El que tenga ojos que vea

"Cuando algo es verdad no necesita publicidad, mucho menos publicidad invasiva, ni técnicas de control mental que te hagan leer, oír y ver cosas sin que puedas elegir"

Por: juan manuel sosa porras
marzo 26, 2021
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El que tenga ojos que vea
Foto: Pixabay

Abril de 2020. Solo era el inicio de uno de las peores experiencias de la población viva. Cosas peores, mucho peores, las vivieron solo generaciones que ya no están con nosotros. Hoy, a poco de cumplirse un año, escribo estas líneas. He visto centenares de publicaciones de personas en las que ellas descargan sus corazones hablando de lo duro que ha sido, y que además sirven de antenas repetidoras al mensaje unívoco del mainstream, diciendo cosas como “hay que tomar consciencia”, “debemos cuidarnos unos a otros”, “ha llegado la hora de unirnos en la distancia” etc. Y hay también una enorme cantidad de acepciones heréticas, solo que van en contra del mainstream y de tal modo, se les da efectivamente, trato de religión pagana. En abril de 2020, las redes sociales servían todavía como medio alternativo de comunicación, pero paulatinamente fueron purgadas para que solo una, y exclusivamente una percepción de la realidad fuera ofrecida, lo que es un principio de manipulación fascista. Yo mismo, ya no tengo redes sociales e ignoro si este artículo sea visible.

Al principio de este texto hablé de los peores tiempos que haya vivido una persona viva, pero no hablo de pandemia alguna, sino del engaño. Quisiera decir “...el engaño más grande de la historia de la humanidad” pero, lamentablemente, no lo es. Puede llegar a serlo, no obstante.

Hace aproximadamente un año, empecé a ver y a lamentar cómo los seres humanos se dejan engañar de modo tan miserable. Las personas renunciaron a su propio juicio para dejarlo en manos de los medios de comunicación. "Si sale en televesión es verdadero, fin de la discusión". Y me dio rabia mi propia impotencia. Durante los primeros días de la cuarentena, mi intuición me gritaba que algo no andaba bien. Pero escuchar a la intuición es muy difícil cuando has crecido, sido educado y vives todavía en un mundo en el que, convenientemente, sentidos como la intuición son relegados a lo esotérico y pseudocientífico. Lo único que yo podía, al principio, descifrar de ese mensaje aturdidor proveniente de mi intuición, era que, el mensaje en sí no era nuevo. Ya lo había percibido antes, me hacía sentir lo mismo que aquella nefasta mañana del 11 de septiembre de 2001. “Algo huele muy mal” me decía.

Durante la cuarentena en 2020, aún aguantando el malestar pero rehusándome a ser entrenado como un perro, ocurrió algo que me abrió los ojos de golpe. Ya había dejado de mirar televisión por completo, harto de la repetición y las amenazas. Pero, cual cosa sacada de una comedia, levanté mi teléfono celular de la mesa, pues su luz estaba encendida. Pero no era una llamada ni un mensaje ordinario. En un mensaje ordinario te sale "tiene un nuevo mensaje" o algo así. O sea que puedes no leerlo si no te da la gana. Este mensaje, era de esos que había recibido ya algunas veces y que me molestaban mucho, puesto que ya viene abierto y cuando agarras el teléfono en tu mano lo terminas leyendo sí o sí, así no quieras. Siempre me he sentido ofendido por la publicidad invasiva, en otras palabras, porque uno oiga lo que no elige oír y vea lo que no quiere ver. Esa es una técnica de control mental.

¿Han visto esas escenas donde programan a alguien pegándole los párpados abiertos con cinta adhesiva, y ajustando un forcep a su cabeza para que vea, sí o sí, una pantalla y ni siquiera parpadee? ¿Alguna vez han recibido una llamada de un número ordinario, contestan y resulta ser una propaganda grabada? Es una trampa: es un mensaje que te ponen a oír así no quieras. Antes, el tiempo de espera en los servicios al cliente vía telefónica estaba adornado por música para relajarse. Pero a alguien se le ocurrió reemplazar dicha música por propagandas comerciales o mensajes institucionales, siempre muy ruidosos. Esos son también mensajes que tienes que oír así no quieras. Ahora, ¿qué decía ese mensaje ya abierto en mi teléfono? Decía "quédate en casa".

