El peso de ser hijo de Miguel Rodríguez Orejuela

El silencio de los Rodríguez Orejuela le ha salvado la vida a 28 integrantes de la familia, entre ellos a Miguel Andrés, quien habló con Las2orillas

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Agosto 10, 2015
El peso de ser hijo de Miguel Rodríguez Orejuela

El 6  de agosto de 1995 cayó  Miguel Rodríguez Orejuela y con él comenzó el declive definitivo del Cartel de Cali,  una  organización que llegó a controlar el 80% de la cocaína exportada desde Colombia hacia los Estados Unidos.

Desde que su papá era el hombre más buscado del país, Miguel Andrés Rodríguez siempre se despertaba con miedo a las malas noticias. Esa mañana de domingo pensó que habían asesinado a su papá al encontrar a su mamá y abuela llorando en la casa donde vivía la familia en la parcelación La Riverita en el sur de Cali.  Está vivo, lo capturaron  fue la frase que confundió la zozobra del momento con cierta sensación  de  tranquilidad, porque finalmente conocería el paradero de su papá así fuera en un penal. Todo lo vieron a través de la televisión, su detención al lado del general Rosso José Serrano y  su traslado de Cali a la cárcel La Picota de Bogotá donde su hermano Gilberto se encontraba detenido.

La pesadilla que vivieron por cuenta de un cáncer de riñón que padeció Miguel Andrés cuando sólo tenía ocho meses de nacido y que lo recluyó tres años en el Miami Children Hospital, no era la prueba más dura que enfrentaría la familia comparado con lo que se les venía. Tenía 17 años, cuando su papá fue capturado y estudiaba en el colegio Bilingüe Los Cañaverales de Cali donde lo trataban sin discriminación a pesar de ser hijo del capo fugitivo. Rutinariamente, rodeado de escoltas se lo trasladaba de la casa al colegio y el fin de semana se refugiaban en alguna de las fincas. Fueron varios meses de incertidumbre que concluyeron con la detención sin que hayan nunca conseguido vivir con tranquilidad por cuenta de su apellido. Han pasado veinte años desde la captura, Miguel Andrés tiene 38 años, es abogado vive en Cali y tiene un hogar del que no le gusta hablar para protegerlos.

¿Cuándo vio a su papá por última vez antes de la captura?

Ese año lo vi por la fecha del día del padre pero había hablado con él días antes por teléfono para mí cumpleaños el 14 de julio cuando casi lo capturan al día siguiente de esa llamada en el oeste de Cali. Lo que me acuerdo es que había mucha persecución.

¿Qué hacen sus hermanos veinte años después de la captura de Miguel Rodríguez Orejuela?

Creo que algo que nos unió o que hicimos sin darnos cuenta es que los problemas los enfocamos en nuestros estudios. Todos se destacan como profesionales, tienen una profesión y una especialización.   Hay abogados, ingenieras, economistas y administradores de empresas, incluso mi hermana menor es una mujer brillante, académicamente ha superado cualquier nivel frente a sus hermanos. Se graduó del colegio como la mejor bachiller, fue de los tres mejores Icfes del Valle del Cauca y obtuvo una beca del 100% para estudios superiores luego de graduarse Cum laude en su universidad en Cali.

¿Y usted de qué vive?

Soy abogado aunque veinte años después muchos en la calle rumoreen ¿Ese de qué vivirá? Debe ser `traqueto´. Desde mi propia experiencia al perderlo todo por cuenta de la extinción de dominio me sirve para asesorar exitosamente a otros en el tema de la insolvencia económica. Mi capacidad para superar ser el hijo de un hombre que cometió graves errores y hoy paga por ellos, me convirtieron en un capacitador, dicto charlas motivaciones en cárceles, universidades y empresas en las que hablo de perdón, reconciliación y emprendimiento para salir adelante.

¿Cómo ha sido vivir con el estigma de ser un Rodríguez?

