El verdadero partido de la paz

Por: Simon Villegas Restrepo
febrero 03, 2014
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El verdadero partido de la paz
Imagen Nota Ciudadana

Aunque sólo se hayan concretado dos puntos de la agenda, creo que ya es inevitable que el Gobierno y la Guerrilla lleguen a un acuerdo para cesar la confrontación armada. Siga o no Juan Manuel Santos en el poder, estas negociaciones van más allá de él y, siempre y cuando el próximo presidente tenga voluntad de paz ( que no sea ni Óscar Iván Zuluaga ni Marta Lucía Ramírez), el proceso de La Habana va a llegar a buen término. Así, pues, lo que más debe pesar en las próximas elecciones es elegir un gobernante y un congreso que sea capaz de ayudar a Colombia a construir la reconciliación, a sanar las heridas de guerra.

El conflicto armado (no el conflicto) es, en esencia, un problema ético. Si bien puede decirse que se debe a la mala distribución de la tierra en Colombia, al cierre de la participación política etc., como apuntó con mucha razón Estanislao Zuleta, la guerra es una fiesta: la de querer imponer la razón, la religión, es decir, de suprimir al otro y así acabar con el conflicto. Así, la causa de la guerra, la de Colombia y la de cualquier otra parte, es el no saber desarrollar los conflictos sin atacar al Otro. Lo importante entonces para lograr “la paz” es avanzar en la construcción de una moral social abierta al debate, a la verdadera democracia, que implica la confrontación de ideas. Y el escenario de debate por excelencia es el Congreso. El criterio entonces para elegir a los próximos legisladores debe ser su pulcritud ética.

Ahora, es muy difícil creer que puedan haber 268 políticos con principios democráticos–los que promueven un debate de altura, de conflicto sin guerra y que no viven aprovechándose del estado–en Colombia, por no decir en el mundo. La verdad es que, observando las listas de los principales partidos, los que tienen oportunidad de ganar, es difícil creer que se pueda tener un Congreso que le dé vida a la democracia colombiana, que la vuelva democracia. Como he dicho, más allá de aprobar leyes para hacer la transformación agraria que necesita el país, lo prioritario es que esas leyes se hagan en un ambiente democrático, donde pesen más los argumentos que el poder armado o económico que tenga algún partido.

Ni el partido Conservador ni el Liberal ni la U ni Cambio Radical ni el Centro Democrático etc. cuentan con personas que hagan debates de altura y son insignias de la politiquería. Las mayores fuerzas electorales no son las que van a reconciliar a Colombia, pues están manchadas de corrupción y de sangre, sobre todo por sus vínculos con los grupos armados que han causado el conflicto. Estarán y deberán estar en el próximo Congreso, pero no lo deben hacer como mayorías que imponen su ideología a la fuerza (bien sea de las armas o la del dinero). Tendrán que sobrevivir con argumentos e ideas, tratando de corregir todas las “cagadas” que le han hecho a los ciudadanos. Así como las FARC deben llegar algún día al Congreso, a intentar reparar el daño que han causado.

Sin embargo, la política tradicional (la de Uribe, Santos, Marta Lucía etc.) tiene que dejar de llevar la batuta del debate. Es momento de que la lleve un partido o movimiento con verdaderos principios, que haya demostrado tratar los problemas del país con altura, con argumentos y sin caer en la politiquería. El único que lo puede hacer es el Polo Democrático. No sólo porque, a diferencia de muchos grupos ciudadanos honorables, tiene oportunidades reales de ganar, sino porque sus militantes son personas preparadas, que han estudiado y que hacen campaña montando en bus, acercándose a la gente, sin mentirle y defendiendo la democracia.

Yo, debo decirlo, no estoy de acuerdo con varias de sus propuestas, pues tiendo más a apoyar mercados libres (los de verdad, no como los de Santos) y estados mínimos. Sin embargo, lo más prioritario es fortalecer los principios éticos que dieron causa a la guerra y sólo el Polo lo puede hacer. Además de que, por la situación económica y social que tiene Colombia, sus propuestas son las más pertinentes. Todavía no es hora de hablar de mercados libres, que no existen en ninguna parte.

El Polo no significa, como tienden a decir ciertos derechistas, “chavismo”. Sus ideas no son populistas, no son hechas a la medida de lo que la gente quiere escuchar sino a la de la realidad del país. Esto sin contar el hecho de que es absurdo comparar a Clara López con Chávez o Maduro y a Robledo con Diosdado Cabello. Es como comparar una montaña verde, de esas que abundan aquí, con un moco. Chávez quebró a la industria, a la democracia y mantuvo a su pueblo con mercados. Así como aquí Pastrana, Uribe y Santos quebraron a los industriales y han mantenido a la gente en la miseria con bienestarina; o sea pobres que no progresan, pero que no se mueren de hambre.

Juan Manuel Santos ya ha hecho muy bien su labor respecto al proceso de paz. Eso hay que reconocerlo. No obstante, en la mayoría de los otros temas demostró no poder cumplir lo que prometió, como con las carreteras. Así mismo, su forma de gobernar clientelista y promotora del lobby, no le puede traer nada bueno a Colombia. Estas prácticas, que tienen al país en el desastre, hay que castigarlas electoralmente. La propuesta de El Polo, pues, es la de la paz verdadera, la que nos va a ayudar a darle altura a nuestra democracia, que está casi muerta.

Por último, quiero aclarar que no digo nada de Alianza Verde porque, aunque tienen senadores honorables como John Sudarsky, su afán de poder los ha convertido en otro partiducho más, que se vende al primer umbral que le regalen.

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