Entre partidos y balaceras se crecía en Medellín

A principios de los 90, la guerra se arreciaba entre los viejos grupos criminales y las bandas de Escobar. Cada barrio tenía su pandilla y sus reglas, no había escapatoria

Por: JUAN CARLOS CAS
noviembre 25, 2018
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Entre partidos y balaceras se crecía en Medellín
Foto: Javier Ramirez - CC BY-SA 3.0

A los veintidós años recorre con sus hermanos las calles teñidas de esa tierra amarilla que deja un tinte marcado en los zapatos, tinte propio de los humildes, de gentes desarraigadas que levantan ranchos y barrios. Calles de un municipio que pasó de siete casas a un crecimiento exponencial en 1923 por la creación de la empresa textil Fabricato. Hoy es una ciudad intermedia con 534.000 mil habitantes.

La salida de la adolescencia en 1989 transcurre entre partidos de fútbol y balaceras inesperadas que ponían a correr a todo el barrio, todos los días sufre la guerra entre las bandas criminales nativas del municipio y las nacientes bandas del narcotráfico orquestadas por Pablo Escobar. Es el año 1989, esta urbe tiene 84 barrios, 13 veredas, un gigante sangriento que se devoraba literalmente a los jóvenes, solo en ese municipio hay 116 bandas juveniles aproximadamente, que cuentan en sus filas con 1500 jóvenes sicarios, solo tiene 33 policías y dos patrullas, de los policías una buena parte cuida el trasero del alcalde.

Ya cada barrio tiene su propia pandilla. Viven de la extorsión a comerciantes, de atracar los camiones de la leche o la gaseosa. Hay barrios en el municipio donde es imposible entrar a llevar un huevo, la venta de marihuana y bazuco también son una renta de ingresos seria. En los inicios de los noventa, del municipio se marchan más de 900 comerciantes pues es imposible sostener un negocio, se convierte en una bestia sin control, a la deriva de las pandillas: en 1991 cada semana son asesinadas cuarenta personas, es el año más violento de los noventa. De esta manera se van ganando su fama Los Monjes, Los Quiles, El Rompoy, La Cumbre, Casco de oro, los del Mesa, Pachelly, Los chatas y La ramada; esta última, como el principal enlace con Pablo Escobar.

La ramada es la banda más temida por los habitantes del municipio, es la banda con contacto directo con el capo, por esa razón comienza a expandir su control sobre otros barrios. La guerra entre pandillas se recrudece, la Ramada y Escobar despliegan todo su poder, dejan muertos en cada esquina, además del plomo común ahora usan granadas, ejecutan masacres en Pachelly y en Salento. Esta demostración de poder hace que la mayoría de las bandas realicen un pacto para evitar su exterminio. Él y su hermano no son la excepción, resignan negocio y pagan un impuesto a cambio de la tensa calma.

Es agosto de 1993 el bloque de búsqueda y el DAS capturaron al jefe de La ramada que durante años azotó a plomo a las demás bandas del municipio que se subordinaban a su control. Esa noticia señala el final de La ramada que sella su destino cuando en diciembre de ese mismo año es dado de baja Pablo escobar.

Con el final del capo comienza la era de las AUC en Medellín. Se habla de una nueva estructura criminal, La terraza, al mando del jefe de las AUC alias “Don Berna” En esa onda debe entrar el municipio de Marco Fidel Suárez, en ese momento por azar, porque un amigo conoce a otro, porque él y sus hermanos son gente seria, Don Berna lo nombra a él, a Tom, como su principal enlace, como su hombre de confianza en el municipio. A su estructura y escuela sicarial, pertenecen futuros cabecillas como los hermanos Ericson y Franklin Vargas Cardona, alias “Sebastián” y “Frank”.  Pero la promesa de pacificación de las AUC no fue tal, Colombia pasa de un índice de homicidios de 80 por cada 100 mil habitantes en 1991 a 69 homicidios en el 2001. En Medellín 53 homicidios por cada 100 mil habitantes, en el territorio de Tom las cifras son similares.

Él y sus hermanos se vieron favorecidos por la guerra interna de la terraza y Berna entre los años 1999 y 2000, insatisfacción con el negocio, en especial uno de sus líderes, el “negro Elkin” que ambiciona más poder y dinero, celos por la preferencia de Berna por Sebas y Frank, estallan en una guerra sin cuartel, que define Carlos Castaño con el antiguo truco de citar para firmar la paz y sellarla a punta de plomo, en una emboscada de nueve hombres de la terraza contra un comando que por pocos eran treinta.

El compromiso de paz forzada cada vez es más rengo. A partir del 2004 hasta el 2006 con la desmovilización de las AUC, los índices de homicidio en Medellín se nivelaron a los índices de homicidio a nivel nacional, entre 40 y 50 homicidios por cada 100 mil habitantes. En el territorio de Tom los homicidios cada vez disminuyen secuencialmente, después de la extradición de Berna en el 2008 se mucho más Sebastián y con este Tom. Sebastian respeta el mando del chata en el norte, su territorio en el 2011 ya tiene una tasa de homicidios más baja que la de Medellín, con 23 homicidios por 100 mil habitantes, mientras Medellín sigue entre los 44 y 50 homicidios. ¿Cómo lo hizo el chata? hizo lo que ellos denominan administrar el negocio de manera pacífica, manejar un criterio bajo la lógica del bajo perfil.

