El papel estratégico que podría jugar el centro en las elecciones

Partiendo de la premisa de que el problema no es el capitalismo sino la sub-producción, considero que la repuesta no es el socialismo ni el capitalismo voraz

Por: Carmelo Chamorro Espriella
mayo 19, 2022
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El papel estratégico que podría jugar el centro en las elecciones
Foto: Leonel Cordero

“La virtud está en el justo medio. El vicio en los extremos”

Un amigo me conmina amablemente a que haga una caracterización del centro en Colombia en la presente coyuntura, y mi análisis parte de una afirmación suya de que “este país no es ni siquiera capitalista”, en lo que coincidimos.

En efecto, lo que tenemos es un feudo capitalismo, y para ser más preciso un establecimiento semifeudal y neocolonial, con un capitalismo raquítico dependiente de potencias extranjeras.

Mientras las crisis de las naciones desarrolladas se dan porque producen más de lo que consumen, las crisis de superproducción, las que padecemos por estos lares es que no producimos siquiera para satisfacer la demanda interna y dependemos del trabajo extranjero, patética realidad que puso al desnudo la pandemia, ni siquiera las jeringas para aplicar las vacuna anti-Covid-19.

El gran fracaso de los partidos políticos que han gobernado a esta nación, desde la revolución de independencia bajo el comando de Bolívar y Santander y cuyo gran logro lo constituyó la fundación de la República de Colombia como nación soberana e independiente de poderes foráneos, con dos tareas por delante, resolver el atraso cultural de nuestro pueblo y la desueta estructura en la tenencia de la tierra-es que a estas alturas aún no han hecho la tarea, no han resuelto ni la cuestión agraria ni lo cultural, incapaces de desarrollar el capitalismo debidamente, de mantener la integridad territorial (la disolución de la Gran Colombia, el arponazo gringo sobre Panamá, pérdida del mar territorial con Nicaragua, entre otros).

El “I TOOK Panamá” fue el inicio de la progresiva pérdida de la soberanía nacional. No han podido remover los obstáculos que frenan el desarrollo, los rezagos feudales en el campo y el sojuzgamiento externo y, de contera, han sido 200 años de sufrimiento sin cuento para el pueblo, convertido en carne de urna y de cañón con la violencia demencial que han desatado y la democracia de papel que han instaurado con violencia, clientelismo, demagogia y corrupción a bordo. Ese es su tétrico legado.

Y dos siglos después de la gesta independentista con respecto al colonialismo español, ¿cómo se tipifica la actual sociedad colombiana?

  1. En la base de la pirámide social la Colombia profunda, el llamado pueblo raso (1,2 y 3 en el Sisben), conformado por las personas en la pobreza en todas sus formas, los sin trabajo, los desplazados por la violencia, los “descamizados”, las comunidades indígenas, afrocolombianos y de campesinos pobres, asalariados no calificados que devengan un salario mínimo mensual, los informales que viven del rebusque, del presta diario. A este propósito sea pertinente machacar que Colombia es el segundo país con el mayor nivel de desigualdad de Latinoamérica, medida a partir del coeficiente de Gini (0.538), solo superado por Haití.
  2. En la cima de la pirámide, la plutocracia dominante, responsable del desastre anterior, que vive de las rentas y sus negocios, lícitos o no, son una minoría pero tienen el manejo de todos los poderes, el económico, el político, el militar y el religioso, los grandes potentados, los súper ricos tradicionales, los nuevos ricos o clase emergente también denominada lumpen burguesía, hacendados y grandes latifundistas, grandes comerciantes, en especial importadores, y la burguesía financiera que lidera al estamento.
  3. Y en el centro, las capas medias de la población, los medianos productores y propietarios, los empresarios no monopolistas del campo y de la ciudad, los profesionales asalariados que devengan de 3 salarios mínimos en adelante, los empleados públicos y trabajadores oficiales y de la empresa privada con ingresos que superan el salario mínimo.

Partiendo de la premisa que el problema de Colombia no es el capitalismo sino la sub-producción aparejada a la falta de capitalismo. Que la respuesta al atraso semifeudal imperante no es el socialismo, por un lado, porque es un sinsentido socializar la pobreza, ni muchos lo que las potencias globalizadoras con su capitalismo salvaje nos impongan o digan que debemos hacer, a través de sus instrumentos de dominación como el FMI y la OCDE.

La salida a los males que padece la nación y la sociedad en su conjunto es la instauración de un régimen que rescate la autonomía del Estado para el manejo autónomo de sus recursos, o sea, la plena soberanía nacional, cambie radicalmente la actual política económica de corte neoliberal que agencia el Estado, no suscriba más TLC y renegocie los existentes en aquellos aspectos lesivos al agro y a la industria nacional, que potencie nuestro aparato productivo (agro e industria) robustezca el mercado interno y haga de la educación una poderosa fuerza social productiva y de Colombia un país de propietarios generadores de riqueza y de trabajo.