No puedo hablar en nombre de mis hermanos, no soy su vocero pero la resiliencia en el caso de la familia no ha sido sentarse a llorar pero sí como quedarse suspendido en el tiempo pensando que es mejor quedarse callado, dejar que el pasado se vaya también,  y pensar que el silencio te va dar otra oportunidad. Ahí es donde yo difiero con ellos porque para cambiar y dejar ese pasado atrás hay que remontarse al mismo para justificar el presente que estás viviendo en un sentido de transformación.

¿Y en su caso cómo ha manejado ser el hijo del capo del cartel de Cali?

Señalarte por una condición familiar o por el ser el hijo de alguien es un estigma que no debería existir, porque en Colombia no existen delitos de sangre, no puedes condenar a un miembro de una familia  por el hecho de nacer en una cuna. Han pasado veinte años de un problema que yo creo que tiene derecho al olvido y soy la principal persona que debe olvidar lo que vivimos. Anteriormente me sentía estigmatizado pero era por mí,  es una conducta mental. Así que me liberé de eso, el que me quiera aceptar, me acepta con mi forma de ser, con mi manera de relacionarme, con mi respeto por los demás y al que crea que no le conviene ser mi amigo o me evita,  respeto su decisión, me rodeo de quien quiere estar a mí lado.

Usted alude el derecho al olvido pero ¿Les pasan aún episodios incómodos por cuenta del  apellido?

Es algo con lo que uno aprende a vivir, no hay temor ya pero me pasó muchas veces cuando salía del país los computadores siempre emitían la alerta, no era una circular roja de Interpol o una orden de captura era el aviso de estar en la lista Clinton que tiene poder vinculante internacionalmente. Una vez que fui al Líbano me preguntaron en inglés what is your father’s name? Habían prendido un bombillo rojo y me llevaron a un cuarto aislado, no pasó nada, solo tuve que informarles donde estaría hospedado. Hace poco fui a un país de Centroamérica y cuando me pidieron el pasaporte dijeron “Es él” sentí el frío más grande que pudo recorrer mí cuerpo porque pensé que era un incidente que desconocía pero era el antecedente de la lista y es ahí cuando sale a relucir la carpeta que cargo cuando viajo que yo llamo la carpeta de la verdad.

¿Qué contiene esa carpeta?

Tengo todos los derechos de petición con documentos actualizados que certifican no tengo ningún inconveniente de tipo penal, que estoy libre de cualquier situación jurídica y que fui removido desde el año 2008 de la denominada lista Clinton y además les cuento a las autoridades migratorias sobre lo que hago actualmente como abogado, en el tema empresarial y de las charlas que doy, lo que empieza con un requerimiento frio termina en una charla amena.

¿Se llama casi igual a su papá, él Miguel Ángel y usted tiene el Andrés como segundo nombre, eso le ha traído problemas?

Situaciones como por ejemplo con un cliente al que asesoraba en temas comerciales y nunca dije mi origen pero siempre que llegaba a las reuniones el grupo de trabajo decía “Llegó Miguel Rodríguez, el bueno” yo me quedaba callado porque finalmente necesitaba trabajar  pero llegó un momento en que no me aguanté, no podía tener más este taco en la garganta, habían pasado ocho meses y cuando estaba próximo a terminar el contrato les confesé que era el hijo de Miguel Rodríguez Orejuela. Dijeron que aprendieron a no juzgar lo que pasó sino lo que puede venir.

¿A sus hermanos les suceden situaciones similares?

Una hermana que vive fuera del país siendo la más destacada vendedora de una multinacional de seguros de Colombia donde desconocían su origen, le tocaba escuchar en todas las reuniones como ponían a los Rodríguez Orejuela de mal ejemplo para evitar enredos de la compañía con lavado de activos. Ella finalmente renunció y nunca se enteraron que era parte de la familia.

