El referendo de Viviane Morales ¿Una cruzada anti-gay?

“La estrategia que usa la senadora está suficientemente orquestada para jugar a dos bandas”

Por: Sonia Garzón Ramírez
Agosto 01, 2016
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El referendo de Viviane Morales ¿Una cruzada anti-gay?
Foto: congresovisible.org

La adopción no es un derecho sino un mecanismo de protección para dar a los niños lo que les ha sido negado, afirma Viviane Morales. Este es uno de los principales argumentos con el que la senadora ha promovido el referendo firme por papá y mamá, con el que busca prohibir la adopción de menores por parte de parejas gay. Esta estrategia es lo suficientemente orquestada para permitirle a la senadora jugar a dos bandas. De un lado, la campaña insta a creer que lo que debe darse a estos niños es una madre y un padre, y no una familia, y de otro Morales desvía la atención de su real agenda. Esta agenda, como María Jimena Duzán lo ha bien denominado, es sin duda una “cruzada anti-gay.”

En primer lugar, lo que la sociedad ha negado a estos menores no es un padre y una madre sino una familia. De otra manera, una gran proporción, sino una emergente mayoría, de los niños del país que pertenecen a familias monoparentales, familias extensas, familias recompuestas y otras familias con estructuras no-hegemónicas estarían en estado de desprotección y sus familias no serian legítimas para ejercer la crianza. De otra parte, el estatus de las parejas homosexuales como familia es plenamente reconocido en nuestra legislación. Contrario a lo que Morales y otros senadores sugieren, la decisión de la Corte respecto del matrimonio gay, y que reafirma su condición de familia, no fue una usurpación de la funciones del congreso. La actuación de la Corte Constitucional responde al inmovilismo político y a la falta de coraje que salvo algunas excepciones ha caracterizado a nuestras élites políticas cuando se trata de definir sus posturas frente a la igualdad ciudadana de las poblaciones LGBTI.

Mientras Morales intenta hacernos creer que el interés de su referéndum es el bienestar de los menores, Morales desvía la atención de su real agenda: una cruzada anti-gay. ¿Por qué llamar cruzada  a esta iniciativa? De un lado por su clara connotación religiosa. Si bien no es explicita en el discurso de Morales, quien insiste en que sus razones son morales y legales, basta con mirar el eslogan con el que su referendo se ha promovido: “firme por papá y mamá.” Su campaña es fiel copia del eslogan “una mamá y un papá” (une maman et un papa) que fue usado en Francia en 2013 durante el debate sobre el matrimonio gay por la así llamada “Manif Pour Tous.” El tono racista y de integrismo cristiano de La Manif Pour Tous fue constante y se mostró sin complejos. Principalmente porque a la cabeza de esta campaña estuvo Civitas una organización católica de extrema derecha nacionalista.

De otro lado, no hay que hacer mucho esfuerzo para identificar en la estrategia de Morales los elementos que han caracterizado cruzadas civilizatorias religiosas: una víctima, un protector y una amenaza infiel.En su perspectiva los niños o niñas son las víctimas, el legislador pseudo-laico su protector, y las parejas gay una amenaza con dudosa moral. Negar que estos niños y adolescentes que esperan ser adoptados son víctimas de abuso y negligencia sería faltar a la verdad, pero indagar sobre las causas de su victimización nos lleva a señalar a otros victimarios muy distintos de las parejas gay. Uno de los victimarios de estos menores en desprotección es precisamente una estructura familiar con una heterosexualidad conservadora y exacerbada. Aunque nos cueste creerlo, este tipo de  heterosexualidad continúa exonerando a los hombres de las responsabilidades progenitoras derivadas de su actividad sexual y actúa con hipocresía dejando sobre las mujeres la responsabilidad de evitar embarazos no deseados. Otro victimario, lo describe perfectamente la senadora Morales en su alocución en el Senado. De acuerdo a lo que ella describe, el número de demandas de adopción es significativo, sin embargo el proceso está lleno de largos procedimientos y burocracia. Esto hace que los procesos de adopción tomen entre 3 a 5 años y que el tiempo que permanecen los niños y niñas en lugares de acogida convierta sus vidas en casos de difícil adopción.

En este escenario, si el interés real de Morales fuera la protección de esta infancia, y no su instrumentalización para el beneficio de su cruzada anti-gay, el referendo y su labor legislativa podría dirigirse a acabar con esta burocracia y hacer de la adopción en Colombia una institución eficiente, que haga viable los procesos de adopción. Otro reto podría ser garantizar las condiciones para que las familias con niños no deseados tuvieran el soporte adecuado, del estado y de la sociedad, para evitar que sean entregados en adopción. ¿No serían estas batallas mucho más democráticas que un referendo basado sobre la dictadura de una mayoría con prejuicios y que solo busca frenar la igualdad ciudadana? Ninguna mayoría, como ningún argumento cultural, puede ser usado para perpetuar una injusticia.

