Opinión

El propósito nacional

Petro habló ante los exportadores de “un cambio de paradigma” en la relación del Estado-empresa privada que obliga a redefinir el bien llamado propósito nacional

Por:
septiembre 13, 2022
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Escuchando el discurso del presidente Petro en la trigésima quinta asamblea nacional de exportadores, no pude menos que recordar un célebre artículo de Alberto Lleras Camargo, publicado cuando era presidente de la república. Se titulaba El propósito nacional y exponía la perplejidad en la que lo había sumido la pregunta del director de la oficina de planeación nacional de la época sobre cuál era el propósito nacional. El propósito cuya definición era y es indispensable para poder planificar la intervención del estado en la vida económica y social del país, ya sea para cambiar o por el contario darle continuidad a las estructuras que la determinan. Hay que saber previamente lo que el gobierno nacional quiere hacer a este respecto para poder elaborar un plan destinado a lograrlo.

Lleras Camargo, con una honradez que le honra, reconoció que no supo que responder al funcionario y cabe presumir que si publicó el mencionado artículo fue para incitar al conjunto de las fuerzas políticas y sociales del país a ofrecer una respuesta a la pregunta. La elección de Gustavo Petro como presidente obliga a reabrir la pregunta porque su política económica y social supone, como afirmó en el discurso ante los exportadores, “un cambio de paradigma” en la relación del Estado con la sociedad y con la empresa privada. Algo que así mismo obliga a definir o redefinir el propósito nacional. En el paradigma todavía vigente, el paradigma neoliberal, el Estado es exclusivamente una carga fiscal y no también o igualmente un poderoso agente económico capaz de generar valor y por consiguiente es necesario que la acción del gobierno se oriente en adelante a la regeneración y/o al fortalecimiento de las empresas estatales existentes con capacidad de generarlo, así como a la creación de nuevas empresas capaces de cumplir también dicho papel. Esta debe ser la contribución de nuestro Estado a un objetivo aún mayor, el que si tiene la dimensión de un auténtico propósito nacional: la reindustrialización de un país que, cuando envió tropas en los años 50 del siglo pasado a la guerra de Corea, su economía era el doble de la coreana mientras que ahora es seis veces más pequeña que la del país asiático. Esos son los resultados catastróficos de cuarenta años de políticas neoliberales que ni siquiera han sido capaces de convertirnos, como nos prometieron, en “una potencia exportadora”.  Hoy América Latina exporta anualmente un promedio de 100.000 dólares per cápita, mientras que Colombia solo exporta 40. 000 dólares. ¿Hemos sacrificado la agricultura y la industria del país y envenenado nuestro medio ambiente solo para conseguir este miserable resultado?

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Cuando Colombia envió tropas en los años 50 del siglo pasado a la guerra de Corea, su economía era el doble de la coreana, ahora es seis veces más pequeña

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Petro citó en el mencionado discurso y como un ejemplo de empresa estatal exitosa, el caso de los astilleros de nuestra Armada en Cartagena, cuyas capacidades empresariales y técnicas han crecido hasta el punto de poder una fragata de producción enteramente nacional, y de estar en condiciones de producir embarcaciones de otro tipo y de uso tanto militar como civil.  Petro mencionó antes, la misión Apolo, una formidable empresa estatal que entre 1961 y 1972 contó con un presupuesto total de 150.000 millones de los dólares actuales que no puede ser contabilizados como un gasto fiscal sino como una gran inversión. Los avances en las técnicas y métodos de programación, en cohetería, navegación espacial, nuevos materiales, en sistemas de comunicación y en medicina y en un largo etcétera produjeron beneficios a corto, mediano y largo plazo que cuyo monto sobrepasa ampliamente los costos totales del programa.

La promesa electoral del presidente Petro de construir un ferrocarril que una el Caribe con el litoral pacifico puede ser perfectamente para nosotros un equivalente del programa Apolo para los norteamericanos, tanto por su tamaño como por su positivo impacto en nuestra subdesarrollada economía nacional. Este ferrocarril conectará por primera vez nuestras dos costas, comunicará entre sí la red de ciudades más densa y poblada del país, contribuirá decisivamente a la reindustrialización de las mismas y permitirá reducir significativamente el tráfico automotor, que es altamente contaminante y que además nos hace muy dependientes del manejo político de los precios de los carburantes por las multinacionales que controlan su producción, distribución y comercialización a escala planetaria. Para no hablar de los altos costos que han supuesto hasta ahora los subsidios públicos a dichos precios, que en definitiva no son más que subsidios a las multinacionales.

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