Esta es la tercera vez que habla en medios de comunicación ¿Por qué no le gusta dar declaraciones sobre todo en esta fecha en la que se conmemora la captura de su papá?

Cuando me llaman los periodistas por esta época para hablar del tema me parece un acto morboso primero porque no puedo celebrar de ninguna manera el hecho de que mi papá esté privado de la libertad, me tengo que retrotraer de las noticia de país o de connotación política a la noticia familiar que me afecta como ser el hijo. No puedo hablar con propiedad de algo que marcó mí vida y me afectó emocionalmente, no puedo sentirme orgulloso de algo que me separó de la vida cotidiana de mi padre.  Si me invitan como ustedes a hablar del pasado pero proyectando el presente esos son los temas de los que me interesa hablar.

¿Es cierto que su papá se molesta cuando habla del tema?

Él se da cuenta de todas las noticias, le comentan sus compañeros de penal, creo que le molesta que remueva el pasado porque de pronto lo hace sentir culpable el recordar algo que causa dolor a la familia, me dice “hijo no  hable más, no recuerde” pero yo lo hago es para labrar un presente diferente,  de lo que estoy construyendo en la vida enfrentando temores y fantasmas de ese pasado que debe quedar atrás para que lo empiecen a ver con otros ojos. He hecho un pacto de no hablar de lo que no me compete porque no lo conozco,  no hablar de lo que hizo ni con quien, de a quien ayudó, a quien le dio un cheque o sobre quien lo traicionó, es su vida, y si él no lo ha dicho, yo tengo que respetarlo.

¿Es cierto que Miguel no se autoreconoce como  narcotraficante?

Creo que no lo hace por respeto a sus hijos.  Nunca he debatido el tema con él, nunca le he dicho dígame qué hizo y qué no hizo, no lo juzgo ni lo ataco, tampoco a mi tío,  no soy quien para hacerlo, ya hay estamentos que lo han hecho y cada uno está cumpliendo su condena donde el estado colombiano e internacional dicen que deben estar. En el caso familiar prejuzgar esos actos es hasta doble moral porque finalmente de esos negocios en lo malsano que hicieron yo viví, entonces me queda como duro atacar lo que yo viví.

¿Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela han guardado silencio, nunca van a revelar nombres o decir con quién estuvieron relacionados en sus actos delictivos?

Mi tío decía unas palabras muy sabias cuando estudiaba filosofía-así suene amarillista-hablaba de la ética, decía que hasta el bandido debería de tener ética, y la ética del que se equivoca que refiere es que “si me caigo yo solo ¿Por qué debo hablar de los demás que no tienen mis mismos problemas?   Es una convicción como “Sabemos lo que hicimos y con quien lo hicimos pero nos morimos en la raya que no vamos a hablar de nadie”  y eso es algo que mucha gente en la calle lo ve respetable,  es su forma de pensar.

¿Qué opina usted de ese silencio?

De pronto uno por querer tener un papá cerca dice fue egoísta y pudo haber tenido herramientas para negociar pero hoy en día entiendo la hombría que ha tenido frente a eso y lo respeto. Fue el hecho de hacer más que una transacción jurídica, una de amor en el sentido que hay 28 miembros de una familia que estaban marginados y señalados dentro de la lista Clinton que te ponía al nivel de personajes como Osama Bin Laden, donde eres un narcotraficante designado cuando nunca moviste ni un gramo de coca ni sabes qué es eso, eres narcotraficante designado por una orden ejecutiva americana del presidente Clinton. Algo que te mataba la vida desde el punto de vista jurídico y civil. No podías tener una cuenta bancaria, un seguro de vida,  no podías tener una vida normal.

 ¿Fue un sacrificio por ustedes?

