El viaje de las víctimas a La Habana

Las heridas empiezan a cicatrizar y los causantes, reconocen los daños.

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agosto 26, 2014
El viaje de las víctimas a La Habana
co.undp.org

En un avión privado partieron 12 personas a las 10 de la mañana del aeropuerto El Dorado en Bogotá el viernes 15 de agosto. Tras un vuelo de casi 7 horas y una noche de descanso, Ángela Giraldo, Alfonso Mora, Constanza Turbay, Débora Barros, Jaime Peña, Janeth Bautista, Jorge Vásquez, José Antequera, Leyner Palacios, Luz Marina Bernal, Eugenia Cruz y Nelly González, llegaron al lugar donde vieron por primera vez, el rostro de quienes les cambiaron la vida sin vuelta atrás. Allí estuvieron durante 9 horas, en un amplio auditorio de paredes blancas y ventanas del piso al techo que permitían ver la vegetación exterior del Centro de Convenciones de La Habana.

El momento de encuentro fue emocionante para José Antequera, hijo de José de Jesús Antequera líder de izquierda por la Unión Patriótica asesinado en 1989. Igual que su padre, siente un compromiso por la salida negociada al conflicto. Sabe que es un sueño difícil de alcanzar pero está convencido que puede ser una realidad. El ingrediente esencial para lograr la paz dice, es que otras personas no tengan que pasar por lo mismo que él y su familia.

Para Ángela María Giraldo es clave que no se repitan historias como la de su hermano Francisco, el diputado asesinado en medio del secuestro. Cuando intervino frente a los delegados de la guerrilla y el gobierno y las demás víctimas, se sintió segura y pidió que no haya más minas antipersona, que se localicen las que ya están enterradas en el campo y que se hable del paradero de los desaparecidos.

La selección de esta primera comisión de víctimas del conflicto armado que viajó a Cuba, donde hace casi 2 años el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Farc discuten un acuerdo de paz, estuvo a cargo de monseñor Luis Augusto Castro, presidente de la Conferencia Episcopal, Fabrizio Hochschild, representante de Naciones Unidas en Colombia y el profesor Alejo Vargas del Centro de Pensamiento y Seguimiento a los Diálogos de Paz de la Universidad Nacional.

La tarea de escoger 12 personas que representen a 6 millones de víctimas no fue sencilla. Tampoco lo hicieron lanzando monedas al aire o a su libre albedrio. Eran 3 ciertos los criterios básicos fijados por las partes en la mesa de conversaciones. Los mismos que serán tenidos en cuenta para establecer los 48 integrantes de los 4 siguientes grupos.

1. El equilibrio, el pluralismo y la sindéresis, que se deben ver reflejados en la composición de cada una de las delegaciones

2. Las delegaciones deben reflejar todo el universo de violaciones a los derechos humanos e infracciones al DIH que se hayan presentado a lo largo del conflicto interno, teniendo en cuenta los diferentes sectores sociales y poblaciones, y el enfoque regional.

3. Los miembros de las delegaciones deberán ser víctimas directas del conflicto y participarán en esa condición y no en representación de otros.  Lo anterior no excluye los casos de victimización colectiva.

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Antes del viaje, el sacerdorte Echeverry, Hochschild y Vargas ofrecieron una rueda de prensa para anunciar los nombres de las víctimas elegidas

Una verdadera papa caliente tienen monseñor Castro, Hochschild y Vargas. Sin embargo le han salido al paso a las críticas que dieron espera. Entre las más comunes están: “que las víctimas son instrumentalizadas” “que hay movimientos políticos de izquierda tras su selección”, “que no tenían que ir las víctimas de los paramilitares ni del Estado”. Los 3 quieren dejar claro, que con seriedad y respeto por la dignidad y el dolor que atraviesa cada alma de los 6 millones de víctimas, asumieron la responsabilidad encomendada. Si se quiere histórica.

El mismo Hochschild esquiva los dardos que el procurador Alejandro Ordoñez, el senador Álvaro Uribe, el presidente de los militares en retiro Jaime Ruiz lanzaron a los foros de víctimas en Barranquilla y Cali, a quienes la guerra les arrebató sus familiares, y al mismo proceso de paz. Dice que gracias al trabajo al lado del profesor Vargas y monseñor Castro, el grupo de víctimas que viajó y los que siguen, son diversos, plurales y representan varios hechos violentos, regiones, estratos sociales y posturas políticas.

