Es posible vivir de otra manera

En medio de la pandemia, muchas de las ideas que el capitalismo nos ha impuesto comienzan a desmoronarse

Por: Bernardo barragán Castrillón
marzo 31, 2020
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Es posible vivir de otra manera
Foto: Pixabay

El 11 de enero se anunció al mundo la primera muerte de un ciudadano chino por COVID- 19, al que hoy todos conocemos como coronavirus, luego paulatinamente los contagios se extendieron a Italia, España y muchos lugares de Europa. En Latinoamérica el primer caso fue registrado el 26 de febrero en Brasil. Y a nuestro país, vino el pasado 26 de febrero con una paciente proveniente de Italia, hechos que posteriormente trajeron como resultado, a nivel global, la declaración de la pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud.

Todos estos eventos generaron una serie de medidas por parte de casi todos los gobiernos nacionales y locales para intentar detener la pandemia, cierre de fronteras, de aeropuertos, lugares públicos masivos y posteriormente escuelas y universidades, es decir, confinamiento casi total de todos los ciudadanos y cuarentena para los infectados.

Fue así como en muy pocos días pasamos de la exterioridad pública al confinamiento anónimo en nuestras casas y al unísono de este acontecimiento, las redes y los medios masivos de comunicación comenzaron a generar información de todos los pelambres alrededor de la pandemia. Además de la información médica sobre el contagio tenemos información sobre qué hacer respecto al virus, como cuidar a los adultos mayores, a los niños como enseñar en la virtualidad, e incluso como lavarse las manos.

Pero hay dos eventos surgidos con este acontecimiento que llaman la atención respecto a lo que nos está pasando hoy, el primero es la preocupación que se comenzó a escuchar por todas partes sobre como todos necesitamos de todos y el segundo es la bancarrota de la economía global. Ambos eventos muestran algunas contradicciones del capitalismo que quisiera señalar para que pensemos en la intimidad, tan olvidada hoy en la época de la “pantalla total”, de nuestras casas.

Uno de los valores sobre los que se soporta el capitalismo del presente es la híperindividualización, esa forma que se define a partir de la expresión “ cada cual en lo suyo” y “cada cual con lo suyo” o como diría (Morin, 2002) una consolidación del status autocéntrico.

Esto es, el capitalismo individualiza para que el consumo se masifique y cada quien tenga lo suyo, sin necesidad de los “otros”, o en el mejor de los casos “lo otro” es el espejo para mostrar en la vitrina social lo que se consume. Así, ser alguien es consumir en cada instante algo nuevo y eso nuevo es placer, emoción, juventud, cuerpo, conocimiento, aire, belleza; todo materializado en multitud de objetos que pululan en el mercado y al que puede acceder cualquiera a través del crédito, ese dispositivo de sometimiento del hombre contemporáneo.

Sin embargo, la pandemia nos ha hecho decir: “todos necesitamos de todos”, es decir, que la hiperindividualización es el enemigo para derrotar, en tanto si no cuidamos de los otros nos descuidamos a nosotros mismos. Este trastrocamiento de la realidad nos ha hecho pensar que tal individualidad es un engaño, una estrategia del capitalismo para ponernos contra los otros, ponernos a competir y no a compartir, masificar el consumo a través de la individualización y crear una sociedad de la desconfianza.

Lo que se está desmoronando es la idea de que no es posible vivir de otra manera a aquella que el capitalismo nos ha impuesto, esa que se esboza en centros comerciales, en acumulación, en formas de vida prestadas, en ideales de belleza, de felicidad, en cambiar la conversación por el chat, que ha vuelto los alimentos paquetes y la vida un simulacro donde todo se compra y se vende.

Pero la pandemia también ha traído la crisis financiera porque el capital se detuvo y los consumidores están aislados pero tendrán que aprender a vivir, por lo menos por un tiempo, sin la exterioridad del consumo como condición de su propia existencia que aparece en toda esa multitud de máquinas deseantes que no dejan de producirnos. Esto es, los próximos reclamaran en la intimidad de sus casas otras formas de encuentro que posiblemente pongan en crisis no solo los mercados sino todos esos dispositivos de existencia a los que hoy el capitalismo nos ha conminado.

Bibliografía

Morín, E. (2002). La cabeza bien puesta. Repensar la reforma, reformar el pensamiento. Bases para una reforma educativa. Buenos Aires: Nueva Visión.

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