La política colombiana atraviesa un terremoto interno. José Félix Lafaurie y María Fernanda Cabal anunciaron su salida del Centro Democrático mediante una carta dirigida a Gabriel Vallejo, director del partido. En ella denuncian la falta de transparencia en la elección de Paloma Valencia como candidata presidencial y aseguran que los resultados de la encuesta fueron manipulados. La fractura dentro del principal partido de oposición al Gobierno queda expuesta en el peor momento para la derecha.
La renuncia de Lafaurie y Cabal coincide con el ascenso de Iván Cepeda, candidato de izquierda que convoca multitudes en plazas públicas antes consideradas bastiones uribistas. Mientras la izquierda gana terreno con propuestas y movilización, la derecha se hunde en disputas internas y en la incapacidad de articular un proyecto convincente.
El partido fundado por Álvaro Uribe muestra signos de desgaste. El expresidente, otrora figura dominante, hoy implora respaldo ciudadano para que alguno de sus discípulos alcance el poder. Sin embargo, sus llamados parecen desconectados de una sociedad que ya no responde a viejas consignas. Las encuestas favorecen al candidato de izquierda, y la salida de la familia Lafaurie-Cabal, defensores históricos del uribismo, golpea aún más las aspiraciones de quienes soñaban con recuperar la presidencia.
El Centro Democrático se asemeja más a una secta que a un partido político: sus militantes no debaten, obedecen. La deslealtad hacia algunos de sus propios afiliados ha erosionado la confianza interna, y lo que fue una fuerza sólida de oposición hoy parece un movimiento improvisado que recorre pueblos en busca de reconocimiento.
Muchos esperaban que, de cara a las elecciones, la derecha lograra unirse en torno a una candidatura fuerte capaz de enfrentar a la izquierda en primera vuelta. Pero lo que se observa es un bloque debilitado, cargado de escándalos y sin propuestas claras. Su discurso se reduce a repetir que el objetivo es derrotar a Petro, sin ofrecer alternativas reales para el país.
El panorama económico nacional, aunque con retos pendientes, no respalda la narrativa del “Castro-Chavismo” que la derecha insiste en agitar. Ese discurso se desmorona junto con las coaliciones fallidas que intentan construir. El tiempo corre y lo que se observa en los aspirantes de derecha no inspira confianza: un partido que envejece con su militancia, tambaleante ante una izquierda que se fortalece día tras día.
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