Opinión

El presidente y la alcaldesa: una pelea absurda

Las dos máximas autoridades del país y Bogotá tendrán que rendir cuentas si sigue la explosión social a un pueblo que exige liderazgo por encima de rencillas personales

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septiembre 15, 2020
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El presidente y la alcaldesa: una pelea absurda
Sobraba la silla vacía porque la no asistencia de Duque y quienes lo reemplazaron dejaban un mensaje claro: su profunda distancia con la gente, con las víctimas, con el dolor por lo sucedido

Definitivamente Colombia si es muy de malas, en semejante situación el presidente de la República y la alcaldesa de Bogotá están en franco y visible enfrentamiento. Obviamente tienen diferencias ideológicas profundas, dos maneras de percibir el poder totalmente opuestas y todo esto y mucho más, termina en miradas prácticamente contradictorias sobre cómo se ejerce el poder, y ahora, sobre cómo se visualiza y se actúa en medio de esta crisis. Todo esto es entendible y obviamente genera dificultades a la hora de tener que asumir responsabilidades ante situaciones que les competen a las dos máximas autoridades del país y de Bogotá, su capital. Hasta ahí, estas profundas diferencias en situaciones normales podrían generar inconvenientes pero no crisis.

Sin embargo, si algo es evidente hoy en día es que precisamente Colombia y específicamente Bogotá no están afrontando una situación normal. Por el contrario, no solo se han vivido en la última semana momentos muy complejos que demandan liderazgo sino que precisamente por algunas actuaciones más de Duque que de Claudia, las cosas pueden complicarse seriamente. El país está viendo cómo el gobierno nacional tratar de atribuir todo lo vivido a actuaciones del ELN y a disidentes de las Farc. Pruebas señores, pero además no pueden ignorar el impacto que han generado primero, el asesinato de Javier Ordóñez a manos de la policía, y segundo las actuaciones de este cuerpo disparando a manifestantes, 13 muertos y cientos de heridos muchos con balas. Pero lo peor es que pareciera que desean hacer caso omiso de lo obvio, la insatisfacción de una juventud que no ve apoyo del Estado cuando está pagando el mayor costo de la crisis causada por la pandemia. ¿Será que el presidente Duque no ve que esto es echarle gasolina al fuego?

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Pareciera que el gobierno hace caso omiso de lo obvio, la insatisfacción de una juventud que paga el mayor costo de la pandemia. ¿Será que el presidente no ve que esto es echarle gasolina al fuego?

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Ahora bien, la alcaldesa se ha conectado mucho mejor con la situación y con las víctimas aunque muchos le han criticado su papel más maternal que de liderazgo. Sin embargo, en vez de no profundizar heridas con el presidente tiene actuaciones que aumentan la distancia con el gobierno. No era necesaria la silla vacía en el acto del domingo porque la no asistencia de Duque y las personas que lo reemplazaron dejaban un mensaje claro: su profunda distancia con la gente, con las víctimas, con el dolor por lo sucedido. Era ya una ofensa enviar para que lo sustituyeran a una inexistente funcionaria como Nancy Patricia Gutiérrez y a Miguel Ceballos que no logra convencer a nadie en su papel de Comisionado de Paz.

Hechas estas aclaraciones lo que resta es decirles tanto al presidente Duque como a la alcaldesa López, que esta pelea es absurda y que ambos tienen tantas responsabilidades que deben mostrar la capacidad suficiente para superar sus diferencias que nadie les niega, para actuar coordinadamente. A algunos les surge la duda de si ese inmenso problema de las actuaciones de la policía se hubiera podido manejar mejor si se tuviera una mayor coordinación entre los dos mandatarios. Esta sola duda le hace mucho daño a las posibilidades de que se baje la presión que todavía existe en la ciudad.

No es mucho lo que se puede esperar del presidente Duque porque es muy probable que su partido esté convencido de que el caos les sirve para el retorno de su fórmula de la Seguridad Democrática. Pero Claudia es mucho más sensata y de ella si se espera mayor habilidad para manejar semejante situación que realmente es muy compleja. Pero para los dos: esta pelea es absurda entre quienes tendrán que rendir cuentas si sigue la explosión social. Pero también es intolerable para un pueblo que exige liderazgo por encima de rencillas personales. Recuerden: no es evidente que se ha calmado la situación porque no hay soluciones ni respuestas adecuadas.

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