En rídiculo quedó el Inpec, la Fiscalía y el gobierno con la fuga de Aída Merlano

Una mirada a propósito de la noticias que conmocionó al país la semana pasada

Por: Richard Florez
octubre 08, 2019
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En rídiculo quedó el Inpec, la Fiscalía y el gobierno con la fuga de Aída Merlano

Aída Merlano puso en ridículo al aparato de vigilancia del Inpec, al gobierno y a la Fiscalía. Un plan de fuga demasiado simple, increíblemente simple. Casi en las narices del Inpec Aída Merlano saltó por una ventana y se fue. Los videos y fotografías publicados demuestran la sencillez del plan de fuga, pues obviamente existió un plan, como casi todas las fugas del mundo. No se presentan accidentalmente, así como que alguien empujara al preso fuera de la puerta o de la reja obligándolo a irse. Por eso resulta risible que la Fiscalía insista como un aspecto esencial, como si se tratara de un descubrimiento fenomenal y lo subraye que existió un plan de fuga. Lo contrario sería como decir que alguien tomó a Aída Merlano, la izó y la lanzó por la ventana.

No contenta la Fiscalía con afirmar tamaña simpleza o torpeza —lo del plan de fuga— ha levantado una carpa para contener al circo que está ejecutando. Dijo inicialmente que los hijos de la evadida habían favorecido la fuga de su madre [1], sin considerar que ellos no tenían la condición de custodios de su progenitora. Luego solicitó la captura de su hija y del odontólogo que trató a la excongresista. Todo un contingente armado, apuntando con sus metralletas al cuerpo, capturaron a una adolescente que, para mayor ridículo de sus captores, lució tranquila, casi como burlándose de ese desproporcionado despliegue de fuerza. Ahora la Fiscalía acusa a la hija de Aída Merlano y al odontólogo como intervinientes del delito de fuga y solicita medida de aseguramiento de detención preventiva, intramuros, afirmando y amplificando que constituyen un peligro para la sociedad, a sabiendas de que, en una hipotética condena —o quizá tal vez porque no lo sabe, y por eso su simplismo— que serían beneficiados con la suspensión condicional de la pena. Dan pena —esa sí pena ajena— las argumentaciones y análisis de la Fiscalía y el espectáculo mediático.

La vicepresidenta reclama que caiga todo el peso de la ley sobre Aída Merlano por haberse fugado y el director del Partido Conservador afirma que su partido no tiene responsabilidad —como siempre, los partidos no responden por lo que hacen sus afiliados— y que ella debe darle la cara al país, como si no se la hubiese dado al saltar por la ventana, pues lo que les parece grave es la fuga, no la compra de votos; les parece rechazable haberse saltado por la ventana y no ejercer actos de corrupción electoral; les parece censurable haberse dejado pillar de la corrupción y no la corrupción misma.

En la misma semana de todo el espectáculo Merlano, en el Cauca mataron a varios indígenas y líderes sociales y la Fiscalía no ha hecho el mismo alboroto ni ha vestido con el ruido el mismo tinglado, ni ha publicitado la misma investigación con sus deducciones tan espectaculares, ni tan sesudas conclusiones dialécticas, porque, simplemente no ha hecho nada.

Pero el ridículo no solo lo hace la Fiscalía, lo hizo y sigue haciéndolo el gobierno. La ministra de Justicia dijo que Aída Merlano se había burlado de todos los colombianos, tal vez pensando en decir birlado la vigilancia. Tengo que decir que en este preciso asunto, la ministra no me representa, no me siento burlado, ni ofendido, ni disminuido en mi honor, ni ridiculizado. Me siento fascinado porque ese hecho despertó la memoria de la ministra y del gobierno entero, quienes recordaron el espectáculo de las cárceles. Además, nos regresó a la constatación de la eficiencia de la Fiscalía y de la justicia, que llevaron a una condena de 15 años a quien que, como todo el mundo político, utilizó el dinero para hacerse elegir congresista. Por último, me condujo a afirmar que el Consejo Nacional Electoral materialmente está imposibilitado para controlar y comprobar cuánto gastan los candidatos a las corporaciones, alcaldías y gobernaciones. Son físicamente ríos de dinero los que discurren en todos los municipios del país sin que el Consejo pueda verlos, pero tampoco la Fiscalía, ni los partidos, ante todo, los partidos políticos. Aída Merlano hizo de frente aquello que hacían con estilo los demás políticos, aquellos que hoy la tildan de doblemente corrupta.

[1] El artículo 449 del C. Penal, indica que solo pueden favorecer a la fuga, quienes tengan unas especificas condiciones.

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