Ya había sentido eso antes. Mi intuición me gritaba algo, y estaba a punto de perforar el grueso caparazón que habían urdido en mí el sistema educativo y la vida en una matriz de valores postizos. Lo había sentido cuando veía una película sobre nazis, y la historia consistía en una mujer que tenía un zoológico y que, con el inicio de la guerra, no podía ver más de sus animales. Los dejó en libertad entonces, pero un alto oficial nazi, debidamente ataviado con su gabán de Hugo Boss, sacó su pistola Lugger y disparó a un águila que estaba en el tejado de una casa.

Casi vomité. Pero no me retorcí en repudio por la incontenible maldad nazi, sino por la película, y por la industria del cine, de la que me desencanté en ese mismo momento. Quien abre los ojos no vuelve a cerrarlos (y se convierte en un peligro para el sistema). Al fin había logrado escuchar mi intuición, pues acababa de romperme la venda. ¡Era ya demasiado, demasiado, esfuerzo para vender una idea! Llevaba toda la vida viendo películas de monstruos nazis, pero que maten animales, ya era una pataleta para convencer a los que todavía no se creyeran el cuento. Es como cuando dejas de ver lo que te han puesto frente a tus narices y ves más allá, ves las cuerdas de la marioneta.

No hace falta discutir si los nazis eran buenos o malos, o cómo creemos o se supone que debemos creer que eran. Yo no viví en esa época y no soy testigo de nada. Lo que creo saber de ellos lo creo saber por el sistema educativo, las películas y por la historia, instituciones que perdieron mi confianza de manera absoluta. Buenos o malos, como hayan sido, de la imagen de ellos han construido una cosmovisión y la tratan de sostener con desespero. Desespero que ojalá fuera evidente para mayor número de personas. ¿Por qué la exasperación por mantener un statu quo?

"Quédate en casa" es lo que decía en la pantallita de mi teléfono celular. "¡Están desesperados!" deduje al instante. Y mi intuición fue más clara todavía: cuando algo es verdad no necesita publicidad, mucho menos publicidad invasiva, ni técnicas de control mental que te hagan leer, oír y ver cosas sin que puedas elegir.

Tenemos más de cinco sentidos, pero para el establishment es una medida de control que creas que tienes solo cinco. Aquellos cinco que te enseñaron con cancioncitas cuando estabas en la escuela primaria, mientras que los otros no solo son forzados a ser ignorados sino que su desarrollo es atacado mediante la imposición de determinado estilo de vida. ¿Qué le pasaría a las corporaciones, las farmacéuticas, las instituciones religiosas, los sistemas de gobierno y monetarios, si la gente, a través de sus sentidos no físicos, se diera cuenta que no necesita de estas instituciones?

Justamente, el inmenso problema que tienen quienes abren los ojos, es no poder comunicárselo a quienes todavía duermen el sueño de la matriz. Quienes todavía tienen la venda, necesitan no solo pruebas tangibles, sino que los medios de comunicación se las ratifiquen. ¿Por qué? Por que están limitados por el uso de sus cinco sentidos físicos, puramente físicos, y el muy conveniente rechazo a sus propios sentidos psíquicos. Individuos que no necesiten de pruebas tangibles ni confirmación y/o aprobación de las ‘autoridades’, son un peligro para el sistema y para su poder tradicional. Son individuos que usan también sus sentidos no físicos. Por eso se dice "el que tenga oídos, que oiga".

Apaga la televisión y la radio y abandona sus sitios de internet. Empezarás a escuchar tu intuición y a ver los sin sentidos a tu alrededor. Será cuestión de tiempo y, cuando viereis televisión de nuevo, detectarías sus mentiras como si estas tuvieran un color intrínseco. Deja de creer que piensas al pensar con la televisión. No le temas a la libertad y piensa por ti mismo. 

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