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En TransMilenio estamos solos, no hay ley

Sobre la falta de autoridad y nula presencia estatal en el sistema de transporte de Bogotá

Por: Maria Camila Pantoja
Diciembre 06, 2017
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En TransMilenio estamos solos, no hay ley
Foto: Wikicommons

En agosto de 2017, The Economist (una revista británica especializada en economía y en relaciones internacionales) clasificó a Bogotá como una de las peores metrópolis latinoamericanas para vivir debido a su inseguridad y su inestabilidad sociopolítica. Y es que para nadie es un secreto que la seguridad de esta ciudad, que está en manos de bachilleres recién salidos del colegio, no es más que un saludo a la bandera; Unos muchachitos vestidos de policías que ante los ojos de los ciudadanos (y las estadísticas) pintan muy bien, pero que a la hora de la verdad no tienen ningún dominio, control o autoridad para ejercer una labor tan importante como velar por la seguridad de la capital del país.

Ayer alrededor de las 10 de la noche en la estación de TransMilenio de la calle 32, dos mujeres se atravesaron la Avenida Caracas a oscuras para entrar a la estación sin pagar. Mientras corrían por la calle, un taxi que no las vio, se salvó por pocos segundos de atropellarlas. Después de frenar en seco, el taxista comenzó a pitar y a gritarle por las ventanas del carro a los policías y funcionarios de TransMilenio de la estación para que las mujeres no se pudieran colar sin pagar el pasaje. Uno de los usuarios dentro del TransMilenio se acercó a un bachiller de policía que estaba cerca de mí y le comentó la situación, a lo cual el bachiller de policía respondió (y lo cito textualmente): “Si le molesta tanto que las mujeres se colen, pues bájelas usted”.

Al escuchar la respuesta, yo me dirigí al policía a decirle que ese era su trabajo, que para eso estaba él en la estación y que él no tenía por qué contestarle así a los usuarios. Las mujeres (que ya estaban bien metidas en la estación) vinieron hacia mí y hacia el otro usuario a intentar empujarnos mientras nos gritaban que lo que ellas hicieran no era problema nuestro y que si las queríamos bajar, las bajáramos nosotros.

En este momento, me di cuenta que estaba absolutamente sola. Las noticias de usuarios apuñalados en TransMilenio me llegaron todas a la cabeza e incluso con el bachiller de policía en frente, me di cuenta que mi vida corría peligro, que en TransMilenio no hay ley y que la presencia de la alcaldía es una mentira.

El policía metió a las dos mujeres en el primer bus que pasó y yo le pedí que me diera su número de placas porque lo iba a reportar. Al principio un poco reacio a dármelas, le exigí y le nombré mi derecho como ciudadana a tener su número y me las dio. Las anoté en mi celular y me fui.

Ahora bien, ¿qué hacer con el número de placas?, ¿de verdad le podía yo exigir a este muchacho más joven que yo que arriesgara su vida para cobrarles a cada una de ellas 195,000 pesos cuando él mismo no tiene con qué defenderse?, ¿por qué mi seguridad y la de al menos 70 personas que nos encontrábamos ahí estaba en las manos de un muchacho de 18 años sin ningún tipo de dotación y ningún tipo de entrenamiento?, ¿dónde está el personal de TransMilenio?

Entonces, entendí que no tiene sentido ir a una autoridad mayor. Llevar el caso a la Policía Nacional o a la Procuraduría va a incurrir en sanciones ridículas contra un individuo que acaba de cumplir la mayoría de edad y que al final de cuentas no tiene la culpa.

La culpa la tienen las cabezas que se encuentran detrás de los escritorios desde donde estas ideas salieron. La culpa la tienen personas que a las 10 de la noche, ya estaban en su casa y no exponiendo su vida en la estación de la calle 32 con Avenida Caracas.

No se puede esperar que la ciudadanía denuncie los actos ilegales (porque seamos claros, colarse en TransMilenio es ilegal) a unas autoridades que sencillamente no tienen ni el poder ni la presencia de restaurar el orden. Y es igual de ridículo esperar que la ciudadanía se tome en serio un acto que ni siquiera al propio estado parece importarle.

El problema de la movilidad en Bogotá es claro: Todos los bogotanos lo sentimos cada mañana, cada mediodía y cada noche. Pero el problema de movilidad no es solo un problema de tráfico, es un problema de mal planeamiento en el cual los usuarios se ven obligados a transitar por estaciones demasiado pequeñas que además de corredores funcionan como plataforma para esperar los buses. Es un problema de corrupción y de mal estado de la infraestructura donde los buses están sucios, las plataformas están rotas, las puertas no funcionan. Es un problema de educación y en especial, es un problema de autoridad. TransMilenio vuelve evidente que en Bogotá no existe autoridad, que es muy fácil apuñalar a alguien por 2200 pesos (incluso a un bachiller de policía) y que no pase nada, deja evidente que en Bogotá no existe vigilancia, que subirse con un arma blanca a un bus donde la gente está encerrada no tiene ningún tipo de represalias… Y en especial, deja en evidencia que los bogotanos estamos solos.

Los ciudadanos no tenemos por qué tener miedo de salir a la calle, en especial, no tenemos por qué tener miedo en presencia de un policía. Sin embargo, ¿cómo podemos exigirle a un bachiller de policía tomarse en serio la seguridad cuando la misma institución de la que él hace parte no le está dando la importancia que merece?, ¿por qué en Colombia los asuntos tan importantes como la seguridad están en manos de personas recién graduadas y con poco entrenamiento?, ¿hasta cuándo vamos a padecer la improvisación y el inmediatismo en el poder?

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