En su role de protector pseudo-laico, Morales desestima el concepto favorable a la adopción igualitaria presentado por el ministerio de salud alegando que este se basa en estudios realizados fuera del país.Sin embargo, cuando Morales hace alusión a estudios de acuerdo a los cuales los hogares constituidos por un padre y una madre son los mejores para garantizar una crianza adecuada, omite mencionar los detalles de sus referencias. Una mirada en la página web de la cruzada anti-gay remite a un estudio liderado por una universidad de Texas, uno de los estados más conservadores en USA. La buena noticia es que el estudio concluye que los niños no precisan de una madre y un padre casados para convertirse en buenos adultos. Lo que afirma es que los hijos parecen tener mayores posibilidades de éxito cuando permanecen toda la infancia con su madre y su padre casados.” En cualquier caso, como lo ejemplifico posteriormente, esta última conclusión es ampliamente desmantelada por múltiples estudios. Pero hay que decir que los hogares que cita el estudio usado por esta cruzada no corresponden a la tipología familiar en donde nacen y viven su infancia la mayoría de los menores colombianos. En un país en donde los divorcios están en aumento, los hogares en los que los hijos permanecen con su padre y madre casados y viviendo juntos a lo largo de toda su infancia no son la regla sino cada vez más la excepción.Vale la pena agregar que, como lo afirmó el diario el Heraldo en el 2015, “el 84% de los niños que nace en el país son de madres solteras o mujeres cabeza de familia.”

Con varias omisiones y un referendo adelantado con una formulación engañosa, Morales busca sin duda perpetuar la idea de la superioridad moral heterosexual. Es así porque con su eslogan “firme por papá y mamá” y al insistir en calificar un tipo de familia como la más idónea, Morales construye una jerarquía en donde las parejas que no caen en su modelo heteronormativo son inmediatamente posicionadas en el peldaño inferior de su escala. Esta jerarquía lleva al ciudadano desprevenido a endurecer sus prejuicios y a creer que las parejas gay son de dudosa idoneidad para proveer cuidado, protección y amor a los  menores en adopción. Hay que repetirlo: este referendo es una cruzada anti-gay que, como lo afirma Duzán, atenta contra el espíritu liberal de la Constitución. Vale la pena recordar, por ejemplo, que en nuestro país no han sido los defensores de la moral religiosa los que se han preocupado por eliminar la estigmatización que pesa sobre los niños nacidos fuera de un matrimonio. Por el contrario la eliminación de la denominación hijos naturales e hijos legítimos fue uno de los avances nacidos de la búsqueda de un estado laico y promovidos gracias al coraje de  la Corte Constitucional.

El mito de acuerdo al cual las parejas homosexuales condicionarían la orientación sexual de sus hijos ha sido desmentido por investigaciones científicas. Tampoco corren el riesgo de convertirse en seres patológicos. Muy por el contrario, los riesgos que corren los hijos de parejas gay no están dentro de sus hogares sino en las sociedades homofóbicas que los estigmatizan. Opuesto a lo que esta cruzada nos quiere hacer creer, la mayoría de estudios afirman por ejemplo que los adolescentes hijos de padres del mismo sexo se sienten mejor conectados en el sistema escolar, tienen mayor facilidad para hablar sobre temas emocionalmente difíciles y tienen mayor resiliencia, compasión y tolerancia. La compasión, como lo afirmó el presidente Santos en su discurso sobre el plebiscito, es uno de los valores que nuestra sociedad ha perdido por causa del conflicto. ¿No es este el momento de renovarlo?

Si estos estudios se hicieran en Colombia, me atrevo a afirmar que no mostrarían resultados muy diferentes. Coincidirían en decir que las parejas homosexuales son como cualquier otra, y en que ni  los niños en adopción son un trofeo para ellas, ni la adopción es un medio para imitar a las parejas heterosexuales. Los resultados mostrarían también que las parejas homosexuales que quieren adoptar no vendrían en avalancha y que por lo tanto no disminuirían significativamente el número de casos de menores en espera de adopción.

Pero la discusión no es sobre el número, sino sobre justicia e igualdad de género, y sobre la instrumentalización que Morales hace de estos menores para posicionar como una amenaza a las parejas gay. En Colombia como el cualquier otro lugar, las parejas gay no son el demonio que la cruzada anti-gay de Morales intenta mostrar. Y, como lo afirmó el presidente Barack Obama durante la conferencia demócrata, la democracia no funciona demonizándonos unos a otros. Para la mayoría de parejas homosexuales tener un hijo es el fruto de un deseo y perseverancia, y hacerlo a través de la adopción no es un sustituto a la imposibilidad biológica de procrear. Con mucha frecuencia, para las parejas gay la edad del hijo o hija no es un impedimento para adoptar.

Por último, pero no menos importante, es hora de que deconstruyamos la idea del ‘role propio de la mujer.’ No me refiero aquí a los aspectos biológicos de la concepción. Me refiero a la función que esta idea juega en perpetuar la subordinación, simbólica y material, de las mujeres, al tiempo que contribuye en disciplinar la masculinidad de los hombres. Lo que nuestras sociedades han construido como roles maternos y paternos puede ser plenamente ejercido por cualquiera de los padres sin importar su condición sexual, y en la medida en que las sociedades garanticen las condiciones económicas, políticas y culturales para ello.

La igualdad es imparable como lo afirma la representante Angélica Lozano. Pero lo que el referendo anti-gay de Morales nos recuerda es que camino no es linear y que hay que permanecer alerta para salvaguardarlo de anacrónicos cruzados.

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