Opinión

El profesor Malcolm Deas en Barranquilla

Noticias de la otra orilla

Por:
noviembre 30, 2013
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Acaba de visitar Barranquilla, luego de varios años de no pasar por la Arenosa, el historiador inglés, naturalizado colombiano, Malcolm Deas.

El profesor Deas estuvo invitado por el Banco de la República para dictar una conferencia en el marco de la exhibición de la muestra fotográfica Colombia en la Historia de la Fotografía, 1842 – 2010, muestra que la Subgerencia Cultural del Banco de la República tiene en itinerancia por varias sedes del país, y que desde mediados de octubre se encuentra exhibida en la Pinacoteca de la Aduana, dentro de la programación cultural de la Biblioteca Piloto del Caribe.

A propósito de su conferencia, lo primero que hay que anotar es la ratificación de la extraordinaria versación del profesor Deas en muchísimos temas de la historia colombiana, y ante todo, un conocimiento del alma del país que ciertamente desborda y agota lo que pueden decir los documentos y muchos otros historiadores. Es la lectura de la Historia asumida desde mucho más allá del gran acontecimiento y de la prueba documental de la evidencia, para detenerse en la revisión, lectura e interpretación de los detalles perdidos o invisibles de una cotidianidad expresada en la utilería, los objetos, las escenas, los escenarios y las anécdotas, que sin duda alguna son habitualmente despreciados o desestimados por la mirada de otros colegas suyos abrumados a veces, y entorpecidos, por el peso de los grandes hechos de la Historia.

Hay en este venerable anciano, con serias dificultades para la dicción del español y con su capacidad de audición quizá disminuida, una brillante manera de aproximarse a la vida y a al modo de cómo esta queda registrada para la memoria. Esa manera es la que nos permite entender por qué se le mide a una aventura curatorial como esta de mirar nuevamente el país que ha estado estudiando y visitando desde la primera mitad de los años 60, entrando ahora por la ventana de la fotografía para trabajar no una historia de este oficio en Colombia, como bien aclara, sino un abordaje de la historia del país a través de la fotografía en la que aplica sabiamente su no-método de dejarse invadir por la experiencia sensible e intelectual de mirar y procesar con el enorme acumulado histórico de lo que ha vivido y ha leído e investigado en este país.

Lo otro que sentimos la obligación de destacar de este interesante personaje, es su opinión de la ciudad que no visitaba desde hacía varios  años, y a la que ve, desde su hospedaje del Hotel El Prado,  como un Hollywood tropical, en el que de un momento a otro puede aparecerse Carmen Miranda bailando con su tocado de frutas. Y sí, quizá no la Miranda pero sí alguna reina de carnaval, que para el caso es lo mismo.

Pero la mirada de este viejo zorro ve lo que alguien, que está situado más allá de cierto inocente turismo, tiene que la necesidad de comentar: una ciudad llena de nuevos crecimientos urbanos e interesantes perspectivas económicas, pero engolosinada en las lentejuelas de la globalización sin darse cuenta que desparecieron las librerías de sus calles y que tiene muy pocas bibliotecas.

Y comenta en una entrevista al periódico El Heraldo de Barranquilla: “la ciudad necesita más bibliotecas, más librerías y necesita más lectores. Lo que pasa es que en Colombia hay más escritores que lectores”. Y suelta a continuación esta sonora perla de lucidez, humor e ironía extraordinaria: “Hay columnistas que han aprendido a escribir sin saber leer, que es un tipo de milagro intelectual”.

En efecto, el profesor Deas reconoce las significaciones que representan para el nuevo momento de la ciudad proyectos educativos y culturales como el Parque Cultural del Caribe y el Complejo Cultural de la Aduana, pero invoca que ojalá haya un mejor esfuerzo en eso, porque “para una ciudad como Barranquilla que tuvo el orgullo de ser una de las ciudades de residencia de Gabriel García Márquez no es justo que uno no pueda encontrar sus libros”.

Es sin duda un llamado de atención que pone el índice sobre un momento de la ciudad en el que todas las luces enfocan las muestras glamorosas de un desarrollo que tiene un importante efecto sobre la galería, que todos celebran y aplauden, porque hay sin duda razón para ello, pero que tiene necesariamente que consultar más a fondo los intereses del factor humano y reclama un gran compromiso con la cultura y la educación como elementos definitivos de un concepto de competitividad que Barranquilla mira de manera incompleta sin el concurso de estos dos elementos insoslayables en la construcción de futuro.

Y aquí vuelve uno a recordar al indispensable Alberto Assa: “No habrá desarrollo sin educación ni progreso sin cultura”.

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