Eso fue más o menos entregar su vida sabiendo que iban a ser condenados y negociar el lograr una nueva oportunidad para su familia. El creer en el gobierno de ese entonces y en que se hizo una negociación donde se iban a dar unos medios de vida, pero que cuando llegamos a Colombia a buscarlos al final hubo para mí un paquete chileno, el cual entiendo y lo acepto porque eso nos ha dado la oportunidad de sacar lo mejor de cada uno de nosotros, con nuestras capacidades el volver a empezar no desde lo que tu papá te dejó sino desde lo que tú eres capaz de hacer.

¿No les cumplieron lo que se acordó?

No existía la normatividad jurídica que reglara el poder devolver esos medios de vida a una familia para arrancar desde cero, cuando después de año y medio se sancionó esa ley que permitía devolver o compensar,  ya todos los procesos que teníamos en Colombia de nuestras propiedades y empresas habían sido fallados a favor del Estado, lo que hacía imposible devolverlos.

¿Como su hijo conoce algunos de esos nombres que ellos no han querido revelar?

Un hombre en el poder como era mi papá, reconocido como un empresario pero con el murmullo de la gente, porque sé que pasaba que decían “algo raro hará pero es empresario” y estaban ahí personas importantes, que no me interesa dar nombres porque si no los dio mi papá o mi tío, que son los actores principales de ese tema y han guardado silencio, que ha sido el mayor activo de ellos para estar nosotros con vida entonces qué puedo hablar yo de eso…Nada. Pero si conozco que mi papá trabajaba las 24 horas del día  y también hacía favores.

¿Qué clase de favores?

Uno de los favores me recuerda a un empresario importante de Cali que su hijo murió durante un viaje de excursión en un país de Centroamérica. Para esa ruta no había aerolínea, mi papa conoció el caso, le hizo el favor a ese hombre prestante que ya murió de prestarle el avión para que pudiera repatriar el cuerpo de su hijo y traerlo a Colombia. Al volver el empresario le preguntó a mí papá que cuánto le debía y él le dijo “Eso fue un favor, en este momento difícil, es con aprecio de parte de la familia Rodríguez Orejuela” lo aceptaron y no pasó nada.  No cobraba nunca esos favores, no le interesaba,  era de pronto buscando esa aceptación en la sociedad a la que finalmente quería pertenecer.

¿Esa es la sociedad que usted dice ser de doble moral?

Si me remonto a mira a la sociedad, sin criticarla ni atacarla, es muy chistoso ver por ejemplo un estadio que se llenaba con 30 mil personas para a ver un equipo rojo, que era el América de Cali y que todo el mundo sabía quién estaba detrás de ese equipo, que familia o la persona que era un supuesto destacado empresario que había metido dinero para que ese equipo llegara a la gloria. Todo el mundo sabía en que andaban los Rodríguez Orejuela pero les gustaba estar alrededor de ellos, yo lo vi,  pero después de que ellos cayeron en la cárcel y fueron extraditados te encuentras a personas en la calle que  te preguntan ¿Qué hay de aquellos? No son aquellos, son Miguel y Gilberto. Esa es la doble moral de la sociedad,  que aceptan lo que está sucediendo, ese caldo de cultivo, comen y participan de él y luego se lavan las manos, entonces yo me pregunto quiénes son más antimoral los que cometieron el delito o los que están alrededor del mismo

¿Cree que fue ejemplarizante su condena, le sirvió de algo al país?

Creo que no ha servido para nada porque antes esa situación se repite a una escala mucho más grande. La supuesta forma en que ellos manejaron el poder han sido mecanismos que en el tiempo siempre han existido desde mucho antes incluso en el mundo. Ejemplarizante no fue, si lo hubiera sido esa medida habría generado un choque tan fuerte que hubiese evitado después de un gran escándalo como el del Proceso 8000 que no se repitieran en el país situaciones similares, pero mutó y luego fue cambiando de nombre a un proceso parapolítico y farcopolítico. No se logró nada.  A eso va a llegar el tema de las drogas y de la cocaína en un momento dado, al final ese negocio tiene que tender a ser legalizado.

