El otro maltrato que las mujeres callamos

"Muchas de las que lo sufrimos somos profesionales que dejamos nuestras carreras por atender una familia, convencidas de que era la mejor decisión..."

Por: Carolina Prieto V
julio 10, 2020
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El otro maltrato que las mujeres callamos
Foto: Pixabay

Muchas veces escuchamos hablar del maltrato físico, psicológico, verbal e intrafamiliar. De hecho, hay muchos casos que son difundidos por los medios de comunicación y virilizados en las redes sociales, que son contados escabrosamente y retratados buscando saciar el amarillismo y la morbosidad del público.

Sin embargo, hay un maltrato del que nadie habla, ese que no vende historias, ese que los libretistas no recrean en sus novelas, ese que es silencioso, ese que da vergüenza y que mata poco a poco.

Es un maltrato que no deja moretones, sino heridas en el corazón. También, que va matando el alma y acabando la autoestima y la confianza en sí misma.

Casi nadie se atreve a contar lo que hace de puertas para adentro y detrás de la ventana, por vergüenza, porque sabe que nadie creerá en sus historias o porque no siquiera sabe que eso es maltrato.

Hablo de ese maltrato diario. Es cada vez que te ignora cuando le hablas. Es ese sentimiento de inferioridad que vives cada vez que le hablas pero no te escucha porque siempre hay algo más importante. Es ese constante trato de rechazo porque no haces nada bien y ese regaño constante a los hijos porque "se parecen a su mamá". Es no poder tomar decisiones por ti misma porque siempre te equivocas. Es saber que no tienes derecho a nada porque “no trabajas" o "no aportas" y solo eres un gasto más. on esos comentarios que te hacen sentir inútil, incapaz y bruta.

Entonces también caes en la trampa, tú misma te organizas tu cumpleaños, te festejas el día de la madre: que tus hijos y demás familia piensen que ese maravilloso esposo que escogiste te llena de detalles, cuando la verdad es que a duras penas te saludó y te preguntó cuánto te gastaste en ese almuerzo.

Muchas de las que sufrimos este maltrato somos mujeres profesionales, que dejamos nuestras carreras y empleos por atender una familia, convencidas de que era la mejor decisión, porque cuando eres mujer debes obligatoriamente ser buena madre y buena esposa.

No solo dejamos la vida laboral, también dejamos atrás nuestra vida social, reconocimiento, oportunidades de crecimiento, posibilidades de seguir estudiando y por supuesto nuestros salarios.

No nos convertimos en amas de casa, porque no somos amas de nada ni nadie; somos solo sirvientas 24/7, sin salario, sin agradecimiento, sin respeto.

Dedicadas al hogar, a los hijos, a los oficios y a apoyar en el trabajo de los “jefes del hogar", porque "hay que producir" y porque por supuesto a un ama de casa le queda mucho tiempo libre y el esposo lo sabe...

Entonces pasamos a ser esclavas, sin horario, sin vacaciones, sin respeto, sin dignidad.

Y no estoy hablando del típico maltrato de subvalorar a la ama de casa, hablo de quitarle todo a una mujer y reducirla a nada: dejarla sin sueños ni futuro y hacerla sentir infame. Una que siente que hasta el oxígeno que respira se lo debe a su esposo, que lo da todo por sus hijos pero que jamás es reconocida como una buena madre, que después de terminar sus labores de hogar debe sentarse a hacer sus trabajos de asistente de oficina de su esposo pero siempre con la sensación de hacer las cosas a medias... atrás quedaron esos empleos donde era ampliamente reconocida y donde le decían que se destacaba por su buen trabajo, ahora solo es una mediocre... tal vez por eso no le pagan.

Curiosamente, ese hombre que tanto la crítica por cómo educa a los hijos jamás tiene tiempo para jugar con ellos, para ayudarlos en sus tareas, para llevarlos al parque, para leerles un cuento; ese que crítica cómo está la casa de desordenada y no le gusta la comida que cocinas, pero que jamás ha barrido ni sabe hacer un arroz.

Muchas mujeres, como yo, vivimos a la sombra de un "esposo" que se muestra a los demás como el padre perfecto, el hombre ideal y sufrido, porque su esposa no deja de molestarlo y porque ella siempre está disgustada por algo. Por supuesto, todos lo compadecen y hasta lo alientan a tener paciencia con "esa mujer" tan desagradecida... que lo tiene todo en la vida.

Yo perdí todo: quien soy, la esperanza de un futuro mejor y hasta mi capacidad de soñar, todo por un hogar, un matrimonio y unos hijos… que finalmente se irán. Entonces, quedaré yo sola frente al espejo, sin reconocerme, totalmente vacía, pero, ante la sociedad, con el orgullo del deber cumplido.

Dedicado a muchas mujeres que, como yo, optamos por un hogar antes que por nosotras mismas y fallamos en el intento.

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