El temido regreso del glifosato

Algunos apuntes de un médico sobre las consecuencias que podría tener el controversial herbicida en la salud

Por:  JAIME ALTAMAR RÍOS
septiembre 23, 2020
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El temido regreso del glifosato

Cuando pensábamos que ya se había extinguido el rostro tenebroso del glifosato (gp), el ministro de Defensa, Dr. Carlos Holmes Trujillo, con palabras fuertes nos sorprende diciendo: todo está listo para reiniciar las fumigaciones con el benigno polvo del glifosato, para fumigar aquellas atractivas tierras, con sus llamativos cultivos de coca; que parecían brotar espontáneamente de un dulce y misterioso encanto. Ello hacía recordar aquel fabuloso negocio que decía: “Mientras Monsanto lo enferma, Bayer lo medica”. Y si el enfermo se resistía a esa medicación, sencillamente se le amenazaba con “descertificar a Colombia”. Para tranquilizar a la población alarmada, se difunde por los medios que el GP no hace ningún daño a la salud humana y, según el señor ministro, el glifosato es el herbicida más utilizado por su supuesta benignidad, siendo para él el menos tóxico y usado a dosis de 2,5 lt/ha al 1% e iniciado su uso en 1978 para “eliminar las malas hierbas” en los cultivos de arroz y soya hasta 1915, a dosis incalculables.

Y andando por los años 90 al 95 ya se habían desarrollado los cultivos de coca, amapola y marihuana en las tierras de la Sierra Nevada de Santa Marta, con una alta producción de estos cultivos. De allí surge sorpresivamente una gran incidencia sorprendente de patologías: malformaciones congénitas, enfermedades cardiovasculares, cáncer y otras enfermedades no transmisibles de origen multifactorial. Para combatir estos cultivos se utilizó el glifosato a dosis usadas en la agricultura. Pero resulta que la coca, la amapola y la marihuana no son malas hierbas, son “arbustos”, por lo que ellos son más exigentes respecto a la dosis y tipo de químico. Por ello, para estos últimos se utilizó una potente mezcla de glifosato y surfactantes (POEA, Cosmoflux 411f y Cosmoín-D), asociados a otros potentes herbicidas: Imazapir, Exacinona, etc. El glifosato en estos casos, se aplica en concentraciones 26 veces mayores que la dosis recomendada, mezclados con los tres surfactantes. Con ellos el GP incrementa cuatro veces la acción biológica del herbicida. Llama la atención cómo a estas alturas, después de transcurridos unos 40 años del desastroso empleo del glifosato con todas sus implicaciones, aún el señor ministro de Defensa insiste en la esencia maldita de ese diabólico veneno.

Además, el glifosato es, según lo señala la Agencia de Protección Ambiental, APA, un compuesto de naturaleza ácida. Ahora, según estudios previos del eminente fisiólogo alemán Hernaich Wasburgs, sobre el origen del cáncer, por lo que fue galardonado con el Nobel de Medicina en 1931, el profesor Wasburgs, en sus observaciones llegó a la conclusión que el ambiente ácido es el propicio para el desarrollo del cáncer, todo lo contrario del ambiente alcalino, el indicado para curarlo.

Pero ese oscuro panorama que nos ofrece el futuro consumismo, para llevarnos a un supuesto mundo más sano, tal vez tomando equivocadamente los herbicidas, como el glifosato, entre ellos, basado Monsanto, en el desconocimiento que se logra mantener en estos países. Además, en un estudio publicado con anterioridad, señalábamos que: los cultivos transgénicos fueron acogidos con gran satisfacción por el gobierno colombiano en la primera década de este siglo, sin la consulta previa.

Pero aquella esperanza redentora, muy pronto terminaría en un profundo desencanto en toda nuestra población. Se buscaba con ello legalizar la propiedad privada de los recursos agrícolas para remediar sutilmente el hambre a nivel mundial. Pero el hambre siguió ahí, inclemente, mientras los empresarios acumulaban más y más hectáreas de tierra, para dedicarlas al cultivo de la coca y de la palma. Desde luego, las autoridades siempre han hecho lo posible por justificar la eliminación de esos cultivos ilícitos, sin sustentos científicos básicos de las consecuencias, porque intentaban ser complacientes con los intereses económicos de Monsanto, como los intereses políticos de EE.UU. Uno de ellos, tal vez el primero, fue que un estudio de 85 páginas, en el año 2000, que fue propiciado por el notable fisiólogo de las plantas, el profesor Garay Williams, de la Universidad de Nueva York. El profesor Williams señaló que el glifosato inhibía los aminoácidos esenciales de las plantas: el triptófano, la fenilalanina y la tirosina. Hasta aquí, según eso, todo en el GP, al parecer, carecía de trascendencia patológica.

Pero un médico no debe jamás pasar por alto, impunemente esta última afirmación, tan fundamental, por cuanto estos tres aminoácidos destruidos por el GP son elementos esenciales de la importante cadena de 129 aminoácidos de la trascendente y básica encima la lisozima, de sumo valor en la fisiología humana (descubierta en 1922 por Alexander Fleming, así como la penicilina en 1928, por el mismo, siendo galardonado con el Nobel de Medicina en 1945). La lisozima desempeña una función trascendental en la defensa del organismo humano de las enfermedades no transmisibles, entre ellas el cáncer endógeno, eliminando los radicales libres que lo producen. Y por poseer una carga eléctrica positiva, ella elimina al papilomavirus de carga eléctrica negativa, que ocasiona el cáncer de cuello uterino, laríngeo y cutáneo.

Con esta visión general, buscamos profundizar un poco en la interpretación química del GP, su acción patológica y sus consecuencias en el organismo humano, juzgándolo como un tóxico letal, al usarse de manera irresponsable. Al asociarlo con los solventes, como activadores, cual es el caso del Roundup, su toxicidad se exacerba por acción de los surfactantes POEA (cancerígeno más potente que el GP), Cosmoflux-411f y Cosmoín-D, añadiéndoles un mayor riesgo patológico. El GP al disminuir la biosíntesis de los aminoácidos triptófano, fenilalanina y tirosina en las plantas, disminuye la generación proteica en las mismas, por lo que paraliza el metabolismo y su crecimiento. Por ello, el GP al alterar la funcionalidad de la mitocondria con disminución energética, está predisponiendo al cáncer y otras patologías del síndrome metabólico: hipertensión arterial, infarto, aborto, malformaciones congénitas, esterilidad y muerte.

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