Estados Unidos: un imperio para el presidente clown

Trump se refocila con su propia y grandilocuente ignorancia, y además revela algunas cosas muy típicas del histrión

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
febrero 12, 2019
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Estados Unidos: un imperio para el presidente clown
Foto: Twitter @realDonaldTrump

El hecho de ser la noticia redactada por una mujer, es decir, aquella componente privilegiada de la especie humana que tiene el hemisferio izquierdo más desarrollado, confiere a la siguiente noticia un carácter poco menos que geopolítico. Para mi gusto particular es deslumbrante Susan Glasser cuando escribe así:

Poco después de las 7 de la mañana el jueves, el presidente Trump comenzó a hacer lo que cada vez más pasa por su jornada laboral: mirar televisión y tuitear sobre ello. "Es genial ver y escuchar a todas estas personas que escriben libros y hablan sobre mi campaña presidencial y muchas otras cosas relacionadas con ganar y cómo debo estar haciendo" tuitteó. "Cuando lo asimilo todo, me siento, miro alrededor y digo 'Caramba, estoy en la Casa Blanca, ¡y ellos no!'."Esta declaración es lo más cerca que Trump llega a una filosofía de gobierno”.

Siendo una mujer no se puede descartar de ninguna manera la habilidad para la ironía y la sorna ácida. El dar por sentado que Trump pueda tener algún asomo de filosofía política es poco menos que un monumento a la exageración grotesca. Ni siquiera el arquitecto catalán Antoni Gaudí pudiera dotar a este esperpento de alguna gracia. Eso, mientras lo dibuja como un nene de cachetes regordetes, dotado de un juguete, cambiando escenarios globales frente a un televisor y casi dispuesto al próximo berrinche si se lo quitan.

La parsimonia engreída de Trump me recuerda una vieja anécdota: un gamonal muy adinerado y analfabeto intenta hacerle un cheque abultado a alguien que se percata de un error ortográfico.

  • Don Juan, ha escrito mal mi nombre en el cheque y así no me lo pueden pagar.
  • Ah, si no se lo pueden pagar, entonces yo tampoco puedo y el negocio se deshace.
  • Pero, Don Juan…

Trump se refocila con su propia y grandilocuente ignorancia, que Susan califica voluptuosamente de filosofía política. Qué magia, cuanta sofisticación irónica se necesita para pulir una frase de esta dimensión: Glasser se ve obligada a dignificar algo gigantescamente opaco porque de otra forma anula la dignidad y sitial geoestratégico de la presidencia del país más poderoso de la tierra… hasta ahora. Igual, guardadas las proporciones de estilo, intentó nuestra vitral vicepresidenta cuando intentó validar con menos gracia el famoso discurso Pence del Presidente que nunca se atrevió a calificar de filosofía política.

Y revela algunas cosas muy típicas del histrión, su habilidad de convertirse en clown. Trump sería visceralmente bipolar, es decir, ciclotímico. Trump ha dado muestras absolutamente psiquiátricas de que deambula entre el histrión y el clown pero, luego del desastre republicano de mitaca, el clown está ganando terreno. Eso no quiere decir que el histrión no se burle del otro, tal y como aparece reflejado en el comentario que cita la Glasser, agudamente. Cualquiera pudiera recordar esas famosas películas de terror en que la posesión demoníaca se apodera del cuerpo, la voz, los estertores, los decretos de su víctima, que ya aparece encadenado a una cama o un taburete sometido a las vociferaciones del exorcista que pretende salvarlo. De alguna manera eso está también en la intención de Susan Glasser, quizás no tanto con Trump a quien se llevarán los demonios irremediablemente, si no la sacrosanta potestad de la presidencia de los Estados Unidos.

Y en esos menesteres estaría toda la prensa norteamericana. Es tal la vergüenza de la prensa gringa que ya sabe que eso de vender periódicos a costa de Trump fue un pingue negocio. La ironía, el sarcasmo, el diletantismo literario son formas muy elegantes de ofrecer una catarsis pública: lavar de sus rostros el embadurnamiento que haya resultado de haber elegido un presidente de esa calaña. Casi igual, si no peor, estaríamos en Colombia. El nuestro reflotó por la obnubilación casi teratológica del ELN. Reflotó y ya casi se opaca nuevamente. E irremediablemente. Y no es con gotas homeopáticas esta vez que se resuelve el asunto.

