Opinión

Elogio de la rutina

Muy difícilmente nos imaginábamos que el mayor interés en estos días iba a ser uno bien particular: encontrarle sentido a la vida en un encierro

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abril 19, 2020
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Elogio de la rutina
La rutina, asociada al encierro, parece ser dibujada como la cárcel de la que hay que escapar. Foto: Culturizando

Hay un dicho chino que dice, “Ojalá vivas tiempos interesantes”. No hay certeza sobre el autor del dicho pero, desde su origen, fue visto, en realidad, como una maldición. Como en todo buen dicho, la paradoja es evidente: la intuición diría que es bueno vivir en tiempos interesantes. Sin embargo, el autor del dicho quería sugerir que los tiempos interesantes suelen serlo por los problemas que traen, casi siempre. “Ten cuidado con lo que deseas”, respondió otro.

Nos tocaron tiempos interesantes, sin duda. De manera inusual, al fin y al cabo, muy difícilmente nos imaginábamos que el mayor interés en estos días iba a ser uno bien particular: encontrarle sentido a la vida en un encierro. Se imaginaba el autor del dicho, supongo, que la maldición de lo interesante vendría de una guerra, un terremoto, un meteorito, algo que irrumpiera en la vida para lanzarla al vértigo de la búsqueda por sobrevivir. En general, el ser humano ha sobrevivido moviéndose, desde su cuna en el África. Nada de eso esta vez, le tocó a la humanidad enfrentar un minúsculo agente -¡ni siquiera hay consenso sobre si está vivo o no!- que nos obligó a quedarnos quietos.

Y quedarse quieto implica, inevitablemente, repetirse. Es complejo construir variación si hay una restricción definitiva sobre el espacio físico que se puede ocupar. Hay dos películas excelentes sobre la repetición, la primera The Groundhog Day, protagonizada por Bill Murray, es una comedia en la que Murray debe repetir todos los días la misma estructura del día. Empieza como una tortura. Llevado al desespero intenta suicidarse pero no logra morir, el despertador vuelve siempre a sonar a la misma hora, del mismo día. Eventualmente, logra inventarse variaciones interesantes que lo llevan a conquistar la mujer que buscaba. Cuando lo logra, el ciclo termina y, por fin, empieza un nuevo día para Murray. La otra película, The Truman Show, protagonizada por Jim Carrey, gira alrededor de la vida de Carrey en un estudio de televisión. Su vida es un reality show. Poco a poco, el protagonista encuentra pistas en su rutina que le revelan la verdad: toda su vida es un guion. Eventualmente, se lanza a los límites del estudio y sale a descubrir qué hay más allá.

En ambos casos al final, quedamos con la duda: ¿serán los tiempos más interesantes que esperan a Murray y Carrey, mejores tiempos? La rutina, asociada al encierro, parece ser dibujada como la cárcel de la que hay que escapar. Se logra por la autenticidad que logra Murray o por el coraje que consigue Carrey. Sobre esta idea, escribe la autora polaca, ganadora del premio nobel, Olga Tokarczuk: “descubrí que -pese a todos los peligros- siempre sería mejor lo que se movía que lo estático, que sería más noble el cambio que la quietud, que lo estático estaba condenado a desmoronarse, degenerar y acabar reducido a la nada; lo móvil, en cambio, duraría incluso toda la eternidad”.

¿Tiene razón Tokarczuk? y si sí, ¿cómo moverse en un encierro? En sus propias palabras, la vida sedentaria es “esa vida extraña en la que por la mañana se regresa a lo que se ha dejado por la noche, donde la ropa absorbe el olor del piso propio y los pies huellan incansablemente un sendero en la alfombra”. Toca encontrarle, para sobrevivir, un valor a la vida sedentaria. No hay alternativa. Estamos en esto en un plazo que ya no es corto, no hay que llamarse a engaños, serán por lo menos, meses, quizás años.

La rutina tiene un valor. Pienso en mi abuelo que trabajó más de 60 años, hasta un par de días antes de morir por un cáncer. Todas las madrugadas ponía Caracol Radio, el desayuno a la misma hora, el mismo conjunto de corbatas, la misma ruta a la oficina, almuerzo en casa y después, estrictamente, treinta minutos recostado oyendo el Pulso del Fútbol, regreso a la oficina, vaso de agua con hielo, hasta el final de la tarde. Un día de la semana, el mismo siempre, encuentro con los amigos para tomarse unos tragos y hablar. Pocas variaciones. Inmensa creatividad en los resquicios de esa estructura: quedan las líneas del Edificio Coltejer, la Universidad de Antioquia, Oviedo con el árbol en la mitad de la plaza de comidas, de la que fuera su oficina. Dibujos y más dibujos, soñando redefinir el sentido estético y el papel de la arquitectura en el desarrollo de Medellín.

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La rutina tiene más expresiones, más allá del uso del tiempo

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La rutina tiene más expresiones, más allá del uso del tiempo. Está el cuento de la repetición infinita de la ropa de Steve Jobs, como sabía qué se iba a poner todos los días, tenía un espacio mental adicional para pensar en algún problema más interesante. En la simplificación del conjunto de decisiones que debemos tomar -desde cuánto dura el reposo después del almuerzo hasta el color del saco del día- abrimos un lugar para innovar en lo que nos toque. Y, ahí, como dijo alguna vez el escultor suizo Alberto Giacometti, "La aventura, la gran aventura, es ver todos los días que algo desconocido emerge de la misma cara, eso vale más que todos los viajes alrededor del mundo".

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He tenido, desde que empecé a pensar en el valor de la rutina, la duda sobre el papel de las desigualdades en este elogio de la rutina

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He tenido, desde que empecé a pensar en el valor de la rutina, la duda sobre el papel de las desigualdades en este elogio de la rutina. ¿Será que solamente los privilegiados -que viven de crear algún tipo de valor desde algún arte, la academia, las finanzas, etc.- pueden encontrar valor en la rutina? Hablé esta semana con un grupo de recicladores, una recicladora y un vendedor de eucalipto que pasan por mi barrio. Llamaron mi atención porque siguen comportamientos predecibles. El grupo de recicladores -tres hombres jóvenes- pasan en la media mañana, gritando que reciclan. Lo que empezó como una disrupción algo angustiosa del silencio de estos días -gritaban y no conseguían nada-, se ha vuelto en otro tipo de ritual, desde varios apartamentos ya les responden el grito y les llevan algún reciclaje.

La mujer, que camina las calles los días que sacan la basura, en las madrugadas, también sabe exactamente a qué horas debe pasar. Saluda, respetuosa, y avanza en su camino de explorar las basuras. Siempre me conmueve la dignidad de su saludo y que no acepta nada distinto a hacer su trabajo de reciclaje, de manera ordenada, limpia y sistemática. El hombre del eucalipto, intuyó, que la planta quemada suele ser vista como una forma de purificar ambientes en este país. Anuncia su venta con un mensaje estructurado. Un día le sugerí que llevara un tapabocas y guantes -bien usados, ambos- porque podía perder clientes asustados por la contaminación del virus. Ahora los lleva y vive de esas ventas.

Espero que el lector encuentre un valor en la rutina. Se necesita, para encontrarlo, de un poco de orden, consistencia y paciencia. En estos tiempos difíciles, más que antes, no tenemos escapatoria a los laberintos que diseña nuestra mente, a repetir el paisaje, una y otra vez. Puede ser que aprender a construir lo que nos importe, en el marco de una estructura de trabajo rígida, sea lo mejor que nos deje, como individuos, esta pandemia. Que sean, así sí, tiempos interesantes.

@afajardoa

 

 

 

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