El nuevo año del paro nacional

La movilización no se deja por una razón muy simple: en Chile está ganando y por tanto acá también se puede, con una ventaja contundente: Duque no es Piñera

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
enero 08, 2020
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El nuevo año del paro nacional
Foto: Nelson Cárdenas

Es normal entre los colombianos decir para saludarse a partir del dos de enero, o sea, no tan temprano como el primero:

—Oye, cómo te está yendo

—No nos vemos desde el año pasado— contesta otra llevándole la corriente.

—Hace un año que no nos veíamos— otro dice.

Y no es que el tiempo se haya acortado según las leyes relativistas.

Más bien, el dos ya es suficiente para parar el chorro que está viniendo desde Navidad pasando por Inocentes y Año Nuevo. Ya es hora de ponerse a trabajar de nueva cuenta y acabar con la guachafita; incluso si todavía le damos una esquirla a los Reyes Magos.

Con el paro nacional patriótico todos deseamos decir lo mismo.

—Ya llevamos un año en paro.

—Oye, sí. No te escucho desde el último cacerolazo. 

—Hace un año que no caceroleamos— dice otro.

Cacerolear se nos está volviendo una añoranza sentimental y motivante del poder que sí tenemos. Yo caceroleo, tú caceroleas, él cacerolea….

Eso hasta que prohíban el ruido de las cacerolas. Cabe imaginarse al Esmad persiguiendo cacerolas piso por piso en Bogotá. Es posible que inventen un gas lacrimógeno contra las cacerolas. O una electrocución de las mismas si Pacho Santos logra el aval para lanzar su candidatura contra el MinDefensa nacional en cabeza del Holmes, quien no le ha dado la talla a los talones al célebre, ¿de Scotland Yard? ¿Pero habrá todavía tela para que el Esmad siga haciendo el ridículo? Parece que en el Congreso ya está hecha jirones.

Es momento de ponernos a trabajar y ser más perentorios.

Y es que para que sea nacional y patriótico necesitamos estremecer los cimientos de la patria y de la nacionalidad colombiana. Es imprescindible. Delante nuestro está la experiencia de Chile y  seguirla es obligatorio debido a la nuestra profunda solidaridad histórica.

Chile había caído más al fondo que nosotros. Bajo el eufemismo de las guerras de baja intensidad, víctimas de la Era del Cóndor, Pinochet había resguardado su nefasto legado con una constitución más que draconiana de restricción indiscriminada de los derechos sociales ya conquistados. A su amparo, la guerra económica del capital contra el trabajo: la macroeconomía chilena enriqueció a una casta consabida hasta el punto que dejó a grandes sectores de la clase media chilena mirando para dónde guisan. Los chilenos pretenden ahora quitarle hilo al barrilete que encumbró a unos pocos y bajar la cometa a Tierra. Bachelet lo había intentado con tanta fuerza que concluido su mandato ni siquiera la derecha más recalcitrante ha podido parar la marea. A lo sumo podrán, y lo intentarán, morigerarla.

Se espera, quién lo duda, que la oligarquía chilena se pongs a la vanguardia del movimiento de reforma constitucional no para dirigir el proceso de ofensiva de las masas chilenas si no para quitarle fuerza y aconductarlo. Quieren más, sí, pero de lo mismo; aunque haya que cambiar de traje. Debe recordarse que la juridicidad colombiana mucho le debe a los desarrollos del derecho chileno y a la pluma de Andrés Bello. Es decir, la brecha ahora nos sirve a nosotros.

En Colombia donde una nueva constituyente sería prohibitiva, el paro podría ser subsumido, ataque tras ataque hasta morigerarlo, quitarle fuerza y ponerlo a decir exactamente lo contrario de lo que persiguen sus fuerzas convocantes. Ya ha habido un intento de colgarle el fardo de los intereses de los comerciantes, que vienen precisamente de tener un Ministro de Defensa surgido de sus entrañas. Si su fuerza perdura más allá del 2020 el paro decidirá las conductas electorales del próximo debate, es decir, quiérase o no estamos ad porta de un referendo sobre las excelsitudes proceras del desgobierno actual.

Por eso el paro no se deja. No, y no se deja. No se deja por una razón muy simple: saben que en Chile está ganando y por lo tanto se puede ganar también aquí. Con una ventaja adicional muy contundente: Duque no es Piñera.

Si esto es real, los días de Duque podrían estar contados.

Y es obvio que la salida no es la derecha pues en Chile no lo está siendo.

Ya aquí en Colombia los primeros movimientos están mostrando que si Duque quiere mantener el pellejo no puede aguantar la sucesión del poder. Gaviria, Vargas Lleras y, en algún momento el Santismo se lo impedirán. Cuando se sugirió en algún momento a finales de año algún ruido de sables era porque el río estaba empezando a sonar sus piedras. Si no pudieron sostener a Nicasio eso no puede ser síntoma que éste sea su baraja si la situación aprieta pues tal salida es impensable y absolutamente utópica. Es más, ni siquiera produce miedo aunque hubiere  que contar unos cuantos muertos más.

Y es que el epicentro del poder se está desplazando hacia Duque. Este es el epicentro telúrico. Es el  eslabón tectónico más débil y, además, constitucionalmente cierto e insoslayable.

Es con él el negocio compañero. De él depende la agenda del gobierno, no del Congreso y sus bandas.

Desde el punto de vista de la unidad del paro, acrecer la base social mediante el incremento de las solicitudes, que ahora son mucho más de trece, es apenas el comienzo de un movimiento estratégico que queremos que sea continental. Chile está al Norte.

En efecto, lo de Chile y la exigencia de sus logros requiere la solidaridad continental. Y la proactividad implícita que eso sugiere estará al orden del día y será inatajable, incluso si el Esmad, y los otros Esmad continentales, deciden atacar las cacerolas o electrocutarlas. Dudo que la motosierra pueda invadir las ciudades.

A ello coadyuva que Trump está en estado agónico. Ha pasado de ser histrión a convertirse en un clown con toda su carga trágica y de melancolía depresiva. ¡Hiede! Esto es un desastre para la concepción política del neoliberalismo todavía triunfante. Ya va por poco para que el olor a cadaverina inunde su campaña electoral. Miles de millones de dólares no harán más que dispersar el olor. Ahora mismo está que arma guerras en el Oriente Medio para justificar que puede unir a su país en una nueva guerra santa que para su mala suerte ya no es tan evidente como contra el supuesto terrorismo. Ya no hay más Torres Gemelas.

Mientras tanto, Europa está poniendo sus propias carnes en el asador y abriendo un boquete por donde ya no se cuela Estados Unidos que al parecer hará nido con Inglaterra luego del Brexit. Y eso suma poco y a los ojos del mundo es una resta.

Y si Europa se desplaza hacia China, ahí será Troya. Rusia acecha en el Medio Oriente y tiene nuevas armas entre sus dientes.

¡UF! ¡Qué calor el de este Cambio Climático y un capitalismo que no invierte quizás porque por primera vez no sabe hacia dónde apuntar! Lo financiero crea capital pero no riqueza.

Entonces el paro tiene pie firme. Su paso es geoestratégico y geopolítico. Vale decir entonces:

—Hace un año que no caceroleamos, hermano.

— ¡Va para esa, compañero!

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