Este es el hombre de la camiseta “Aquí hace falta Petro”

Profesor universitario y excomandante del M-19, ahora lucha por una curul en el Senado

Por: René Pérez
Marzo 09, 2018
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Este es el hombre de la camiseta “Aquí hace falta Petro”

¿Y quién es ese manifestante que sin ser invitado se apareció en la Plaza de Bolívar durante el lanzamiento de Sergio Fajardo a la Presidencia con una camiseta que decía “Aquí falta Petro? Acto que  provocó la aparición  de un Progresismo que estaba callado en el Partido Verde y generó un deslizamiento de varios dirigente hacia el grupo Progresista y su proyecto político de la Colombia Humana.

Ese manifestante es Fabio Mariño, a quien en los años en que decidió alzarse en armas con el M-19 se conoció como el Comandante Hipólito Blanco, un personal homenaje a Hipólita Blanco, la niñera de Simón Bolívar. En esos años anduvo por todo el país rural hablándoles a sus gentes sobre la necesidad y la urgencia de una Colombia mejor. Y también haciendo lo mismo en las barriadas de Cali, Bogotá, Medellín, toda la Costa Norte y Pacífica, los Llanos, mientras tenía en los talones el fuego de sus perseguidores, que cumplían la perentoria orden de darle cacería porque se le consideraba en los planes militares, con acierto, un objetivo 1A.

Se salvó muchas veces, como también fue baleado muchas veces. Hasta que fue capturado en Bogotá y sometido a tan bárbaras torturas que en dos ocasiones intentó suicidarse para que los tormentos no lo doblegaran y, bajo los efectos del llamado “suero de la verdad”, pentotal sódico que le inyectaban a diario, delatara a sus compañeros de lucha. Para impedir que se les muriera tan importante prisionero, sus captores lo recluyeron solo, totalmente desnudo y sin alimentos en  una oscura y fangosa  caballeriza de Usaquén por varias semanas. Fue entonces cuando decidió fugarse. Con al truco de que sabía dónde estaba el comando de esa organización subversiva, convenció a sus captores para que lo llevaran a la calle 19 con carrera Séptima, donde supuestamente se reunía. “Tengo que ir solo, ustedes me vigilan si creen que me voy a escapar”, les dijo. Tan pronto se bajó del jeep echó carrera hacia el occidente y si no es  porque le pegan un balazo en uno de los hombros se escapa. Aun herido y tras unas curaciones a la topa tolondra, fue confinado de nuevo en la sucia caballeriza. Desnudo, desde luego. A los dos años recuperó la libertad cuando la juez militar del caso se estremeció al ver su lamentable estado físico: había perdido 40 kilos de los 85 que pesaba este boyacense de casi 1:80 de alto. Además de no hallar pruebas contundentes contra él. Y regresó a la pelea. Pero no por mucho tiempo. Fue la época en que el M-19, con Jaime Bateman, primero, y con Carlos Pizarro después, se lanzaron en forma a una propuesta de paz.

Entonces este profesor universitario, egresado de las Universidades  Pedagógica y del Valle, de nuevo recorrió el país pero esta vez no con un fusil en la mano sino para instruir a sus compañeros alzados en armas sobre la urgencia de la paz en Colombia. Con tan buena pedagogía que  Carlos Pizarro  lo delegó como uno de los doce voceros del M-19 en los acuerdos de paz de los años 90s.

Pero logrados estos acuerdos, Fabio Mariño no se retiró a los cuarteles de invierno, sino que asumió la actividad política legal con decisión. Fue elegido concejal de Cali y se entregó íntegramente a la Alianza Democrática M-19, en cabeza de Antonio Navarro,  para crear la Constitución del 91. Años más tarde fue uno de los artífices del Movimiento Progresista que llevó a la alcaldía de Bogotá a Gustavo Petro.

En esta administración, ya dejando atrás su condición de comandante de la insurgencia, se convirtió en líder de proyectos de vivienda de interés social, que se cristalizaron en la construcción de los edificios conocidos como La Hoja, para entregarles casas dignas a un gran número de familias desplazadas, entre otros proyectos urbanísticos para los “condenados de la tierra”, como decía el siquiatra y filósofo Franz Fanon y como lo repite, a manera de consiga, Fabio Mariño. Luego, como sub secretario de Salud del Distrito, fue también promotor del rescate del Hospital San Juan de Dios y vigilante acucioso del cumplimiento de los programas de salud en las zonas y barrios de alta vulnerabilidad social.  Paralelo a estas gestiones como funcionario y una vez finalizada esta etapa, no ha dejado un solo minuto en su empeño de defender los derechos humanos, el agua, como recurso propio de la ciudadanía, así como la universalidad gratuita de la educación y la salud.

El tiempo ha pasado velozmente y en estos 29 años de apostarle a la paz con hechos, Fabio Hipólito Mariño, como aparece en el tarjetón para Senado de Alianza Verde con el número 19 (“La Virgen de Chiquinquirá metió la mano para que me diera ese emblemático número”), dice que en esa corporación batallará sin descanso en su propósito de “cambiar la historia de Colombia entre todos”.

Fabio Mariño, como lo ha  hecho desde que le salió bigote y barba, de nuevo anda recorriendo el país con esta propuesta política y de hecho es el único excombatiente que luego de ser comandante del M-19 aspira a este cargo de elección popular, con tan buena recepción que varios columnistas  lo   consideran desde ya, de salir elegido, uno de los mejores parlamentarios que tendrá el nuevo Congreso que se elige este domingo.

Una magnífica  recepción que se hizo visible hace poco en la localidad de Usme, donde decenas de simpatizantes de Fabio Mariño, o Hipólito, como todavía le dicen, lo llamaron “nuestro senador”.

“Nuestro propósito, porque es de todos, tiene gran acogida pues es muy claro: lucha sin cuartel contra la corrupción y toda acción en beneficio de una buena Colombia para todos”, le dijo a un periodista local, que a renglón seguido le preguntó si en algún momento pensó que fuera a tener un buen caudal de seguidores, como el que tenía al frente. “La verdad es que no. Porque cuando decidí dar este paso, comencé con menos tres votos, el de mi esposa y mis dos hijos, quienes me dijeron que 40 años de actividad política en todos los escenarios eran suficientes para que descansara. Pero al segundo me dijeron no, todavía le sirves al país”.
“Desde que dejaste la clandestinidad, qué te ha cambiado”, le preguntaron en la misma manifestación…
“En lo personal, nada. Sigo con mis convicciones de un país mejor, para lo cual hay que comprometernos a fondo. Lo único distinto es que  las nuevas generaciones ya no usan correos humanos para contactar a Hipólito Blanco sino el 310 787 98 72”.

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