El 8 de agosto de 2012, se produce el punto de mayor figuración en el poder de Tom, la captura de alias Sebastián, el designado por Berna, esto sacude bastante la estructura de la oficina. El mando se fracciona fuertemente, pero en el norte Tom sigue al mando. Para esta fecha, Tom su hermano y amigos no cuentan con antecedentes delictivos, las autoridades no tienen prueba alguna de su accionar, aunque es una verdad que resuena en las calles del municipio, su accionar es silencioso, haciendo honor a su alias Tom, aunque su alias es debido a que perdió sus dos dientes delanteros, que fueron reemplazados por unos demasiado grandes, que no se ajustan muy bien a su mandíbula. En el 2013 por iniciativa de jerarcas de la iglesia y jefes de las bandas crean lo que para muchos es la principal razón del ambiente pacífico en el Valle de Aburrá, “El pacto del fusil”. Un pacto entre las dos bandas principales con influencia en el Valle de Aburrá, los urabeños y la oficina de envigado, quizá por estar en la frontera del área metropolitana, Tom, dicen muchos es protagonista de este pacto, para muchos es el comandante militar del pacto del fusil. Su administración mafiosa que le funciona en el municipio con 24 homicidios por cien mil habitantes, trata de expandirse por todo el Valle de Aburrá, incluso Antioquia.

Desde hace muchos años en el municipio los conflictos no se resuelven en los CAI de policía, tampoco en comisarías ni casas de justicia, bajo la frase “esa gente es seria”, gradualmente se fue determinando las interacciones en el municipio, los límites, los acuerdos tácitos sobre los lugares de consumo de sustancias psicoactivas, sobre la rumba, sobre el licor, una administración de la mafia con una contabilidad clara, que cobra sus propios impuestos para garantizar una seguridad que hace rato perdió el Estado. Para esta fecha es el reconocimiento de Tom como gran capo del narcotráfico, razón por la cual fue incluido en la lista Clinton. Para esta época sus días de tranquilidad y dar cara por las calles del municipio son pasado, tiene que vivir aguzado, alejarse de su familia cercana, rodearse de hombres de su mayor confianza, manejar muchísimo más su técnica del bajo perfil. Ya la organización tiene su estructura, es una empresa por fuera de la ley, con el guiño de comerciantes y sectores políticos del norte que en su afán de tranquilidad y aceptación realizan un pacto del que es imposible zafarse.

El primer zarpazo de la ley al capo fue el 2 de marzo de 2016, cuando en un operativo capturan a dos hombres de confianza, no a dos integrantes de la organización, arrestan a dos de sus amigos, uno su hermano, Elkin chata, otro alias Jonás, ese día probablemente hizo consciente su futuro, ese día tal vez aparecen sus grandes temores. Pero ya no hay marcha atrás, es una carrera lanzada donde no se tiene la autonomía de detenerse. Durante el 2016 en el municipio según la fundación ideas para la paz, el territorio al mando de Tom, termina con una tasa de homicidios de 21,75 por 100 mil habitantes.

En abril de 2017, el gobierno colombiano y el de los Estados Unidos deciden firmemente perseguirlo, es así como los gringos lanzan al mercado dos millones de dólares para la persona que entregue al jefe de los chatas. Para esta fecha ya hay muchas quejas sobre el precio de la “tranquilidad" en el municipio, las extorsiones quizás para enfrentar la guerra con el Estado suben de forma exponencial cada local de comercio paga entre dos mil y cien mil pesos, negocios grandes millones, constructoras con proyectos de vivienda con apartamentos.

Pero el problema de las pandillas, bandas, ODIN y demás no es exclusivo de Colombia, ni de la ciudad de la eterna primavera. Países “desarrollados” como Estados Unidos son azotados por este flagelo y por otras modalidades de la mafia. Entidades como la National Gang Center refieren que un 45.5% de los miembros tienen origen latino, seguidos por un 39. 0% de afroestadounidenses y un 9.7% de blancos no hispanos. Los EME, MM o los Emeros, la Mafia Mexicana nació en los años 50 en las cárceles de California con el propósito de proteger a los presos latinos frente a otros reclusos y funcionarios gringos.

En agosto de 2017 se renueva el pacto del fusil, varios integrantes de la oficina se reúnen con Urabeños y Tom para confirmar el pacto de no agresión. La idea es frenar enfrentamientos por la visita del papa Francisco a Medellín. De nuevo aparece la extraña relación entre la ilegalidad y lo religioso, aparece la simbología al igual que en la virgen de los sicarios. Todo está en orden, llega el día del cumpleaños de Tom, su cumpleaños número 50, más de la mitad de sus años sobreviviendo a una guerra sin tregua, su récord ya se ha convertido en un mito en la criminalidad. Días antes, según fuentes oficiales, le siguieron el whisky Chivas Porcelana, cada botella cuesta entre 400 y 450 mil pesos. Rastrean la compra de varias cajas, siguen el cargamento, esperan hasta las cuatro de la mañana cuando la música cesa su canto, les caen de sorpresa y se encuentran con un viejo conocido, Popeye. Ni la protección de no agredirse durante la visita del papa, ni la virgen del Carmen pudieron salvar a Tom del desenlace esperado. En julio de 2018 aprovechando un rumor de un decreto de sometimiento a las bandas criminales, Tom escribe una carta, casi un discurso de tres páginas dirigida al presidente saliente Juan Manuel Santos y al entrante Iván Duque, para brindar su colaboración para que muchos hombres de combos de Medellín cansados de la guerra, encuentren una salida jurídica, en un intento reconciliador que no pareciera propio de un simple traqueto o narco de barrio.

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