¿Qué empresas tuvo su familia?

Drogas la Rebaja, los laboratorios farmacéuticos con marcas registradas ante el Invima que son las que se venden en las propias farmacias; Prosalud, que fue una red de expansión droguerías y consultorios que se convirtió en un modelo que se impuso en el Valle del Cauca. El Grupo Radial Colombiano, escuela de muchos periodistas que actualmente están vigentes como Iván Mejía, Óscar Rentería y Mario Alfonso Escobar, y no quiere decir que estuvieron permeados de algo, jamás.

¿Qué aprendió usted de toda esa visión empresarial?

De eso es lo que yo puedo hablar porque fue lo que viví, el poder empresarial, ser miembro de una junta directiva estando muy joven.  Cuando estaba en octavo semestre de derecho y me creía el erudito jurídico me pusieron a trabajar como cualquier empleado de mis primos, de quienes también aprendí y tuve la formación empresarial. Salía de estudiar al medio día para irme a trabajar de dos a seis de la tarde,  de lunes a viernes. Aprendí como ir ascendiendo cuando yo pensaba que iba a ser jefe de los abogados. Sentí rabia en algún momento porque decía cómo mí papá me pone a ser empleado de sus empleados, pero era que me estaba formando tenía que estar en los zapatos del otro para poder más adelante dirigir a alguien.

Como hijo de un actor importante del conflicto en Colombia ¿Qué opina del proceso de paz?

La verdadera paz no es la que se firme en la habana, la verdadera paz es que las personas del común aprendamos a perdonar de corazón independientemente de los errores que hayan cometido las personas, no es pasar por alto, es continuar sin un espejo retrovisor desmeritando las capacidades que una persona en su vida normal pueda llegar  a tener. Esto es clave para que ese posconflicto que se viene no se vuelva una guerra más de la que ya tenemos, cómo vamos a aceptar a esos guerrilleros reinsertándose a la vida normal, pero estamos hablando de paz y ésta no se da ni en Bogotá, ni entre los dos ex presidentes a quienes yo respeto.

Hay un debate en el país sobre el tema de la creación de la Comisión de la Verdad que se acordó en La Habana que tiene como fin contarle al país lo que pasó en 50 años de conflicto ¿Miguel y Gilberto serán tenidos en cuenta para ese esclarecimiento de la verdad?

Desconozco si se planea que ellos participen en la Comisión de la verdad pero sí creo que llegó el momento de que seamos más frenteros, si vamos a hablar de un proceso de paz y un posconflicto debemos a empezar a decirnos las verdades. En la tesis laureada sobre la violencia en Colombia que mi tío trabajó cuando cumplía su pena en la Picota y en Palmira, para graduarse como filósofo de la Universidad Santo Tomas de educación virtual, se planteó unas clínicas académicas para encontrar soluciones al conflicto con todos los actores sentados en la mesa. Mi tío es un visionario porque eso fue más o menos hace once años y ahora se da con las FARC.

¿Está escribiendo un libro, de qué se trata?

Aspiro publicarlo en diciembre porque estoy buscando apoyos, se llama “Emprender desde la adversidad” donde cuento mí historia, hablo del cáncer que padecí cuando era sólo un bebé y de la historia con mi papá,  pero es sobre un lado de la historia sin patrones, alias ni odiseas mafiosas. Tal vez no dará carne para un novela del prime time, pero espero sea útil para las nuevas generaciones que se están perdiendo por creer aquello de conseguir dinero fácil.

¿Cuándo fue última vez que visitó a su papá en la cárcel?

En el 2013, lo vi tranquilo y aceptando su condición pero temo que muera encerrado lejos de nosotros.

Miguel y Gilberto Rodríguez Orejuela superan los 70 años de edad, veinte  los han pasado en la cárcel, su familia cada nueve de junio y seis de agosto remueven ese triste pasado mientras muchos celebran con sus capturas un gran golpe del Estado.

 

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