A pocos kilómetros de Tunja hay un pueblo donde un buen plan de fin de semana puede empezar con un piquete campesino y terminar siguiendo una historia sobre el diablo y una partida de tejo. Se trata de Soracá, un municipio boyacense que combina gastronomía tradicional, vestigios de su pasado indígena y escenarios naturales para quienes buscan una escapada sin alejarse demasiado de la capital del departamento.
Ubicado a unos siete kilómetros de Tunja, Soracá es una alternativa para recorrer con calma, probar los sabores de la cocina campesina y conocer algunos de los relatos que hacen parte de la memoria local. Su nombre significa “fortaleza de piedra” en lengua muisca, una referencia a los pueblos indígenas que habitaban este territorio antes de la llegada de los españoles.
Un pueblo con raíces anteriores a la Colonia
Aunque su fundación oficial ocurrió el 1 de octubre de 1776, la historia de Soracá se remonta a mucho antes. De acuerdo con el Sistema de Información Turística de Boyacá (Situr), en 1539 Gonzalo Jiménez de Quesada encontró allí un caserío habitado por los indígenas soracaes, quienes eran tributarios del zaque de Hunza, nombre con el que se conocía a la actual Tunja.
Esa historia todavía acompaña la identidad del municipio, que conserva lugares de interés patrimonial y relatos transmitidos entre sus habitantes. Uno de ellos es la Plazuela del Diablo, un sitio asociado a la leyenda según la cual el diablo jugaba tejo con piedras que se encontraban en el lugar.
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Otro punto que vale la pena conocer es el Templo del Señor de la Columna, una construcción de estilo colonial reconocida como monumento nacional. También están la Cueva de los Solteros, la cascada Las Canoas y el Alto de Soracá, desde donde se puede contemplar una panorámica de Tunja. Estos lugares permiten combinar el recorrido por el casco urbano con una visita a los paisajes rurales de los alrededores.
Piquete campesino y carne oreada, protagonistas de la mesa
La visita también tiene un componente gastronómico. Soracá es reconocido por su actividad agrícola y ganadera, así como por el cultivo de papa y la comercialización de carne bovina. En su cocina tradicional sobresalen los piquetes preparados con ingredientes habituales de las despensas campesinas.
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Entre los platos típicos aparecen las rubas, las habas, la arveja, la papa, los nabos y la carne oreada, una preparación que forma parte de la tradición culinaria de la región. A esto se suma la producción local de arepas y quesos, actividades que también tienen presencia en la economía del municipio.
La relación entre la mesa y el campo es parte del atractivo de este destino: varios de sus productos están vinculados con las labores agrícolas y ganaderas que sostienen la economía local. Por eso, recorrer Soracá también significa acercarse a una forma de vida en la que la producción rural y las costumbres familiares siguen teniendo un lugar importante.
Naturaleza y tradiciones para completar el recorrido
Soracá cuenta, además, con una riqueza hídrica que se refleja en los nacederos de agua de veredas como El Rosal, Faitoque, Chaine, Quebrada Vieja y Quebrada Grande. Estas fuentes alimentan varias microcuencas de la zona y hacen parte de los recursos naturales del municipio.

Las celebraciones también ocupan un lugar importante en su calendario. Entre las tradiciones mencionadas por Situr están las fiestas de San José y el Aguinaldo Soraquense, que se realiza en diciembre y reúne actividades propias de la temporada.
Así, a menos de una decena de kilómetros de Tunja, Soracá ofrece una combinación de historia indígena, arquitectura colonial, leyendas, paisajes y comida tradicional. Es un destino para quienes quieren descubrir otra cara de Boyacá sin emprender un viaje largo: un pueblo donde el plan no se limita a sentarse a la mesa, sino que invita a caminar sus calles, conocer sus relatos y mirar con otros ojos el territorio que lo rodea.
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