El misterioso Álvaro Pulido, la cabeza que más vale para EE. UU.

La justicia gringa paga US $10 millones por capturar al socio de Álex Saab, una recompensa incluso mayor a la que daba por Otoniel. ¿Por qué pagan tanto por él?

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octubre 27, 2021
El misterioso Álvaro Pulido, la cabeza que más vale para EE. UU.

Germán Enrique Rubio Salas tenía a sus 29 años el mundo a sus pies. Tenía varias propiedades en Cartagena, en Bogotá, autos de alta gama y un rosario de mujeres que hacía desfilar en los lugares de moda. Todo terminó para él el 30 de septiembre de 1991. Ese día, en el puerto de Smrzov en República Checa, los guardias de ese país encontraron 208 kilos de cocaína que había enviado desde Colombia. Pronto se dieron cuenta que Rubio era un capo de talla mayor, que trabajaba con el siciliano Guglielmo Bonuomo, quien además era su cuñado, vivía en Colombia y era su contacto con los carteles de la droga italianos. En Colombia, Rubio trabajaba con cinco identificaciones falsas y se le acusaba de haber introducido en Europa más de 10 millones de dólares. Su oficina en la Calle 100 con Autopista Norte, en Bogotá, no era más que una fachada. La Corte de Milán lo condenó, en ausencia, a 16 años de prisión. 

Rubio cambió de identidad. Ahora tenía nombre de muerto. Su identificación pertenecía a un hombre que había fallecido en Bogotá. El documento de identidad 79.324.956 a nombre de Álvaro Enrique Pulido Vargas fue inhabilitado por fallecimiento de su titular desde abril de 2006, según resolución de ese año, firmada por el director nacional de identificación de la Registraduría, Luis Bernardo Maldonado Bernarte. La cédula del verdadero Pulido estaba cancelada, e inexplicablemente, fue revivida a solicitud del muerto. No fue la única vez. En 2014 la volvieron a cancelar, pero a los pocos meses volvió a entrar en rigor. Todavía no se explica cómo.

Ludópata compulsivo, sus amigos afirman que Pulido es capaz de apostar si va a llover en la tarde o quién se va a aparecer en la puerta de su oficina. En mesas de dominó podría perder, sin que se le mueva un músculo, cinco mil dólares. Pero ese arrojo lo ha hecho convertirse en un millonario empresario que, a pesar de los señalamientos en contra. Según el periodista Gerardo Reyes, que ha investigado a Saab y a Pulido, este “se vio envuelto en un escándalo en 2013 cuando afrontó una orden de captura de las autoridades de Ecuador por un supuesto delito de exportaciones ficticias a Venezuela a través de la empresa Fondo Global de Construcción de Ecuador (Fodocons S.A.) de la cual aparecía como socio. Las exportaciones cuestionadas sumaban 159 millones de dólares”. 

Su poder ha sido tan grande y su papel tan importante que fue él quien se inventó a Álex Saab. Se conocieron en Barranquilla cuando Saab estaba quebrado y vivía de vender llaveros y uniformes de trabajo. Pulido, con su ojo clínico, lo invitó a trabajar en Venezuela. Desde entonces se convirtieron en socios entrañables. 

Su historia empresarial comenzó en 2011, el 28 de noviembre cuando el entonces presidente Juan Manuel Santos y su canciller María Ángela Holguín estaban en Miraflores junto a Hugo Chávez firmando decenas de convenios entre los dos países. Y en medio de esa firmatón, el gobierno venezolano le pidió al colombiano que fuera testigo de un gran acuerdo que haría con una empresa privada colombiana, para la “construcción e instalación de kits para la construcción de viviendas prefabricadas de polietileno expandido y mallas electrosoldadas”. Al escenario se subió un hombre grande, con una escueta cola de caballo y cejas pobladas. Santos no lo conoció y en un murmullo le preguntó a Holguín “¿Y este señor quién es?” a lo que la canciller se encogió de hombros. Saab, en representación de una compañía llamada Fondo Global de Construcciones y en la que era socio con Álvaro Pulido, creada tres días antes del evento, firmó un convenio por US $650 millones.

A dedo comenzaron a recibir contratos después de 2013 tras la muerte de Chávez y ya con Maduro en el poder. Saab y Pulido se convirtieron en los contratistas favoritos del régimen. Todo era un cuento de hadas hasta que en 2017 la exfiscal general de Venezuela, Luisa Ortega, hoy perseguida por el chavismo, denunció a Saab por suministrar con sobreprecios al régimen de Maduro alimentos y víveres para los gubernamentales Comités Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP). Un funcionario del gobierno estadounidense indicó en julio de 2019 que con los CLAP, que se entregan a los más pobres, los dos colombianos y tres hijastros de Maduro al parecer se lucraron con “cientos de millones de dólares”.

Pulido y Saab también fueron beneficiados con, según el portal Armando.info, “las subastas del Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad), gracias a cuatro sociedades registradas en Hong Kong que también fueron proveedoras de la red estatal Abastos Bicentenario; de un contrato petrolero por poco más de cuatro mil millones de dólares para la desconocida Trenaco, con sedes en Colombia y Suiza; de convenios para el suministro de commodities y materia prima con la panameña Global Foods Trading; de los millonarios contratos para el suministro de alimentos para los Comité Locales de Abastecimiento y Producción (CLAP), el programa bandera de Maduro, con Group Grand Limited de Hong Kong y México, primero, y luego la turca Mulberry Proje Yatirim, ambas incluidas en la lista de activos sancionados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro”.

Todo esto acabó hace un año con la captura de Saab en Cabo Verde. El barranquillero fue extraditado a Estados Unidos y enfrenta un largo proceso por el que seguro pagará bastantes años de cárcel. Parecía que había caído un pez gordo, pero la justicia norteamericana está detrás de Álvaro Pulido, guardián de oscuros secretos del régimen de Maduro -quien le redobló la vigilancia en Venezuela-, tantos que su cabeza para los gringos vale 10 millones de dólares, más que la de muchos narcotraficantes colombianos. 

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