Ahora bien, lo que parece obvio y es la clave de esta nota es que Susan Glasser parece estar leyendo el lenguaje del histrión y se le burla en su cara. En efecto, resulta creíble la carcajada que podría estallar en alguna sofisticada reunión del cóctel neoyorquino salir diciendo que Trump pergeña algún asomo de filosofía política. Glasser ha detectado que solo procediendo de forma histriónica se puede entrar a la cueva donde Trump descifra las sombras dantescas de su universo platónico. La Glasser todavía parece darse cuenta que Trump tiene doble cueva. Platón no pudo anticiparse a la ciclotimia. Ni siquiera en su homosexualismo Platón anticipó que podría mirarse en doble pantalla, o doble fuente de luz, que pudieran dar unas sombras más tenues que otras. Sin embargo, Glasser logra lo que muchos periodistas académicos no logran descifrar del embolate tétrico en que ha metido al neoliberalismo al mundo.

El neoliberalismo se percató en algún momento con Hayek y otros que no podía construir una teoría de economía política mínimamente coherente. Pretendieron a lo sumo armar algoritmos automatistas que procesaran la gigantesca información en la nube y de allí obtuvieran modelos. Modelos que pueden interpretarse de mil maneras. Y se volvió ciclotímico, bipolar: ni teoría económica ni ideología pura.

Y entonces ocurrió un desorden teratológico que es lo que nos tiene sumidos en la nueva era. Al neoliberalismo apoderarse del psiquismo de quienes lo usan como engendro de su poder, los resultantes humanos no son seres si no entes, a la mejor forma heideggeriana posible: zombis que deambulan bipolarmente entre la vida y la muerte. Se disuelven en la mera vida, diría Byung Chul Han.

"La administración de Trump se enfrenta a un Congreso cada vez más adverso, en ambos partidos", decía un titular del Washington Post. Al día siguiente, el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, siguió adelante con una medida rara para reprender a Trump por aspectos de su política exterior, específicamente los retiros militares planeados de Afganistán y Siria. Y se informó que McConnell, avergonzado por la estrategia de cierre de Trump, que surgió a raíz de sus objeciones, les dijo a los miembros que estaría dispuesto a una medida para evitar que se permitieran tales cierres en el futuro”.

Es aquí donde Glasser propone la forma en que Trump devendrá en clown. El histrión quedó atrás pues su papel es hacer reír porque surge de un escenario favorable dominado por las mayorías en ambas cámaras. Pero después de mitaca y el desastre del cierre de gobierno Trump ha demostrado que ya no puede ganar guerras. El clown emerge. McConnell apenas está entendiendo en su tardío afán que el presidente puede ser peligroso para la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Y aquí estaría nuestra principal lección. Trump podría surgir tan absurdamente bipolar que puede vestirse ahora de héroe e intentar invadir a Venezuela. Pero ya no es Trump, es el monstruo que el exorcismo revela que está dentro de él y quien ordena sus decretos.

Ahora se entiende que el discurso Pence del presidente estaba estrictamente pensado para darle entrada al desastre del ELN. Y es que si el ELN estuviera penetrado por alguna inteligencia militar no se podría haber anticipado mejor el contenido de ese discurso, que los Estados Unidos devinieran en héroes con un presidente bipolar que ya no gana guerras.

¡El imperio del clown está a la vista! Susan Glasser va un poco más allá:

“El presidente lo echó a perder", dijo Christie. ¿En qué punto? Colbert le preguntó a Christie. "Cuando cerró el gobierno sin ningún plan sobre cómo reabrirlo", respondió Christie. Y esto era de uno de los partidarios más vocales de Trump. Si alguna vez hubo una semana en que la verdad dolió, esto fue todo”.

Parodiando puede escribirse: “El presidente lo echó a perder… cuando invadió Venezuela sin ningún plan sobre cómo salirse”.

Ahora que Trump ha abandonado el acuerdo con Rusia contra la proliferación de armas nucleares, Latinoamérica puede pasar a ser el teatro de operaciones de las nuevas armas. ¡Que ya deben estar inventadas! ¡Y a eso estamos jugando desde aquel célebre discurso!

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