Excluir a los excluidos, una costumbre que no se pierde en Colombia

Intentar pensar en cómo enseñar a distancia, desde la virtualidad, con los medios que se tienen en estos momentos es una batalla perdida

Por: Alberto Galindo Moreno
abril 02, 2020
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Excluir a los excluidos, una costumbre que no se pierde en Colombia
Foto: Pixabay

La Secretaría de Educación de Santiago de Cali expidió la Resolución 4143.9.21.0.01878 con fecha del 30 de marzo de 2020 y revisando su contenido, así como las directrices del gobierno nacional y de las instituciones educativas públicas de la ciudad, en su intento por “normalizar” el calendario académico y por asumir la educación virtual para las fechas posteriores al 20 de abril, se percibe la falacia del intento.

La modalidad propuesta para las actividades académicas no presenciales, teniendo en cuenta la prohibición de movilización de la población por los altos riesgos de contagio de la pandemia que nos azota, es por internet pero, de acuerdo con información recogida del boletín trimestral de las TIC del Ministerio, publicado en enero de este año, el acceso a internet desde puntos fijos es de solo el 13,9% en relación con la población colombiana y a internet móvil es del 57,4%[1]. Es decir, de cada 100 colombianos solamente un poco más de la mitad tiene acceso a internet.

Se podría suponer que el mayor porcentaje de usuarios de internet móvil son los adultos, por lo que se puede inferir que este comportamiento disminuye notablemente en la población estudiantil. De la misma forma se puede suponer que estos comportamientos aumentan en las poblaciones de los estratos socioeconómicos altos lo que disminuiría, aún más, la posibilidad de acceso a internet para los estudiantes de las instituciones educativas públicas de Santiago de Cali.

En este sentido, hay que tener en cuenta que no existen datos confiables acerca de las capacidades de los docentes públicos de Cali para afrontar un proceso académico virtual, no solo por sus condiciones formativas, sino por sus capacidades logísticas pues, los docentes de Colombia también forman parte de la población con dificultades en el acceso a internet.

Los docentes intentando inventar como enseñarles y la realidad es que el momento que se está viviendo, ni siquiera ellos están listos para afrontarlo, ni saben cómo hacerlo y, mucho menos, inventarse métodos para que ellos aprendan de sus profesores en esta terrible coyuntura.

La gran preocupación de muchos de los profesores radica en cómo justificar el salario que les pagan, en cómo conseguir evidencias de trabajo virtual, en cómo lograr que se les respeten las vacaciones cuando ni siquiera se sabe si en ese momento se habrá acabado la cuarentena.

Intentando incorporar contenidos, talleres, logros y desempeños en los formatos establecidos para tal fin y buscando una estrategia para llegar a los estudiantes desde la distancia, pensando en la situación de los estudiantes de las escuelas públicas, en sus realidades, en sus posibilidades; se encuentra que la ignorancia acerca de ellos es abrumadora: ¿cuáles serán sus realidades en estos días?, ¿será que disponen de los medios y las ganas para afrontar la educación virtual?, ¿será que si tienen la posibilidad de echarle algo al estómago cuando su fuente de comida se cerró al tiempo que el colegio?, ¿será que si van a volver todos? Y si vuelven, ¿cuántos de ellos han debido dejar en el camino a un papá, a una mamá o a un hermano?, ¿cuántos de ellos estarán siendo víctimas de violencia y abuso?

Pareciera que el proceso de aprendizaje que están enfrentando en estos momentos es un aprendizaje que nunca podrán obtener en las aulas del colegio y que la responsabilidad más importante de la educación es intentar encontrar la manera de que, cuando vuelvan al colegio, encuentren las respuestas a todas las preguntas que traerán y que nadie tiene en este momento porque, ni siquiera, se han imaginado.

En este sentido, es apropiado el texto que alguien compartió en las redes y que se sintetiza en uno de sus párrafos: “Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella”[i]. Ni los estudiantes, ni los profesores.

Tal vez es el momento de someterse al pare obligado y pensarse como educadores, como docentes, como profesores. De repensar un sistema educativo que patina y patina y profesores y estudiantes con él. De intentar tener listas las respuestas para cuando se retorne a las aulas.

Intentar pensar en cómo enseñar a distancia, desde la virtualidad, con los medios que se tienen en estos momentos es batalla perdida. Lo que se va lograr es un proceso de exclusión que terminará por excluir, aún más, a los excluidos de siempre.

***

[1] Fuente MINTIC. Boletín trimestral. Enero de 2020. 

[i] Murakami, H. Kafka en la orilla. 2002

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