Elegir bien para vivir en una Colombia decente

En dos años ha habido 231 masacres, 21 millones de personas subsisten con menos de 400.000 y 7 millones viven en pobreza extrema. Educación y ciencia tampoco andan

Por: Elmar Darío Pautt Gutiérrez
mayo 27, 2022
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Elegir bien para vivir en una Colombia decente
Foto: Leonel Cordero

Los colombianos han reducido su capacidad de discusión alrededor de quién es la persona adecuada para gobernar el país, no solamente por la escasez de información valiosa sobre las propuestas planteadas por cada uno de los candidatos en contienda, sino porque el odio atizado desde diferentes orillas políticas y medios de comunicación manipulados lograron socavar la razón de millones de electores.

Sumado a estas dos situaciones se debe destacar un tercer elemento, el más importante. Es haber perdido de vista cuáles son las prioridades, las ausencias físicas y morales que maltratan inhumanamente a Colombia. Embebidos en la carnicería de unos mal llamados «debates», en los que la mayoría de las programadoras patean con un solo golpe la posibilidad de hacer pedagogía alrededor de necesidades y propuestas, se ha caído en la estupidez de abrir el escenario para la rendición de cultos a egos recalcitrantes, morbosos, megalómanos, en síntesis, malsanos, ocultando por completo lo fundamental que reclama el país.

Al hacer un inventario de los aspectos más importantes que se requieren para que Colombia sea un país viable política y socialmente hablando, con imagen positiva y decente en la esfera internacional, hay que empezar por decir que la vida humana debe ser respetada sin objeción alguna.

No existe discusión válida en ninguna sociedad si no se antepone a los demás intereses el del derecho a la vida. Ninguna brecha se podrá cerrar en realidad, si la sociedad no entiende que la diferencia de conceptos e ideales son parte esencial de la constitución de una democracia, y que el derecho a pensar y a decirlo en voz alta es lo que robustece y consolida los derechos de todos los ciudadanos, más allá de credos, religiones, razas o partidos políticos.

El término «provida» debe entenderse, por antonomasia, al respeto a la vida del ser humano en cualquiera de sus etapas (no me refiero al periodo de gestación). Desde otra perspectiva es antagónico el significado de la palabra con la realidad que se vive. Tiene que incrustarse en la médula de lo que es moralmente adecuado, en un país que merezca decentemente reconocerse como democrático, y por ende garante de los derechos humanos.

De acuerdo con información entregada por Indepaz, entre el 2020 y mayo del 2022 han ocurrido 231 masacres en el país, que han dejado 877 muertos. Cifras que deberían alertarnos sin lugar a duda, y ser una preocupación cierta de los candidatos a la presidencia de la república.

Pero no menos importante es la situación que viven varias familias en el país, cuando se conoce por parte del Instituto Nacional de Salud que entre las semanas epidemiológicas 15 a la 19 (10 de abril a 14 de mayo de 2022), se ha presentado la muerte de 114 niños menores de cinco años; 27 de estas muertes probablemente asociadas a desnutrición, y las demás a infección respiratoria o a enfermedad diarreica aguda. Escandalosa cifra que ni asombra ni preocupa.

La condición económica de la población colombiana también es un elemento que debe ser analizado escuetamente. Las necesidades satisfechas de unos cuantos no pueden ocultar las insatisfechas de muchos.

Al respecto, hace aproximadamente un año que el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) dio a conocer que más de 21 millones de personas subsisten en Colombia con menos de $331 688, cifra que marca la línea de pobreza en el país.

Pero sumado a lo anterior, el mismo reporte confirma que más de 7 millones de personas viven con menos de $145 004 al mes, lo que se considera es vivir en pobreza extrema. Estos ingresos no son suficientes para adquirir las calorías necesarias para gozar de una buena salud.

Y si nos vamos adentrando más en lo que necesita con urgencia el país, entonces nos encontramos con el tema de la calidad en la educación. El discurso de los diferentes candidatos a la presidencia se ha venido desarrollando alrededor de la gratuidad y la cobertura, principalmente. Pero muy poco se escucha de qué manera se va a alcanzar una calidad que hoy en día no existe, salvo contadas excepciones en lo individual.

Y no es solamente la calidad en la educación superior lo que debe preocupar. En preescolar sí que tiene falencias el sistema educativo nacional, olvidando la importancia que representa una educación con calidad durante la primera infancia.

Hay que hablar, aprovechando el tema de la educación, de la investigación en Colombia. No se propicia desde el alto gobierno inversión para la investigación en ciencia y tecnología, que trae consigo la innovación. Un factor en el que varios países del mundo nos han tomado la delantera.

En Colombia desde el año 2000 se propuso como meta invertir el 1 por ciento de su PIB en ciencia, tecnología e innovación. Hace poco solo llegaba al 0.84 por ciento.

Pero ni las propuestas de los candidatos a la presidencia de Colombia, ni las preguntas formuladas por quienes organizan el desfile de egos exagerados, tienen como prioridad ni la investigación, ni la ciencia, ni la tecnología, aspectos esenciales para el desarrollo del país. Ni otros temas coyunturales pero no tan llamativos para incrementar la audiencia o acumular vítores y halagos.

Es importante centrarse en lo fundamental que necesita Colombia y cada una de sus regiones. No en la simpatía o antipatía que las redes sociales y algunos medios de comunicación inescrupulosos han logrado inyectar en gran parte de la sociedad colombiana contra uno u otro candidato.

Conocer la realidad del país hace la diferencia con aquellos que únicamente se quedan con los desprestigios y las descalificaciones, vengan de donde vengan.

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