Opinión

En modo veneco

“El viernes le di a Gabi agua de papelón, pero ya se acabó. No traiga papelón rayado, yo lo puedo hacer aquí…” ¿Cómo así que le están dando papel rayado a mi hija?

Por:
diciembre 26, 2018
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En modo veneco
Los venezolanos han llegado con sus delicias gastronómicas y su colorido lenguaje. “Esto es inevitable, hay que ponerse en modo veneco”. Foto: Tomada de video

 “Gabi”

La niña se llama Gabriela. Su madre, amante de las letras, bautizó a su primogénita con el mismo nombre del Nobel colombiano de literatura, en versión femenina, queda claro.

Han pasado cuatro años, desde su nacimiento, y nadie la llama Gabriela sino “Gabi”. No la han llamado ni Gabita ni muchos menos Gaba. ¡Válgame dios!

Hace una semana, Gabi se quedó sin aquella persona que la cuida en casa. Su madre es gerente comercial de una editorial escolar y su padre es profesor de biología en una escuela pública de Cartagena. La pareja, en auténtico desespero, aceptó la recomendación de una tía materna. Elsy, así se llamaba la recomendada, fue aceptada al instante. Gaby y Elsy hicieron una liga estupenda.

 

1. Las cholas

El pasado sábado, con puente Festivo, Gabi se levantó pasadas las 10 de la mañana y emitió un grito que recorrió gran parte de la casa: “¡Mami, mis cholas!”.

La mamá guardó silencio en espera de otro grito igual. Pensó en una pesadilla o en habladurías incoherentes que solía tener Gabi mientras dormía. Avanzó hacia el cuarto, al entrar, Gabi estaba sentada en su pequeña cama, al ver a su madre exclamó: “¿Y mis cholas? ¿No me las trajiste?”. Mamá se dio cuenta que no era una pesadilla, ni habladurías de dormida. La petición era certera. Había algo que ella no sabía pero que su pequeña hija sí. Con el rostro desconcertado, levantó a Gabi de la cama y fue con ella hasta una de las mecedoras de la sala. Se sentó a conversar con la pequeña.

—¿Ajá Gabriela? —así la llamaba cuando estaba enojada— ¿De dónde sacaste esa palabra?

—¿Qué palabra? —dijo Gabi, frotándose los ojos.

—Esa que gritabas desde tu cuarto.

—¿Qué cosa? ¡Yo quiero son mis cholas! ¿Dónde están?

—Eso… ¿Qué es eso? ¿De dónde sacaste, Gabriela, esa palabra?

Gabi se zafó de los brazos de la mamá y comenzó a recorrer toda la casa en busca de sus cholas. Buscó debajo de la cama, en la habitación de sus papás, en la sala, en el callejón que conduce al patio, y en el patio, pero no encontró sus cholas.

La mamá la seguía detrás como una gran cola, esperando encontrar la respuesta a esa palabra pronunciada por Gabi y que le producía horror y desconcierto. Las cholas no aparecieron, ni tampoco Gabi pudo explicar de qué se trataba.

 

  2.La nota en la nevera

Elsy trabaja de lunes a viernes y todos los días sale a las cinco. El viernes pasado, el papá de Gabi llegó un poco retrasado para suplir a Elsy en sus labores. Ese mismo día, Elsy alcanzó a decirle al papá de Gabi que había escrito una nota para la señora, con algunas cosas que necesitaba. La nota permaneció en la nevera durante el puente festivo. Ya tarde en la noche, en esos momentos en que uno comienza a recoger los cansancios del día, la mamá de Gabi encontró un papel envuelto, pegado a la nevera con un imán decorativo. Lo retiró y se sentó en la mecedora, desplegó el papel y leyó:

“Mi señora, le dejo esta nota para que me compre unas cositas que necesito para la otra semana:

Una mano de cambur. Me he dado cuenta que a Gabi le gustan mucho. Medio kilo de parchita bien escogidas, quiero hacerle un mousse a Gabi. Es una receta que mi abuela me enseñó, ella siempre se las dio de muy francesa y sifrina.

Le boté a Gabi un coleto de juguete que tenía en su cuarto, además creo que a ella ya le pasaron las ganas de coletear. Me compra dos cubitos y dos jojotos, y si consigue ocumo, con uno pequeño bastará, es para hacerles unas sopitas a Gabi. Si consigue tiernos, me trae más, sé hacer cachapas, y puedo dejarle a usted para los desayunos. Me consigue onoto en grano, con una bolsita será suficiente. El viernes le di a Gabi agua de papelón, pero ya se acabó el papelón. No traiga papelón rayado, yo lo puedo hacer aquí, y limones... […]

La nota seguía, pero los sentimientos de la señora estaban entre la indignación y el pánico. ¿Qué es lo que está haciendo esa Elsy con mi hija? Se preguntó. Tomó el teléfono y marcó con desespero el número de la tía que había recomendado a Elsy. Habló de la nota en la nevera. Se quejó, dijo que Elsy le estaba dando papel rayado a Gabi, que hasta había comido carburo, y que le dijera que no la quería ver más, que estaba despedida.

Con paciencia, la tía le pidió que le leyera la nota. La tía fue explicándole cada término con el conocimiento que da haber vivido en Venezuela por más de 30 años. “Niña, esto es inevitable, hay que ponerse en modo veneco, ayudar a la gente buena que ha venido, y pedir que Maduro dejé el poder pronto. No la vayas a despedir, está haciendo bien su trabajo, y Gabi se ha encariñado con ella”.

La señora, más tranquila volvió a su mecedora y continúo la lectura de la nota:

“Compre una lechoza, no muy madura, yo se la puedo dejar picada todos los días para que acompañe el desayuno. Le cuento que sembré una matica de marojillo en una potera vacía que encontré abandonada en el patio. Usted sabe, me pongo a hacer algo, mientras Gabi duerme.

Casi lo olvido, las cholas de Gabi las lavé después de fregar los corotos, y las puse detrás de la nevera, así que si pregunta por sus cholas, ya sabe dónde encontrarlas.

Gracias por su atención, nos vemos el lunes,

Elsy.

La señora se levantó, revisó detrás de la nevera, y ahí estaban las cholas de Gabi. Regresó a la mecedora más tranquila. Doblando la nota, recordó las palabras de la tía. “Esto es inevitable, hay que ponerse en modo veneco”.

Publicada originalmente el 18 de octubre de 2018

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