El tiempo pasa a ras de viento, y veinte años no es nada, como bien dijo el buen Carlos Gardel, en tanto que la verdad y la justicia en Colombia marchan, como bien plasmó el escritor Álvaro Salom Becerra en su libro Don Simeón Torrente ha dejado de deber, "(...) a la velocidad de pleito sometido a tres instancias". En ese sentido, el caso de Pedro Juan Moreno ha marchado a esa velocidad, en gran medida por el pacto de silencio que hay entre las élites del poder, siendo que aún existe un gran misterio en torno a su deceso.
A veinte años de su extraña muerte, la figura de Moreno Villa parece estar sumergiéndose poco a poco en el rincón del olvido en la opinión pública, a pesar de que muchos sepan que fue él la persona clave en la vida política de su otrora compañero de causa Álvaro Uribe Vélez, en su etapa como gobernador de Antioquia y más adelante como presidente de Colombia y que en la clandestinidad habría sido uno de los ingenieros del paramilitarismo en Antioquia y Córdoba, además de ser autor intelectual de las masacres de El Aro y La Granja en el Bajo Cauca y del asesinato del abogado Jesús María Valle, como bien lo han señalado Salvatore Mancuso y Alberto Guerrero en sus declaraciones ante Justicia y Paz y la JEP.
Justamente en la primera presidencia de 2002-2006, las diferencias entre Uribe Vélez y Moreno Villa se empezaron a demarcar por tanto que los compromisos clientelares del primero le dieron prioridad a personajes tan polémicos y muy criticados por el propio Moreno Villa, a quienes nunca los bajaba de vagos, incompetentes o corruptos.
Inclusive, hay quienes han afirmado que ese rompimiento entre ambos surgió luego de que a Moreno Villa le fuera negado su nombramiento ya fuera como director del DAS o como ministro de Defensa, cargos que fueron dados a Jorge Noguera y Marta Lucía Ramírez, quienes más adelante habrían de salir por la puerta de atrás de dichos puestos ante polémicas desatadas durante sus administraciones, el primero en torno a casos de corrupción, algunos de estos denunciados por Moreno Villa en su revista La Otra Verdad.
A partir de esa separación con el uribismo, Pedro Juan Moreno había decidido trazar su camino a través de su naciente medio de comunicación, buscando hacer carrera política mediante el voto de opinión. Muchos han considerado al actual presidente Gustavo Petro Urrego como el primer personaje público en hacer oposición al gobierno Uribe y en denunciar públicamente los actos de corrupción y demás crímenes de dicho régimen en los más memorables debates dados en el Congreso como fueron la infiltración del narcotráfico y el paramilitarismo en la economía y la política colombiana, las chuzadas del DAS, los falsos positivos, los pagos ilegales de coimas de Odebrecht a políticos y empresarios de casta y el carrusel de la contratación en Bogotá.
Empero, quizá el mérito de ser el primero de los primeros opositores y denunciantes contra el régimen uribista bien se lo puede llevar Moreno Villa, quien en sus más contundentes artículos de investigación periodística sustentados en trabajo de campo y revisión documental logró revelar muchos hechos delictivos que lograron comprometer a personajes cercanos al entonces presidente Uribe, como a personajes de la élite criolla, llegando al punto de que muchos de ellos quedaron boleteados o salieron renunciados de puestos importantes en ministerios, departamentos administrativos y hasta de rangos superiores dentro de las fuerzas armadas y de policía.
En un anterior artículo, había mencionado varios de los casos denunciados por Moreno Villa, así como a determinadas personas mencionadas en cada artículo y las posibles razones por las cuales aquel accidente aéreo ocurrido el 24 de febrero de 2006 en el Cañón de la Llorona, Urabá antioqueño, que le costó la vida al empresario paisa, su hijo, su secretaria y el piloto de la aeronave, bien pudo tratarse de un asesinato a sangre fría disfrazado como un accidente aéreo. Sin embargo, solo hasta hace poco se publicó información relevante por cuenta de una fuente humana que podría dar un vuelco a la historia.
En medio de un caso ya de por sí turbio, el testimonio dado por una testigo protegida, identificada como una exfuncionaria de Medicina Legal seccional de Antioquia exiliada en Europa para el canal de YouTube Universidad Nómada y para el periodista Alfredo Serrano, agregó un tono bastante dantesco que más parecía una historia escrita al puro estilo de Edgar Allan Poe o Mario Mendoza, al afirmar que de los cuatro cuerpos de las víctimas de ese accidente aéreo, sólo tres estaban completos y el cuerpo de Moreno Villa estaba completamente calcinado, despedazado e irreconocible al punto de que el mismo venía en dos maletas forenses compactadas traído por unidades de contraguerrilla del Ejército, algo bastante irregular en un caso de presunto accidente aéreo que podría no solamente confirmar la teoría de un posible asesinato, sino cambiar las causas y circunstancias en las que mataron a Pedro Juan Moreno Villa.
