Con 4.4 millones de votos, el Pacto Histórico se consagra como la fuerza política dominante en Colombia, trazando el camino hacia la Presidencia

 - El Pacto Histórico se consolidó como la fuerza más votada e importante del país

El triunfo electoral del Pacto Histórico demuestra como verdad histórica que cuando el pueblo se organiza y supera sus diferencias, logra unirse en lo que une por encima de egos y mezquindades ampliando su capacidad de convertirse en poder real. En las urnas un mismo propósito de cambio entre distintos sectores sociales —movimientos sociales y ciudadanos, organizaciones populares, sindicatos, jóvenes, intelectuales, artistas, indígenas, campesinos, víctimas, defensores de derechos, y comunidades territoriales— que por años han ido construyendo espacios de participación y articulación política lograron la victoria. Las elecciones del 8 de marzo reflejan que una ciudadanía movilizada y consciente puede traducir sus aspiraciones en votos y convertir un proyecto político como el del Pacto Histórico en una fuerza efectiva de poder democrático, preparado para volver a disputar, ganar y ejercer el próximo gobierno en nombre de mayorías nacionales y no de élites.

Las elecciones del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con su imborrable memoria y legado de luchas populares con nombres como los de María Cano, Polonia Palenquera, Ana Prado, Catalina Mulata, Nicolaza Jurado, María Zabala, Juana Guzmán, las lavanderas, fritangueras, vendedoras y cocineras de Córdoba, Felícita Campos y las ligas campesinas contra los terratenientes de Sucre, Blanca Petrona reclamando justicia en las bananeras, Betsabé Espinoza exigiendo salarios justos, Débora Arango, las mujeres con Quintín Lame u Ofelia Uribe en Tunja con la hora feminista, entre cientos más, contribuyen a resaltar los resultados del momento político con el eco del contundente triunfo electoral del Pacto Histórico y el aviso de un poder popular que supera el resultado numérico favorable. Anuncia que la conciencia y el sentir ciudadano están listos para ejercer el poder y respaldar un proyecto político de cambio por profundizar las transformaciones sociales y abrir espacios para sectores históricamente marginados del poder.

La jornada electoral le dejó un mensaje directo a varios dirigentes tradicionales, quizá el más evidente sea la derrota del expresidente Uribe, que quería volver a ser senador, y otra docena de candidatos aspirantes a reelegirse y que en diversas ocasiones celebraron la impunidad, el dolor de las víctimas, irrespetaron y ridiculizaron el valor de la vida, tergiversaron la política, se burlaron de la ética o hicieron festines de la ignorancia y la vulgaridad. La ciudadanía les pasó factura, los señaló de inútiles, imbéciles, oportunistas y traidores a su compromiso con las demandas sociales.

El avance del Pacto Histórico puede interpretarse como la consolidación de una fuerza política que ha transitado de ser una coalición emergente a convertirse en una fuerza política organizada. El Pacto demostró que es un actor maduro dentro del sistema democrático; ya no es solo una alianza coyuntural, tiene cohesión organizativa, capacidad electoral y presencia territorial, que le otorgan legitimidad electoral, capacidad de gestión y construcción de acuerdos.

El 8 de marzo la contundente victoria del Pacto se refleja en haberse consolidado como la fuerza más votada e importante del país, con una votación de 4.4 millones de votos (22% y 25 curules) en el Senado, que superó al Centro Democrático por más de 1.3 millones (16.1% y 17 curules), 1.6 millones a liberales (14.8% y 14 curules), 1.9 al Partido Conservador (10.1% y 12 curules) y por 2.5 millones a los verdes (10.1%). A esta votación se suma la de la Cámara de Representantes y las curules de movimientos emergentes y listas regionales, además de las circunscripciones especiales de víctimas, comunidades indígenas, afrodescendientes y colombianos en el exterior. Este camino abre el paso al nuevo Congreso, con mayor representación popular y menos congresistas conservadores, de Cambio Radical y del Partido de la U, reflejando una clara ventaja política para el bloque progresista encabezado por el Pacto Histórico, que ahora tendrá la tarea de fortalecer sus dinámicas para alcanzar la presidencia en cabeza de Iván Cepeda. Él le ha devuelto a la disputa electoral la idea de programa, de argumentación y de ética para gobernar y quien, desde que fue elegido como candidato, se mantiene como virtual ganador en primera vuelta según los balances y múltiples encuestas con una intención de voto cercana al 60%.

El resultado del 8 de marzo reafirma la victoria del Pacto Histórico que no solo representa el éxito de una convergencia democrática real, sino también la expresión de una ciudadanía decidida a continuar y profundizar los cambios en marcha.

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