¿Es posible un 'The walking dead' a la colombiana?

No se trata de imaginar un mundo posapocalíptico, sino de pensar en nuestra mezquindad y destructividad, y en la búsqueda del poder para subyugar y oprimir

Por: Fernando Botero Valencia
julio 03, 2018
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¿Es posible un 'The walking dead' a la colombiana?
Foto: Pixabay

Las series o películas producidas en el mundo, y principalmente de factura norteamericana, han marcado a muchas generaciones, y dejo claro que este texto no trata del mundo del cine o la televisión.

ET, Star Wars, El Padrino, Indiana Jones, Toy Story, entre las más viejas por citar algunas, o Titanic, Los 100, Sensei y The Walking Dead por nombrar las más recientes, son producciones que han tenido gran impacto en el público.

Y aunque muchas de ellas, sino la mayoría, son creaciones de la llamada “ciencia ficción”, algo así como utopías científicas, con el correr de los años algunos eventos o contenidos de estas megaproducciones han estado tan cerca de cruzar la línea del realismo, que algunas veces se han ganado un puesto por aquello de “la realidad supera la ficción”. Pero bien, no me quiero meter en otro tema y perder el hilo.

Tristemente o frustrantemente nuestro país tiene a la orden del día tantas situaciones reales —y no son ficción— que no podemos sustraernos de ellas, y esas realidades empiezan a brotar como pus cuando estamos en campañas políticas, como la que acabó de pasar por la presidencia.

Todos los políticos, candidatos y seguidores de todas las orillas empiezan a apretar esas heridas a ver quien logra sacar más “pus”, con la intención malévola de mostrar al contrincante que sus heridas son más supurantes.

Son situaciones que todas tienen verbo. No podemos evitar mencionarlas, vivirlas, sufrirlas, negarlas, ocultarlas o mostrarlas, según sean los raseros o intereses de cada quien. Y continuamos creyendo que tantos flagelos son producto de nuestro trágico destino desde la época de la conquista, y que la marca inexorable de las guerras, la violencia, el rencor  y la muerte muta de generación en generación hasta nuestros días, siempre “teniendo fe” de que algún día esto va a parar.

Es en este último punto donde me quiero referir al título de este artículo, cuando hago alusión a una de las series más vistas en todos los rincones de la tierra, The Walking Dead.

Esta serie de televisión estadounidense llegó a la novena temporada relatando un apocalípsis de muertos vivientes o “zombies” como popularmente son conocidos, donde muestra a nuestro planeta sucumbir antes un virus que acaba con la mayoría de la vida humana, y donde sobreviven pocos, vale decir que ese virus fue creación de los terrícolas, ¿de quién más iba a ser?

No se trata de creer que esto pueda ocurrirnos o no, o que sea posible una invasión extraterrestre, lo puntual es que esta producción en sus secuencias nos expone unos seres humanos mezquinos, destructivos con su propia especie, buscando poder para subyugar, oprimir y también asesinar a los más indefensos. Vemos impotentes que la maldad humana florece en cada oportunidad, situación y camino, llevándose por delante cualquier manifestación de unión, solidaridad y trabajo en equipo. Un caos total después del caos definitivo.

Y ya al final, muy al final, donde no queda casi nadie vivo porque entre todos se mataron y cada vez son más los zombies dominantes, empieza a renacer en la gente que aún estaba viva, pero con sus almas muertas hace mucho tiempo, el sentido de la vida, del perdón y de la tolerancia. Lograron entender, aunque un poco tarde, que tenían que unirse y pelear juntos como especie para enfrentarse ante su real amenaza para poder sobrevivir: los muertos vivientes.

Viendo esta serie cualquier desprevenido con algo de sentido común podrá saber que en nuestro país hemos vivido desde siempre con nuestros propios apocalípsis con muchos virus diferentes, en donde el más letal es la indiferencia, y desde donde salen muchos otros que nos ciegan, nos hacen perder la sensibilidad como seres humanos, el fraternalismo como hermanos de sangre, la solidaridad con los desposeídos,  y el amor por nuestra patria equivocadamente mal entregado.

Porque cuando dejemos de creer que Colombia no son sus políticos sino sus ciudadanos, no son los individuos sino sus instituciones, no son las trampas sino sus leyes, podremos también ser capaces de unirnos como país no solo cuando juega nuestra selección, sino cuando tenemos que enfrentar nuestros problemas y solucionarlos sin sectarismos, ser un equipo.

Esa es la enseñanza que nos puede dejar aunque suene literalmente trivial The Walking Dead: seres humanos sobrevivientes que al final de su mundo dejan de pelear entre sí para enfrentar su verdadero peligro. Como colombianos tenemos tantos peligros y amenazas que nuestro único fin debería ser defendernos y pelear buenamente para sacarnos adelante entre todos, como un equipo.

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