El orgullo político en tiempos de COVID-19

No olvidemos que la vida es un baile y que con el tiempo damos la vuelta

Por: Mario Hernández
mayo 29, 2020
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El orgullo político en tiempos de COVID-19
Foto: Flickr www.audio-luci-store.it - CC BY 2.0.

Pensando en cómo escribir estas líneas, sin herir susceptibilidades, sentimientos y no generar un caos más grande que el que nos ha dejado por el momento esta pandemia, decidí tocar esas fibras internas, esas que a lo largo de la historia han generado grandes guerras con consecuencias nefastas para nuestra humanidad, esas que cuando nuestros “líderes” las sacan a flor de piel crean movimientos de corte nacionalistas, esas que han destruido pueblos e incluso familias.

Pues bien, la fibra que nos toca hoy es el orgullo, define por la RAE como: Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad.

Pero como si se tratara de encontrar el virus a su huésped, el orgullo necesita encontrase con algo de lo cual todos somos expertos, la política. Y digo que todos somos expertos, porque independientemente de la formación académica que se tenga (sociólogo, financiero, médico, ingeniero, etcétera) todos, pero todos, nos sentimos con esa autoridad propia de grandes pensadores y con ese orgullo que nos hincha el pecho a la hora de hablar de este espinoso pero tan común tema.

Y de esa mezcla, bastante nociva para la salud  física y mental, se derivan unos comentarios que publican en cuanta red social abunde, que un ser racional, con tres dedos de frente y con formación académica no desearía ni al peor de sus enemigos. Son los siguientes:

- “Ojalá aumenten los casos para que ese político (izquierda o de derecha) quede mal, para que la gente se dé cuenta que sus decisiones fueron un fracaso”.

- “En mi ciudad las cosas se están haciendo mal, es que ese alcalde (aunque para el caso de Bogotá, atacan a la mandataria por su de condición sexual) por el que yo no voté y que además no es de mi corriente ideológica (esa que aprendí leyendo en épocas de universidad pública o privada) no sabe ni donde está parado, parece que esas decisiones fueran tomadas por quien sabe quién”. Resulta paradójico pero las toma en conjunto con el político que sí es de la corriente del que critica.

- "Están despilfarrando los recursos públicos, ojalá y les caiga el peso de la ley". Pero momento, si es de mi partido político (del cual soy más papista que el papa), a ese que no lo toquen, porque él no sabe qué es eso de robar y mucho menos de corrupción. Si están gastando de más, debe ser porque sus mercados son mejores que los que hago yo con mi ingreso. Eso lo hacen los de la oposición, eso lo hacen otros, pero de los que soy un fanático no, jamás. Me rasgo las vestiduras por ellos, entre otra serie de argumentos que enarbolan el ego y el orgullo, convirtiéndolos en unos

Y sí, es este último punto el detonante para estas líneas: ver como las personas cercanas y lejanas piensan y actúan de esa manera, sin darse cuenta que la vida es un baile, que con el tiempo damos la vuelta, tal como reza una de las estrofas de la canción Mi muchacho, del gran Diomedes Díaz. Expresamos y lanzamos al aire gritos, como queriendo retar al destino, retar a Dios, de que a ellos no les pasará nada, porque su orgullo político, su ceguera ideológica o su conveniencia política les dice que son inmunes al COVID-19.

Me despido, no sin antes dejarles una reflexión:

Frank Shamrock, múltiple campeón de artes marciales mixtas aconsejaba adoptar el "sistema más, menos e igual". El mismo se resume en que toda persona debe buscar oportunidades para interactuar con un mejor contrincante para aprender de él, con alguien no tan bueno para poder enseñarle y con iguales para poder comparar capacidades. El objetivo de la formula Shamrock es "tener una retroalimentación continua y verdadera de lo que cada uno sabe y lo que no sabe, desde todos los ángulos" (p. 60-61). Esto implica aceptar que otras personas tienen conocimientos que nos pueden ayudar a ser mejores en nuestro trabajo, y que falsas ideas sobre nuestras capacidades pueden rápidamente causarnos serios problemas, tanto en un combate de artes marciales como en una elección (ver fuente).

 Nos vemos, se me quema el arroz.

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