El sensei como fórmula salvadora contra las drogas en Ciudad Bolívar

60 medallas han ganado los estudiantes de Andrés Hurtado, maestro de sociales y cinturón negro en karate

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octubre 27, 2015
El sensei como fórmula salvadora contra las drogas en Ciudad Bolívar

“A mí los profesores y los directivos me dicen ‘el hijo de la Estancia’, porque cuando llegué estaba flaco, acabado. No tenía dientes, andaba con los labios secos, las manos quemadas de bazuco, con la ropa untada de pegante”, así comienza su relato Johan Sebastián Cifuentes, un exalumno y ahora deportista consumado, que con orgullo afirma que el karate lo alejó de las calles y lo ayudó a ‘enderezar el camino’.

Todas las noches, y sin excepción, el colegio La Estancia – San Isidro Labrador se convierte en una escuela de artes marciales. Esfuerzo, sudor y determinación. Esas son las claves con las que estas nuevas promesas del karate nacional quieren conquistar el mundo. De Ciudad Bolívar a los podios más cotizados de las artes marciales.

Los 50 estudiantes que aquí se entrenan, disciplinados y rigurosos como cualquier deportista de alto rendimiento, han recogido más de 60 medallas en certámenes distritales y nacionales, gracias a la inclusión del karate como uno de los centros de interés de profundización de los aprendizajes que ofrece la educación pública en la implementación de la Jornada Completa de Bogotá. Ellos eligen lo que quieren aprender, la escuela lo hace posible.

El profesor Andrés Hurtado es el primero en llegar al comedor del colegio y con unos pequeños ajustes se convierte en el ‘Dojo’, palabra japonesa que designa el  lugar sagrado para el entrenamiento de las artes marciales. Este maestro  de ciencias sociales cuelga su bata y se pone su uniforme, su cinturón negro que lo acredita como el sensei de esta “escuela de karate estrato 1”, como él mismo la llama con orgullo.

Con ayuda de uno de sus pupilos, retiran las mesas, apilan las sillas y cuelgan los estandartes de la escuela en los que se leen las leyes del karate Shotokan: perfeccionar el carácter, ser fraterno, ser constante, respetar a los demás y frenar el comportamiento violento, leyes que fueron asumidas como compromisos por los estudiantes en cada jornada de trabajo.

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Foto: Julio Barrera

 

“A raíz del asesinato de mi papá empecé a desjuiciarme, a coger malas amistades. Esas amistades me enseñaron a consumir drogas. En un momento ya no llegaba a la casa dos, tres meses, un año. Dejé el colegio y cuando me di cuenta, ya estaba en la calle. Reciclaba, robaba, pedía en tiendas. Tengo gastritis, úlcera de aquellos días”, recuerda Johan Sebastián Cifuentes, uno de los primeros que llegó a la escuela del profe Hurtado para sanar sus heridas. Hoy son cerca de 50, de todas las edades, los jóvenes que en esta escuela se forman para ser campeones.

Un día, cuando tuve a la muerte cerca, sentí esa necesidad de cambiar y regresé al colegio. Aquí me acogieron los profes y los compañeros, sobre todo el profe Andrés. Le debo mucho al sensei Andrés. Él me acogió, me entrenó con mucha paciencia porque yo era puro descontrol. Cuando hemos tenido problemas, él nunca me ha dicho váyase, no vuelva. Al contrario, me dice: ‘Sebas, usted sabe que aquí es bienvenido, bájele un poquito’, entonces uno ya como que uno va entendiendo más y empieza a cambiar”.

Gracias a su determinación y después de seis meses de riguroso entrenamiento, Johan logró conseguir sus primeras medallas. Dejó las calles, se graduó como bachiller y ahora se capacita como técnico administrativo. Está enfocado en el deporte, en el estudio, en construir un futuro. Las enseñanzas del karate y del profe Andrés, vivirán en su corazón toda la vida.

“Lo que más me gusta del karate es que es una actividad donde se valora el esfuerzo. Aquí el que suda, el que trabaja, el que sufre, es el que se gana el respeto del sensei y de los compañeros. El karate me ha enseñado a ser disciplinado, a levantarme temprano, a entrenar a diario, a ser más reflexivo ante un problema, a llevar la vida con calma. Y lo más importante: aprendí que el karate no es violencia, ni golpes, todo lo contrario. Es una manera de relacionarse con el cuerpo, con los demás, porque golpes puede tirar cualquiera, pero aquí nosotros no peleamos, combatimos”, finaliza.

Johan no es el único que, además de medallas, ha ganado una valiosa enseñanza para la vida. También está el caso de Dayan Rodríguez, una niña que pasó de ser la típica ‘bravucona’ que casaba peleas por una mala mirada, a ser una de las líderes del colegio y una mediadora en la resolución de conflictos.