A la par de esta declaración pública, surgió entre las redes sociales una reveladora entrevista de Julio Sánchez Cristo hecha al exgeneral del Ejército Rito Alejo del Río en 2014, la cual curiosa y convenientemente pasó desapercibida considerando lo delicado de la información, en la cual el exgeneral afirmó haber precedido una reunión secreta a mediados de 2002 entre él, Pedro Juan Moreno, el director de la Policía Nacional Teodoro Ocampo y un supuesto coronel que acompañaba al entonces general, quien para sorpresa de Moreno Villa y del Río resultó ser el mismísimo Danilo González. La reunión habría tenido por objeto buscar arreglar diferencias entre Pedro Juan Moreno y algunos oficiales de alto rango surgidas a raíz de un supuesto intento de indictment colocado con base en información dada por estos oficiales contra Moreno Villa en Miami bajo supuestas acusaciones de narcotráfico.
Lo que pareció una reunión pacífica y conciliadora, rápidamente se había vuelto un intento de intimidación hacia Pedro Juan Moreno, pues según palabras del exgeneral del Río, tan pronto como el general Ocampo había dejado el lugar supuestamente para atender una diligencia pública, González comenzó a lanzar sendas y fuertes amenazas contra Pedro Juan, quien a su vez las había respondido de forma igualmente agresiva y soez. Lo revelador del asunto fue que dicha situación se habría derivado a raíz de las investigaciones publicadas por Pedro Juan Moreno en La Otra Verdad, en las que comprometió con nombre propio a elementos de alto rango y reconocimiento en la institución, como el mismo Rosso José Serrano, Leonardo Gallego Castrillón, Óscar Naranjo y Mauricio Santoyo, ambos con una cosa en común: habrían sido los agentes más destacados en la lucha contra el Cartel de Medellín en los tiempos de Pablo Escobar.
Como si esto fuese poco, el exgeneral del Río había comentado la existencia de muchas grabaciones en audio de reuniones secretas sostenidas entre Pedro Juan Moreno y oficiales de la Policía Nacional, quienes acudieron al empresario paisa en busca de denunciar una serie de crímenes cometidos al interior de la fuerza policial, delitos que al ser escuchados en dichos audios por el propio general del Río lo habrían dejado estupefatuo por no decir que asqueado.
En esto último, hago una mención de otra historia que aparentemente sea un caso aparte, pero que ocurrió justo en aquellos primeros días de ese 2006; habría de ocurrir otro evento igual de macabro y oscuro, justamente un mes antes de la muerte de Pedro Juan Moreno, cuando la alférez de la policía Lina Maritza Zapata apareció sin vida en uno de los dormitorios de la Escuela de Policía General Santander, y cuya historia solo tomó relevancia en 2014 al descubrirse aquella red de prostitución dentro de la Policía Nacional, conocida como la famosa Comunidad del Anillo, la cual habría sido denunciada por la propia alférez Zapata ante los directivos de la institución, quienes le habrían de hacer caso omiso pese a la gravedad del asunto. Vaya que las coincidencias en tiempo y contexto existen para Lina Maritza y Pedro Juan.
Al respecto, Pedro Juan Moreno esperaba llegar al Senado de la República en las elecciones de 2006 para hacer debate público de muchos de estos casos ocurridos dentro de la institución, lo cual hubiera generado un escándalo de enormes dimensiones tanto o más desproporcionados que la misma parapolítica. Y la cereza del pastel de aquella entrevista fue un breve comentario del exgeneral del Río en el que afirmó que Pedro Juan Moreno Villa estaba haciendo sus propias averiguaciones del asesinato de Álvaro Gómez Hurtado. Otra casual coincidencia.
Obviando el hecho de que en el resto de la entrevista el exgeneral del Río haya acusado públicamente de calumnia al padre Javier Giraldo y a Gloria Cuartas, sus principales denunciantes en el caso Urabá, o si intentaba desligarse de su cercanía con las AUC, lo cierto de este caso es que tanto del Río, como el ya fallecido periodista Jaime Taborda, el actual presidente Gustavo Petro Urrego, Gloria Cuartas y hasta el mismo Julio Sánchez Cristo concuerdan en una sola cosa y es que existe la alta probabilidad de que Pedro Juan Moreno Villa sí haya sido víctima de un complot criminal orquestado desde altas esferas del poder.
Más que dar respuestas, más y más preguntas siguen saliendo en torno a este turbio y siniestro caso: ¿A Pedro Juan Moreno Villa lo habrían torturado, asesinado y cremado en otro lugar apartado? ¿Quiénes habrían de orquestar y aplicar el macabro plan de asesinato? ¿Mafiosos, policías, agentes de inteligencia o ambos a la vez? ¿Qué tanto sabía Pedro Juan Moreno Villa de la corrupción en la Policía Nacional? ¿Sería acaso que Lina Maritza Zapata había acudido a Pedro Juan Moreno en un intento de denunciar a la Comunidad del Anillo? ¿Acaso Pedro Juan Moreno Villa y Rito Alejo del Río sabían de esa tenebrosa comunidad? ¿Pedro Juan Moreno pudo ser silenciado por haber posiblemente descubierto la alianza oscura que mató a Álvaro Gómez Hurtado?
La verdad de esto es que este caso, como muchos otros casos de asesinato en Colombia, sigue sin responder, pero la otra verdad es que Pedro Juan Moreno Villa es otro de los buenos muertos que el ya procesado expresidente Álvaro Uribe Vélez tiene sobre sus espaldas, ya sea que él hubiera dado la orden o cuando menos saber lo que en verdad pudo pasarle a su otrora compadre de lucha, como bien dejó escrito Nancy Esther Zapata en su correo a la misteriosa Rebeca.
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