Escenario geopolítico colombiano pospandemia

¿Cuál es el camino que seguirá nuestro país cuando todo esto pase?

Por: Carlos Fernando Rodríguez
julio 08, 2020
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Escenario geopolítico colombiano pospandemia

Con toda la crítica que pueda suscitar, el ejercicio de la prognosis es útil para fijar derroteros y estar preparados para los posibles escenarios futuros que pueda afrontar el país en los próximos años, es decir, en el contexto de la pospandemia. Este ejercicio pronóstico debe realizarse en el máximo de ámbitos posibles de nuestra vida nacional, esto es, desde la geopolítica y las relaciones internacionales hasta el orden público, desde la geoeconomía y la geoestrategia hasta la macro y microeconomía doméstica. Es necesario, además, contemplar la cuestión medioambiental, la seguridad alimentaria y energética, la competencia mundial por los recursos, y en ello, con criterio imperativo, formular la necesaria evolución a un nuevo sistema político.

Desde que inició la crisis mundial por el coronavirus han entrado en confrontación distintas perspectivas de análisis que no solo han diagnosticado el orden de cosas y problemas sobre las que se funda la crisis (capitalismo, globalización, consumismo, liberalismo), sino que, además, se han atrevido a formular imágenes de futuros posibles acomodados según la ideología e intereses de sus respectivos autores. A grandes rasgos, podemos clasificar estas perspectivas en dos grandes grupos: los nacional-continentalistas y los partidarios de una nueva globalización. Los nacional-continentales culpan de la actual crisis a la globalización hegemónica y plantean un retorno a la defensa del interés nacional, la soberanía, la independencia y la autarquía de los países, con miras a salvaguardar los procesos políticos autónomos de los pueblos. Al tiempo, proponen un nuevo modelo de desarrollo internacional de cariz regionalista como la cooperación económica, científica, social y militar entre las naciones de un continente o región cultural específica.

Del otro lado están los partidarios de un “reseteo” global y de una permanencia del desarrollo mundializador aunque con cambios sustanciales. Este grupo se puede dividir a su vez en dos categorías: los alter-globalistas, que critican la globalización neoliberal para plantear una aldea global menos agresiva e impertinente con el desarrollo democrático de los pueblos. Su postura se puede sintetizar en el concepto de lo glocal. La segunda categoría la representan los alfiles de una globalización aún más agresiva y la instauración de estructuras políticas internacionales más coercitivas, guiados por los motes de la “paz” mundial, la “defensa” de los derechos humanos, la “protección” del medio ambiente y la “libertad” de mercado. Proyecto que tiene como grandes obstáculos a los estados nacionales y su soberanía.

Ante estos dos posibles escenarios debemos preguntar: ¿cuál es el camino que seguirá nuestro país? Si nos situamos en el deber ser la posición que defiende el autor de las presentes líneas es el del desarrollo nacional y continentalista (Latinoamérica claro está) como movilización hacia el interés nacional y la protección como el fomento de nuestros trabajadores colombianos, la nacionalización de todo aquello que sea estratégico y necesario proteger de la ambición internacional, la industrialización, la autarquía, la seguridad energética y alimentaria, la defensa de la soberanía patria y nuestros recursos naturales. Igualmente, el fomento de la cooperación regional latinoamericana en términos de desarrollo económico, social y tecnológico. Sin embargo, debemos ser realistas y a diferencia del escenario globalista, esta postura no se impondrá ni siquiera por fuerza de la necesidad, sino que ella solamente será posible con conciencia nacional y voluntad de insubordinación. Los pueblos hacen las revoluciones no los virus. En la medida en que en Colombia no pensemos en la categoría de interés nacional las posibilidades se decantarán por la segunda opción.

El escenario globalista es, por lo tanto, el más probable. Con una deuda externa que supera el 44% del PIB, cifra que probablemente siga aumentando en los próximos meses, con una tasa de desempleo del 21% y aumentando, y con uno de los mayores niveles de informalidad laboral del mundo, la reapertura de la economía nacional es una ingenuidad desesperada, cuando las estimaciones más optimistas plantean el fin de la pandemia a mediados o fines del próximo año 2021, es decir, el supuesto pico de la pandemia está aún por aparecer. Todo ello es más grave cuando la actual crisis hunde sus raíces en las mismas estructuras socioeconómicas que se han venido germinando desde hace más de 30 años y que la pandemia pone de manifiesto en sus máximas consecuencias lógicas.

El escenario se agrava si tenemos en cuenta un factor que, de ahora en adelante si queremos pensar un futuro soberano y una próxima rehabilitación económica, debemos tomar como axioma y principal supuesto geopolítico, y esto es que el hallazgo-fabricación de la vacuna debe pensarse con el símil de una competencia de apnea, un pulso entre las naciones fuertes que pueden aguantar por más tiempo la suspensión de su economía y las que no ¿Se puede equiparar Colombia con países que construyen hospitales en diez días, que tienen sistemas de salud de primera categoría como capitales financieros y tecnológicos para poder rehabilitarse del duro golpe? Ciertamente no, y en este certamen los pulmones pequeños y mal entrenados de nuestros países latinoamericanos sucumbirán primero que los vigorosos y resistentes pulmones de las potencias hegemónicas.

Teniendo en cuenta este supuesto como determinante geopolítico para el hallazgo y difusión mundial de la vacuna, debemos tener presente que la futura “nueva normalidad” pospandemia este delineada para dejar en desventaja a los países mal llamados subdesarrollados, y en ello preparar el establecimiento de una más agresiva subordinación y dependencia de nuestros países con respecto a las potencias globales. En este posible escenario tendremos una economía nacional en absoluta decadencia, con pérdida acelerada de empleos, empresas quebradas y una gigantesca deuda externa, y estaremos confrontados a unas economías europeas, asiáticas y norteamericanas debilitadas pero no destruidas, y que tendrán como objetivo de rehabilitación económica los espacios de producción de los países “en vías de desarrollo”. No será raro que presenciemos un nuevo “Plan Marshall” para Colombia y Latinoamérica revestido de filantropía y acordado con nuestros “estadistas”, que en vez de proteger a los productores nacionales (como sería lo lógico) promoverán la apertura librecambista y privatizarán activos públicos como única opción para la recuperación. Algo de esto ya hemos empezado a ver.

Apertura que fomentará la presencia depredadora a la vez que mesiánica de las multinacionales en nuestro territorio para reemplazar a nuestros arruinados productores. La deuda impagable como factor de subordinación será la gran condicionante de nuestras políticas económicas, fiscales, laborales, militares y sociales, que acompañada de las estructuras internacionales de dominación como la Ocde, la Otan, el FMI, el Banco Mundial y demás instituciones hegemónicas, postrarán finalmente la autonomía del país para aceptar la “nueva normalidad”, o más bien, el nuevo escenario de colonialidad.

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