El Redentor, manejado por psicólogos pero con policías controlando a garrote

El Instituto Psicoeducativo de Colombia tiene este reformatorio desde el 2016 en el que combina menores con mayores de edad, una formula que parece haber fracasado

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Octubre 11, 2018
El Redentor, manejado por psicólogos pero con policías controlando a garrote

Padres capuchinos de origen español cuya vocación es orientar a los jóvenes fundaron El Redentor a comienzos de los años 50 en pleno barrio Tunjuelito de Bogotá. Era una escuela abierta en el Sur de la ciudad, sin cercas que demarcaran el espacio donde niños transgresores encontraban un reacomodamiento social. Se conocían como reformatorios donde con una combinación de disciplina férrea y afecto los educadores buscan reorientar a los muchachos. En términos católicos el propósito final que buscaban los sacerdotes educadores era reorientar a las ovejas descarriadas, cuando éstas apenas están comenzando la vida.

Los padres terciarios capuchinos velaban para que las dos jornadas de trabajo y estudio, de 8-12 y 2-6 se cumplieran sin sobresaltos. Los viernes tenían salida y hasta les asignaban, ya en 1991, con recursos del Estado y como parte de la política del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar hasta $ 480 como mesada a todo niño que quisiera salir del lugar, que podía además regresar a dormir. Las puertas estaban siempre abiertas.

Un año después, en 1992, durante la alcaldía de Jaime Castro, la Escuela de Trabajo el Redentor sufrió una transformación. Con muros altos y alambres de púa el aspecto del lugar cambió dramáticamente. Amparados en el Código del Menor, se autorizaba la retención de muchachos entre 16 y los 18 años. Desde ese día, en la entrada, hay un letrero que reza: “un joven en dificultad es un reclamo de amor”. Son 20 mil metros cuadrados, buena parte de ellos campestres, en donde conviven ahora 220 varones, de los cuales 115 son menores de edad y el resto ya supera los 18 años, considerándolos en etapa de transición con lo cual, así se trate de delitos mayores no los pueden enviar a centros penitenciarios. Esa fue la situación que se dio y que un video mostró la dureza del ambiente que se vive en que los policías intervienen con garrote para controlar a los muchachos.

VIDEO: A palos fueron “reprendidos” niños internos en el centro de reclusión El Redentor”

El asunto no parece sencillo y por esto la directora de Bienestar Familiar Juliana Pungiluppi se apresta a tomar cartas en el asunto. En El Redentor permanecen recluidas también 69 mujeres.

En el 2016 los sacerdotes capuchinos cedieron el manejo del reformatorio y tomó el mando el Instituto Piscoeducativo de Colombia -Ipsicol-, con origen en Medellín y orientado por psicólogos y educadores.  El Redentor es el único lugar en Bogotá para menores de 18 años  en cometan infracciones e incluso delitos mayores y en los últimos siete años ha sido titular en los periódicos por una sola razón: los continuos intentos de fuga que se incrementan cada vez que hay sobrepoblación. Parece cada día ser menos una solución para el aumento de delitos en manos de adolescentes situación que se agrava aún más por tener en el mismo espacio menores y mayores de edad que requieren manejos diferenciados.  La violencia se ha vuelto una variable grave entre los muchachos de El Redentor.
En el 2011, por ejemplo, había en el lugar 496 muchachos distribuidos en 20 habitaciones con 20 camas sencillas. Ese año se encendieron las alarmas. Dos madres de muchachos que estaban en el reformatorio denunciaron que sus hijos habían sido atacados con arma blanca. La sobrepoblación tenían que ver con la cantidad de hombres mayores de 18 años –algunos incluso superaban los 21-que no habían sido trasladados a La Picota. En el primer semestre del 2014 ya habían sido dos intentos de fuga los que tuvieron que soportar. Además, un incendio provocado por los propios internos en el 2014, en donde 43 muchachos lograron escaparse, obligó a tomar medidas desesperadas.

En la madrugada del 20 de noviembre del 2014, en siete buses de la policía, trasladaron a 102 muchachos que ya habían cumplido 18 años. Desde tres años atrás, por las visitas que había recibido la Escuela de Trabajo por parte de la Defensoría, el ICBF y la Procuraduría habían alertado de la urgencia de hacer algo con el lugar. El incendio y la fuga masiva, hizo visible lo que era obvio. Habían muchachos que hasta se atrevían a pedir visitas conyugales.

En el 2015 volvían los intentos de fuga y los motines. La situación empeoró en el 2018. En abril 30 muchachos se fugaron después de protagonizar un motín que le llevó a la policía desplegar todo un cordón de seguridad en lo que incluía un camión antimotines y un helicóptero. En mayo otro motín, 80 muchachos, con palos y piedras se le enfrentaron a la policía.

La seguridad de la Escuela recaía sólo en profesores. Con los continuos motines la policía empezó a hacer presencia en la institución. Hace dos semanas, después de un nuevo intento de fuga, la policía reaccionó golpeando a los muchachos y obligándolos a ponerse a la fuerza semidesnudos boca abajo como quedo documentado en el escandaloso video que circula en redes y que puso en evidencia la complicada situación del Instituto Psicoeducativo de Colombia superado por la incontrolada dinámica de convivencia de los más de 250 jóvenes que permanecen allí.

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