Opinión

Ernesto Macías, el hombre sin atributos

Es un uribista purasangre que acata órdenes, y que el 7 de agosto leyó uno de los discursos más indignos que se han escuchado en posesión alguna presidencial

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Agosto 09, 2018
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Ernesto Macías, el hombre sin atributos
Macías es de la estirpe de políticos que son más uribistas que el propio expresidente. Foto: Youtbe/Institucional

El presidente del Senado llama colegas a los periodistas que lo interpelan. Su labor como director de noticias en AS del Huila, la emisora de Edgar Artunduaga, en el 2001, creyó facultarlo para creerse un comunicador de primer orden. Sin embargo, aunque validó su carrera haciendo un semestre en la Universidad Cooperativa de Bogotá, no se le conoce una sola crónica, un solo trabajo de investigación. El único escrito que se le conoce fue el polémico discurso que leyó el pasado 7 de agosto en la Plaza de Bolívar, en plena posesión presidencial de Iván Duque.

Artunduaga lo contrató a pesar de las advertencias que le había hecho el congresista Jorge Géchem, quien le dijo que Macías no era un hombre confiable. En esa época era un político del montón. Había sido nombrado alcalde de un pueblo sin recursos y muy pequeño del Huila, Altamira, por la gestión que hizo el congresista Jaime Bravo, su mentor político, ante el gobernador de la época, el liberal Álvaro Sánchez Silva en 1980, cuando los alcaldes se elegían a dedo. Luego fue concejal de su pueblo, Garzón, el pueblo más católico y conservador de Colombia y en 1998, cuando estaba varado, su amigo Jaime Bravo, siendo gobernador del departamento, lo nombró secretario de Gobierno. Por esa época ya se rumoraba que su título de bachiller del Colegio Franco Británico de Bogotá, obtenido en 1975, era falso.

Si algo hay que abonarle a Macías, al menos lo reconfirma gente que lo conoce, es que es un hombre que respeta a sus jefes. Es obediente, y así ha llegado a cargos que jamás pudo soñar. Su primera gran responsabilidad se la dio Artunduaga cuando recién salió como secretario de la gobernación del Huila. Se encontraron en una fiesta y usando sus armas, la lisonja y el halago fácil, convenció a Artunduaga, entonces senador de la República, de que lo dejara al frente de su emisora. Un año duró en el cargo. La relación terminó mal. Artunduaga incluso ha escrito columnas como Ernesto Macías, entre el embuste y el delito, en donde se le va con todo contra el hoy presidente del Senado. Una de las cosas que molestó al exdirector de La luciérnaga fue haberse sentido traicionado. Macías, al parecer, respeta más a sus jefes políticos.

 

Hablando al oído, asintiendo,
Macías escaló hasta el punto de ser congresista en el 2014,
número 18 en la lista del Centro Democrático

 

En el 2002 y de la mano de Bravo, quien se había asimilado al uribismo, apoyó sin restricciones en la campaña que terminaría eligiendo al candidato de la Mano Firme y el Corazón Grande. Su obediencia terminaría compensándolo: fue asesor de la ministra de Comunicaciones María del Rosario Guerra. Hablando al oído, asintiendo, Macías escaló hasta el punto de ser congresista en el 2014, número 18 en la lista del Centro Democrático. Macías es de la estirpe de políticos que son más uribistas que el propio expresidente. El 20 de diciembre publicó esta falacia en su cuenta de Twitter:

El trino, como suele ocurrir, despertó la histeria entre los seguidores del líder del Centro Democrático quienes incluso lo pedían como candidato presidencial en el 2018. Su compañera en el Congreso, Claudia López, lo ha calificado de vulgar y machista. Amigos de él como el magistrado Alberto Yepes, ya no quieren ni que se lo nombren. Es un uribista purasangre que acata ordenes, incluso las que van contra sí mismo. El 7 de agosto pasado leyó uno de los discursos más indignos que se han escuchado en posesión alguna presidencial. Mientras hasta la propia vicepresidente Marta Lucía Ramírez lo regañó y directoras de medio proclives al uribismo como Claudia Gurisatti o Hassam Nassar repudiaron en Twitter, el ala radical del Centro Democrático lo aplaudió a rabiar al igual que buena parte de los 10 millones de personas que no votaron por Duque sino por Uribe. Algunos, incluso, lo piden como presidente en el 2022. Como van las cosas nada de raro fuera que resultara siendo el sucesor de Duque. La emoción y los pensamientos básicos son los dos atributos que tiene ahora el electorado nacional a la hora de elegir presidentes.

 

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