“Yo había visto peleas de karate en internet y en películas y me parecía muy chévere, pero no tenía la oportunidad de entrar a una escuela porque son muy caras. Así que cuando abrieron ese centro de interés aquí en el colegio, me metí de una. Me llamó la atención entrenar un deporte diferente al fútbol y al baloncesto”, comenta Dayan, y reitera que gracias a esta disciplina ahora es menos agresiva y menos conflictiva.

Dayan tiene 16 años, y aunque apenas lleva 10 meses entrenando, ya despunta como una de las promesas de este deporte en el Distrito. Recientemente, se llevó dos medallas de bronce de un certamen en Envigado, Antioquia. Su proceso, como el de muchos otros, da cuenta de los beneficios de esta disciplina deportiva en la formación de las niñas y los niños.

“Yo antes era grosera y buscaba peleas, le contestaba mal a los profesores. Desde que empecé a entrenar me he vuelto más tranquila, más calmada. Una de las cosas que el sensei nos repite todo el tiempo es que los karatecas no pelean para atacar a los demás, sino para defenderse”, dice Dayan mientras se ajusta su flamante cinturón celeste, aunque, como ella misma dice “el cinturón es para tenerse los pantalones, lo primordial es entrenar para ser mejor persona”.

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Foto: Julio Barrera

Los uniformes y los guantines con los que practican, fueron donados por deportistas que se han unido a esta maravillosa causa. Los lazos de entrenamiento los construyen ellos mismos, las bandas elásticas son neumáticos viejos recortados. Aquí no hay lujos ni suntuosidades, solo ganas de trabajar y empeño para aprender. Como dice el sensei Andrés, lo importante no son los cinturones y las medallas, sino las ganas de mejorar las condiciones de vida a través del deporte.

“El aspecto más profundo del karate es la transformación de las personas. Para nosotros, aquí en el colegio, la apuesta es que el karate sea un vehículo de transformación hacia la ciudadanía, hacia reconocer la diferencia y vivir en la diferencia”, dice el sensei Andrés, quien junto a su colega Elizabeth Cárdenas, encontró en el karate do una valiosa herramienta para transformar las vidas de sus estudiantes e inculcar en ellos profundos valores de convivencia.

Esta disciplina deportiva, con el sentido pedagógico que el sensei Andrés le ha inculcado, busca formar seres humanos sensibles y solidarios, que estén en armonía con su cuerpo y con su mente y que trabajen para mejorar su entorno y su colegio.

Tal vz es por eso es que han bajado los índices de violencia en esta institución y la convivencia ha mejorado. “A los chicos les gusta mucho el karate porque les da la oportunidad de sacar las tristezas, los problemas, todo eso que tienen adentro. Después del entrenamiento, salen de aquí liberados”, recalca la profe Elizabeth, otra aficionada de las artes marciales que alterna su quehacer de maestra de química con la actividad deportiva.

Aunque ganar medallas no es el fin último de esta disciplina, “porque las medallas se oxidan y los trofeos se pierden en los trasteos”, como dice con sabiduría el sensei, la competencia ha sido uno de los aspectos de esta iniciativa que más ha llamado la atención de los estudiantes.

Viajar a otras ciudades, medir sus habilidades con deportistas de todo el país e intercambiar experiencias y foguearse en torneos de gran envergadura, ha hecho que estas promesas del deporte se ‘encarreten’ aún más con el karate.

En lo que va corrido del año, los karatecas de este colegio han participado en 8 certámenes distritales y dos nacionales, en donde han recogido alrededor de 60 medallas. Ahora van por un sueño más ambicioso: cruzar las fronteras nacionales para mostrar el buen karate que se practica en Bogotá.

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Foto: Julio Barrera

Su calendario de competencia es bastante apretado. Fueron invitados para participar en el Open de Karate Do en Venezuela y al Torneo Suramericano de Karate en Goiás, Brasil, en diciembre. El sensei Andrés, que también compite de manera activa, recientemente regresó de Venezuela donde participó en el Open Adidas de Karate en Caracas.

“Gracias a nuestro trabajo, La Federación Internacional de Karate Shotokan, (ISKF por sus siglas en inglés) nos invitó al torneo Suramericano que se llevará a cabo en Brasil. La Secretaría de Educación nos consiguió los tiquetes, y la estadía la gestionamos con los compañeros de la Federación. Falta cubrir algunos gastos, pero queremos ir, vamos a ir”, dice con convicción el sensei Andrés Hurtado, el responsable de que esta milenaria disciplina oriental hubiera aterrizado en este colegio de Ciudad Bolívar para cambiar la vida de los estudiantes.

Piensa, habla, actúa por la educación. Conoce más historias en www.educacionbogota.edu.co

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