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El metro de Medellín: la respuesta de los paisas a la violencia de Pablo Escobar

Frente al miedo, la ciudad construyó un sistema que hoy mueve más de un millón de personas al día y se convirtió en el orgullo de la gente. ¿Por qué funciona?

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Abril 23, 2018
El metro de Medellín: la respuesta de los paisas a la violencia de Pablo Escobar

Cuando el metro de Medellín llega a la estación la Alpujarra, por los parlantes se escucha un mensaje que refleja la manera en la que los paisas viven su día a día en el transporte masivo de la ciudad: “La Alcaldía de Medellín lo invita a comportarse en el centro como se comporta en el Metro”. Más que un mensaje publicitario, demuestra la importancia y la mejora en la calidad de vida y el sentido de pertenencia que manifiestan del sistema que mueve 1.2 millones de personas al diariamente.

La cultura del Metro es una transformación del territorio. Es la construcción de una “Cultura Ciudadana” enmarcada en el respeto propio, el respeto por los demás y el respeto por lo público. Es una cultura ciudadana que se cumple de manera voluntaria, sin ninguna medida coactiva. Aunque inicialmente se pensó como un mecanismo para fomentar las relaciones de confianza con los vecinos de las estaciones y líneas del Metro, avivar el sentido de pertenencia, actitud de cuidado y preservación del sistema de transporte, desde 1994 las autoridades del Metro se han encargado, a partir de este respaldo ciudadano, de generar una cultura en los habitantes del Valle de Aburrá, tomando el sistema Metro como un pretexto para que la comunidad se apropie de normas de comportamiento y de convivencia ciudadana. La Cultura Metro abarca valores como la solidaridad, la amabilidad, el respeto por los demás usuarios.

El origen de esta “Cultura Metro”, surge de la propia ciudadanía, como una manifestación de lo que los paisas quieren ser para proteger la ciudad y cambiar su destino. El Metro inició su construcción en 1985, pero solo se inauguró diez años después. Durante estos años, la ciudad alcanzó los índices más altos de violencia de su historia. En 1991 era la ciudad más violenta del mundo y en 1993 Pablo Escobar creó una cultura de paramilitarismo contra los policías conocida con el nombre de Perseguidos por Pablo Escobar (PEPES), y Medellín se quedó sin policías. Ante este caos, la ciudanía se aferró a su sistema de transporte como mecanismo de cambio ciudadano.

No era difícil que la ciudadanía se sintiera orgullosa del metro, único en el país. El Sistema Metro es innovador, con soluciones particulares a la topografía y desarrollo urbano del Valle de Aburrá, como el metro-cable, primer sistema de cable aéreo en el mundo utilizado para transporte urbano, y el tranvía, que operaba en varias ciudades del país a principios del siglo XIX, pero que solo en Medellín se ha vuelto a usar. Es un transporte limpio, que utiliza energía eléctrica en todos sus modos de transporte, lo que contribuye al mejoramiento de la calidad del aire, una de las mayores problemáticas que enfrenta la ciudad. El metro, además de cómodo y limpio, le ahorra a los ciudadanos dinero y tiempo, proveyéndola con una mejor calidad de vida. El entorno de las estaciones es intervenido y cuidado por la empresa, con mecanismos de gestión cultural, algunas se han dotado con infraestructura deportiva y en varias de ellas existen galerías de arte a cielo abierto.

“Cívica” es el nombre de la tarjeta utilizada para acceder al sistema, desde allí arranca el concepto de comportamiento propio de un buen ciudadano, de su relación con

el otro pasajero dentro del sistema. Se enfatiza la igualdad, así como la inclusión, que se aprecia en el grupo de minorías y población discapacitada encargada en las estaciones de recordarle a los usuarios una serie de normas, entre las que están, además, no correr en las estaciones, no consumir alimentos, escuchar música utilizando audífonos y despejar el área de las puertas para hacer fácil la salida y el ingreso a los vagones. La cultura provee su propia auto-regulación, son los mismos usuarios los que solicitan una silla para la señora embarazada que entra al vagón, los que no dejan subir a los niños a los asientos, los que piden silencio, en general, los que cuidan su Metro.

El término Cultura Metro es hoy en día la expresión que identifica un comportamiento que es digno de replicar en otros espacios de la vida pública. Desde el año 2005, el Metro selecciona grupos de jóvenes bachilleres que son líderes en sus comunidades, para darles durante un año, capacitación en Cultura Metro. Este programa, avalado por el Sena, consolida la alianza entre el Estado, el Metro, la comunidad y las instituciones educativas y les permite a los jóvenes de las zonas de influencia de los proyectos que ejecuta la Empresa, adquirir competencias para un futuro empleo y formación personal.  El Metro de Medellín la concibe como el modelo de gestión social, educativo y cultural que ha construido, consolidado y entregado a la ciudad.

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