A esta solución se le llama capitalismo democrático o régimen de nueva democracia, que es el que ha puesto a China en la situación cimera que hoy ostenta, cuando 70 años atrás estaba más atrasada que Latinoamérica.

De acuerdo con la premisa anterior, ocurre preguntar, ¿cómo se expresan políticamente los sectores que conforman nuestro organismo social?

  1. Los de abajo, dado el grado de pobreza material y atraso cultural que padecen, son fácil presa de la manipulación y las víctimas terminan apoyando a sus verdugos. Sufre la peor de las alienaciones, ser carne de urna y carne de cañón de los partidos tradicionales y de sus derivados en el presente. El papa Francisco con gran tino lo expresó en su visita a Colombia: “los neoliberales primero empobrecen a la gente con sus políticas y luego los ponen a votar por ellos”, vía asistencialismo estatal o engatusados de falsas promesas o por la coacción armada. También son “carne de urna”, porque el hambre tiene cara de perro, y los caciques se precian en decir que en tiempos de elecciones compran a los pobres por libras y arman paquetes de cédulas que venden al mejor postor; también las masas populares irredentas son fáciles presa de Caudillos populistas de todos los pelambres que las manipulan y controlan emocionalmente con las pasiones negativas de la ira y del miedo. Entonces, rasgo sobresaliente, es un sector social voluble e inestable en política, muy manipulable, se mueve por motivos emocionales. De “pueblo en sí” pasará a “pueblo para sí”, cuando crezca en comprensión política y actué en consecuencia.
  2. Los de la cima, son los “atenidos” que usurpan el poder y viven de lo ajeno. Los gobiernos plutocráticos de los partidos tradicionales y sus derivados (CD, CR, Partido de la U) se caracterizan todos por la sumisión incondicional frente a los Estados Unidos, y el factor dirigente de este sector social lo es la burguesía financiera que se han enriquecido a la sombra del tutelaje extranjero y es utilizada al tiempo como base social para la dominación neocolonial que ésta ejerce , para el saqueo, para la explotación de los recursos, para imponer sus políticas que alimentan el subdesarrollo. Por tanto, la plutocracia está con el orden establecido, defienden al estamento neoliberal porque también viven del cuento, son retrógrados y reaccionarios porque fomentan el atraso y viven del atraso.
  3. El llamado centro, una unidad de contrarios en sí mismo considerado. De una parte, es el sector social más damnificado con el tsunami neoliberal que sacude el país desde hace 30 años, la llamada clase media en vías de pauperización y los profesionales precarizados, soportando la mayor carga tributaria con retención en la fuente y los impuestos indirectos. De la otra, el centro es el nervio medular de la nación, en su seno se gestan las clases llamadas a jalonar los cambios y el desarrollo, la burguesía industrial, acogotada por la burguesía usurera financiera; y la clase trabajadora en su conjunto organizada en sindicato que resisten la explotación y la opresión, en especial su núcleo directivo, el proletariado industrial, pero con la quiebra del agro y de la industria nacional y el cierre obligado de fábricas y el desmonte de las empresas industriales entregadas al capital extranjero que imponen la flexibilización laboral, ven como el poder sindical decrece cada día más, mermado en número y fuerza negociadora. Ambas clases se beneficiarían con el cambio de política económica del estado hacia el pleno empleo con medidas oficiales efectivas de fomento del agro y de la industria hacia un capitalismo pujante. También beneficiaría a los pequeños y medianos propietarios y productores, de una parte; a los asalariados en general que acrecentarían en número, sus organizaciones gremiales se fortalecerían al igual que su poder para la defensa y conquista de sus reivindicaciones laborales. Y se civilizaría la contienda política porque aumenta la franja de opinión libre, y el voto libre no ligado a clientela alguna. El desarrollo es el gran liberador del voto.

De tal forma que el centro, por las razones anotas y por contar con el mayor grado de comprensión política, es donde puede cuajar un proyecto de unidad nacional para catapultar a Colombia, desatando los nudos gordianos que nos amarran al atraso, y que tenga por ejes articuladores la soberanía, la producción, el trabajo, la democracia… y la paz como un derivado de la sinergia social generada en este círculo virtuoso.

Desarrollo con equidad regional y justicia social, liderado por sus clases vanguardias, la burguesía industrial y el proletariado industrial, ambas empeñadas en echar para adelante este país, aunque con nortes estratégicos diferentes, pero ahora son coincidentes en el propósito que los une, pasar de un capitalismo raquítico a un capitalismo pujante.

 

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