gestión sólo por honestidad intelectual.

Faciolince antepone el gusto político, subjetivo, sobre la argumentación, el debate público. No argumenta por qué Peñalosa es una opción. Pero ya que Faciolince menciona, sin saber por qué, que Peñalosa (quien gobernó como alcalde de Bogotá desde el 1 de enero de 1998 hasta el 31 de diciembre de 2000) le dio un rostro «más justo a la ciudad», vale citar el informe del Observatorio social de la Cámara de Comercio de Bogotá, el cual arroja conclusiones contrarias.

«No obstante, al evaluar la situación social desde la perspectiva del ingreso, se encuentra que, por la crisis económica, el número de pobres en la ciudad se incrementó, debido a la reducción en la generación de empleo y al deterioro del ingreso personal y de los hogares. Bogotá se convirtió en la ciudad del país con el mayor número de desempleados. En el 2000, cerca del 50% de los bogotanos estaba por debajo de la línea de pobreza (12 puntos porcentuales más que en 1991) y el 15% por debajo de la línea de pobreza (el doble del de 1993). Es decir, en términos absolutos, el número de personas pobres llegó a 3’190.170 y en condiciones de indigencia a 959.238 personas.

Como resultado de la caída en el crecimiento, el desempleo y la reducción en los ingresos, el índice de desarrollo humano y el índice de calidad de vida se deterioraron: el primero cayó entre 1996 y 1999 y sólo a partir del 2000 empezó a recuperarse con el crecimiento de la economía y el aumento de la esperanza de vida. Así mismo, respecto al índice de calidad de vida, desde 1998 se deterioró y sólo a partir del 2001 se recuperó el indicador, pero sin llegar a los niveles de 1998».

Pero estas no son meras cifras vacías. Representan personas de carne y hueso, con sus historias, con sus vivencias, con sus pensamientos. Son un problema social y económico que influye en el desarrollo de una ciudad. Yo sí recuerdo que el centro y el sur de la ciudad eran lugares prohibidos para mí, en parte por prejuicios clasistas (a pesar de ser de clase media-baja), en parte por la abundante pobreza y la inseguridad. No sé si Faciolince puede imaginar que en el año 2000 hayan habido en Bogotá más de tres millones de personas pobres y más de novecientos mil en estado de indigencia. El desempleo, la pobreza y la desigualdad social aumentaron en el gobierno de Peñalosa y no hubo políticas efectivas que combatieran esa tendencia. No sé si Faciolince entiende que Bogotá ha vivido las consecuencias del conflicto armado en Colombia a través del desplazamiento forzado de los habitantes del campo a la ciudad y de su hacinamiento en las periferias. Pero gracias a los esfuerzos de esas terribles administraciones de izquierda, «Bogotá presenta uno de los menores índices de pobreza del país, con tendencia a la baja», todo un logro comenzado por Garzón y profundizado por el «peor alcalde que ha tenido la ciudad», el «inepto e improvisador» de Petro, en una ciudad que hoy por hoy tiene más de ocho millones de habitantes. Y hay que seguir trabajando, vencer la «pobreza oculta» que afecta a las clases medias, seguir dando cabida a sectores poblacionales tradicionalmente marginados. Tal vez Faciolince cuando expresa que Peñalosa le dio un rostro más justo a la ciudad se refiera a que había maquillado la pobreza, como lo expresa el bloguero del Espectador: Bat&Man. Quizá la perspectiva de alguien que lo ha tenido casi todo, como Faciolince, no sea suficiente para entender la complejidad de la realidad bogotana, para comprender que Bogotá no es sólo los problemas de transporte público, los cuales tampoco son endémicos de esta ciudad. En lo único en que estamos de acuerdo es que Samuel Moreno debe pagar por lo que hizo. Y no sólo él sino el Concejo (con miembros del Partido de la U, del Partido Liberal o incluso del Partido Verde) que lo apoyó.

Y ya que nos referimos al transporte público, es sabido que Peñalosa implementó un sistema de buses rápido (BRT) en vez de metro, cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. Qué orgullo Transmilenio. Los que nos movilizábamos, los que podíamos, claro está, respirábamos un aire fresco, un sentimiento de renovación urbana. Curitiba, cuna de este sistema, también experimentó ese orgullo. Pero los BRT están comenzando a ser cuestionados, incluso en Curitiba, como lo registra una nota de la BBC. No nos contaron que a mediano plazo un metro hubiera sido una mejor opción teniendo en cuenta la demanda de Bogotá. Que Transmilenio funciona mucho mejor que el sistema de buses tradicionales pero que colapsa cuando se implementa como principal sistema de transporte masivo. Poco importa que en principio sea mucho más barato que un metro. El costo de implementarlo como sistema principal, para grandes urbes, viene después. Gracias a Peñalosa por ese error histórico. Un visionario, un genio de la urbanidad, alguien tan experto como él, el buen gobernante de Faciolince, no lo pudo haber previsto.

No habría escrito todo esto para matizar las opiniones electorales de Faciolince a no ser porque puedan tener algún influjo en la formación de opinión pública, no porque hayan ofrecido una postura argumentada sino por ser haber sido realizadas por él, por Faciolince, nuestro best-seller, nuestro mayor exponente de la literatura latinoamericana después de Gabo, nuestro escritor universal, nuestro próximo Nobel. Mientras tanto, sus libros se seguirán vendiendo como pan caliente.

Faciolince pudo haber dicho: «Voten por Peñalosa pues desconozco la historia de la ciudad» y se hubiera ahorrado el frívolo párrafo que le dedicó a la situación electoral de Bogotá.

Ojalá el próximo alcalde logre el equilibrio entre la profundización de políticas sociales que se han mostrado efectivas y temas específicamente urbanos como la movilidad y la seguridad. Eso sí, lo único que tengo claro es que Peñalosa no es ese candidato.

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