Opinión

Este oficio nuestro

El periodismo, el de Guillermo Cano, ha dejado de existir, ha sido reemplazado por la sinrazón de la autoproclamación, y cualquier red social que lanza información sin ninguna comprobación

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agosto 30, 2019
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Este oficio nuestro
Lamentablemente el periodismo colombiano hoy tiene muy poquito del Guillermo Cano y mucho de Odebrecht.

Ahora que surgen indicios de que la multinacional del crimen, Odebrecht, también compró periodistas cabe hacer un examen de conciencia sobre el oficio del periodismo, tan mitificado muchas veces y tan envilecido en múltiples casos.

Cuando hablamos de periodistas eméritos nos comparamos con don Guillermo Cano, un señor que dio su vida por sus ideas, que construyó en contra de los poderes económicos como los del grupo Grancolombiano un periodismo independiente y que por sobre todas las cosas que importaban colocó la ética en El Espectador. Pero lamentablemente el periodismo colombiano hoy tiene muy poquito del Guillermo Cano y mucho de Odebrecht.

Para empezar, empresas periodísticas independientes van quedando pocas. O, mejor dicho, ha habido pocas a lo largo de los últimos cincuenta años. Los grandes medios, en su trayectoria han tenido que sobrevivir de la pauta, es decir de la publicidad que se contrata para que salga al lado de la información. El problema es que muchas veces no se contrata esta publicidad por el número de oyentes, lectores o televidentes que se tengan, sino por el tipo de contenidos que se manejen, lo que resulta un tremendo contrasentido para un buen periodismo.

Pero más grave aún es que el oficio de periodismo dejó de ser una profesión respetable para darle paso a un periodismo que sobrevive, no de un salario digno, sino del pago por esos mismos contenidos. Y esto es especialmente grave en las regiones donde es cada vez más débil la empresa periodística, tanto que cada vez es más “personalizado” el oficio. Es decir, cada periodista es su propio patrón y contrata sus propios contenidos. Mejor dicho, lo que vende no es espacio comercial sino su capacidad de emitir contenidos.

Los gremios periodísticos desaparecieron como opción de regulación y, los pocos que quedan ya no revisten ninguna importancia. A nosotros no nos regula nadie, no hay control de los pares, ni mucho menos de las facultades de comunicación y ni riesgos del Estado. La tarjeta de periodista dejó de existir hace ya muchos años. Hoy cualquiera puede ejercer este oficio, sin ningún control, ni exigencias profesionales.

 

La información o, mejor, la desinformación,
sigue siendo un gran negocio
y de ahí que la corrupción esté afincada en este triste oficio nuestro

 

Puede ser cierto lo que argumentan algunos, que esto no es un oficio profesional porque hay que garantizar la libertad de expresión a cualquiera que tenga acceso a un micrófono o a un medio… pero eso significa sacrificar la formación rigurosa que debería impartirse en las facultades para darle espacio a un individualismo muy peligroso.

Además, y para terminar de empeorar el panorama, la virtualidad de las redes sociales propiciada por las TIC ha puesto al alcance de las mentes más disparatadas el manejo de la información. No se requiere ni ética, ni estética, ni oficio, sino tiempo disponible, falta de rigor y necesidad de protagonismo para construir plataformas informativas que den paso a cualquier tipo de contenido. El periodismo, ese en el que creía Guillermo Cano, ha dejado de existir y ha sido reemplazado por la sinrazón de la autoproclamación.

Así que hoy estamos en el peor de los mundos, Twitter, Facebook, YouTube o cualquier otra red social vehicula información sin ninguna comprobación. Las fake news son producidas desde la presidencia de los Estados Unidos hasta el youtuber de al lado y, ambas fuentes, tienen seguidores que les creen y replican su información como si fueran realidades.

Es tan grave publicar fotos falsas de los incendios de la Amazonía como decir que estos incendios son producto de las ONG. Pero en ambos casos lo que importa no son las realidades narradas sino los seguidores alcanzados y con ellos el negocio logrado. Porque no nos digamos mentiras, la información o, mejor, la desinformación, sigue siendo un gran negocio y de ahí que la corrupción esté afincada en este triste oficio nuestro.

www.margaritalondono.com

 

 

 

 

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