Las víctimas son más que un grupo de personas enlistadas en una hoja de papel. Sus historias particulares cuentan un antes con una vida tranquila, y un después cuando sus hijos, padres y hermanos dejaron espacios vacíos por doquier. Cuando la incertidumbre de no conocer la suerte que corrieron muchos de ellos se apoderó de su ser día y noche. Cuando de repente la fuerza de los recuerdos los arrojaba a piso y las imparables lágrimas de tristeza y rabia empapaban sus caras.

A Ángela María Giraldo, las Farc le secuestraron y asesinaron su hermano, el diputado Francisco Giraldo en Valle del Cauca. En Bogotá al hijo de Alfonso Mora León, miliciano de las Farc, lo asesinó el ejército. Constanza Turbay perdió a su mamá, 2 hermanos y 5 miembros más de su familia en Caquetá por cuenta de las Farc. Los paramilitares casi acaban también con la familia de Débora Barros en La Guajira. El hijo de Jaime Peña en Santander y 32 jóvenes más, lo desaparecieron y asesinado los paramilitares. A Nidia Erika Bautista hermana de Janeth, el ejército la desapareció y asesinó en Bogotá. Jorge Vásquez fue obligado por las Farc a abandonar su hogar en Huila. Leyner Palacios tuvo que hacer lo mismo en Chocó por los enfrentamientos entre guerrilleros y paramilitares; también María Eugenia Cruz en Valle del Cauca debido a su trabajo como líder de mujeres víctimas de la violencia de género Al padre de José Antequera, en Bogotá lo asesinaron los paramilitares por ser dirigente político de la Unión Patriótica. Luz Marina Bernal perdió a su hijo en Cundinamarca porque lo desapareció y asesinó el ejército. A Nelly González las Farc le asesinaron un hijo militar en Cauca.

El encuentro entre estas personas y aquellos que señalan como victimarios, fue una oportunidad para decirle a Iván Marquez y Pablo Catatumbo, a Sergio Jaramillo y Humberto de la Calle, que su dolor es real. Que urge construir un país donde no se repliquen los asesinatos ni las fosas comunes. Les pidieron que no se levanten de la mesa hasta no concretar la paz. En medio de desgarradores testimonios, una frase quedó retumbando en oídos de todos, recuerda Hochschild. “Señores del gobierno y señores de las Farc: aquí han escuchado del castigo que ustedes nos han impuesto, a través de este conflicto. Entonces, el castigo que queremos imponerles a ustedes, cariñosamente, es muy sencillo: no se levante de aquí hasta llegar a un acuerdo”.

Las víctimas no fueron a La Habana a clavar miradas desafiantes en los negociadores de las Farc y del gobierno. Hablaron como nunca antes lo pudieron hacer y escucharon sin refunfuñar. Perdonar no era de ninguna manera requisito para ser parte de la delegación; esa es una decisión que cada quien toma. Pero quienes estuvieron en aquel auditorio leyeron un comunicado con un mensaje unificado: perdón para llegar a la paz. Los negociadores de un lado y de otro ratificaron el compromiso de conseguirla. Reconocieron que nada de lo han tenido que vivir miles de familias debió suceder. Hochschild considera que el encuentro desnudó una lección que el país debe aprender.

En Colombia hay quienes lamentan que un tema tan crucial no hubiese hecho eco más allá del escándalo que armó en Cali un desconocido que dice trabajar con víctimas de las Farc y de quien se supo tuvo relación con un grupo nacional socialista. A su regreso de La Habana, solo Ángela Giraldo estuvo en el foco de atención y no precisamente porque a su hermano Francisco Giraldo lo secuestró y asesinó un grupo de guerrilleros de las Farc en el Valle del Cauca igual que a 11 de sus compañeros de trabajo, sino porque a la representante a la Cámara, María Fernanda Cabal se le ocurrió escribir en su cuenta de Twitter “esta víctima saluda a las Farc muy contenta… ¿síndrome de estocolmo?”. La señora Giraldo no quiso dejar pasar por alto esas palabras. No le pareció justo ni prudente que una funcionaria pública dijera lo que le pareciera sin medir las consecuencias. Por eso denunció a la Representante.

Tomada de Twitter

Tomada de Twitter

Con el reciente anuncio acerca del estudio de lo pormenores de la entrega de las armas de las Farc y la voz de las víctimas resonando en tono de reconciliación, se acerca el día de firmar la paz. Al menos esa es la gran expectativa en el país de más de medio siglo de guerra a cuestas. El más antiguo del continente americano.

 

 

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