El portero Wuilker Fariñez, el ídolo que une a todos los venezolanos

Nació en un barrio de invasión en Caracas pero a punta de talento se convirtió en uno de los arqueros más cotizados del mundo. Chavistas y opositores lo aman

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mayo 18, 2019
El portero Wuilker Fariñez, el ídolo que une a todos los venezolanos

Cuando nació no tenía opciones de ser algo más que otro joven sin futuro en el barrio Nuevo Horizonte de Catia, en Caracas. La mayoría de las personas que fundaron esa invasión eran colombianos. En una época les decían caliches de manera despectiva a los inmigrantes que cruzaban la frontera. Los primeros amigos de Wuilker eran niños colombianos que como él pasaban el aburrimiento en la cancha de ese barrio. Allí vio estirarse a su primer ídolo, a su inspiración, su papá, Luis Enrique.

A los 14 años su familia lo llevó al Caracas. Era pequeño pero rápido como Campos, como Higuita. Fue el arquero más joven en la historia del fútbol venezolano a los 16 años. Dos años después fue subcampeón del mundo y su nombre empezó a brillar como la de un astro absoluto. En Venezuela su nombre es talvez el único tema que no genera división: chavistas y opositores lo aman con igual pasión. ¿Cómo no hacerlo?

Verlo moverse en el área le recuerda al aficionado a otro de sus ídolos, Keylor Navas. Su seguridad si es única. Dentro de la exigente hinchada de Millonarios su nombre se corea en el Campín con la intensidad de una tribu pagana invocando a un Dios. Y el Dios siempre responde, como responde con la camiseta de su país.

Venezuela estuvo invicta en los últimos cinco partidos de la última eliminatoria mundialista. Las poderosas selecciones de Uruguay, Argentina y Colombia no pudieron con ella. El secreto estaba en el arco. Diecinueve años, muy joven para ser un futbolista, un bebé para ser un arquero. Pero nadie fue más seguro que él, ni Messi fue más importante que Wilker en ese momento de la eliminatoria.

Del Caracas esperaban que diera el brinco al fútbol europeo pero Millonarios se adelantó y lo compró por una cifra irrisioria, ridícula para todo lo que ha conseguido. En solo dos temporadas Wuilker Fariñez ya está al lado de los históricos arqueros extranjeros que despuntaron en Millos: el Loco Villaba, Burguez, Goycoechea.

Y Wuilker es un tipo sencillo. Vive en un apartamento en el occidente bogotano que comparte con Juan Moreno, el tercer arquero de Millonarios. Ahí, en ese lugar, practica su hobby preferido, su único entretenimiento: jugar FIfa en su Play 4. Allí le gana a todos sus compañeros, hasta al más duro de todos, McCallister Silva. El medio campista, figura de Millonarios, es su mejor amigo en Bogotá. Ambos, para sacudirse de la modorra de esta ciudad fría, van cada vez que pueden a ver el célebre torneo que se juega en la cancha de El Pesebre al Sur de Bogotá.

Hace rato no ve a su mamá quien vive sin demasiadas afugias en la Venezuela de Maduro. El presidente lo admira y es un orgullo nacional. Su leyenda se terminó de completar cuando logró el subcampeonato mundial sub 20 en el 2017, un logro que países latinoamericanos que se precian de tener más tradición, como Colombia, nunca han podido disfrutar. A partir de allí Fariñez superó en popularidad a otros ídolos con experiencia en Europa como Salomón Rondón o Tomás Rincón.

Solo los peloteros pueden despertar ese fervor del gran Wuilker. Gracias a él los niños en Venezuela ya no sueñan con ser beibolistas. ¿Tienen alguna duda de que es un crack?: disfruten estas atajadas:

 

 

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