El mejor juego surge de la tensión

En qué momento los jugadores son individuos o pareja determina muchos aspectos en los dobles. Cabal y Farah son muestra de ello. Sin embargo, el tema trasciende más allá

Por: Carlos Tamara
septiembre 07, 2020
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El mejor juego surge de la tensión
Foto: Instagram @jscabal

Pude apreciar el rápido juego de la pareja colombiana Cabal-Farah, Farah-Cabal, en el Abierto de los Estados Unidos de América. Es necesario describirlo en esa doble fórmula pues ni Cabal es Farah, ni Farah es Cabal. Igualmente, la participación tanto individual como de dupla en el espacio-tiempo del juego es de una movilidad aterradora. El mejor juego, la coyuntura gravitacional, surge de esa tensión de cuándo son individuos y cuándo son pareja.

Desde mi punto de vista el tenis de dobles no debería llamarse tenis; no de la misma manera que el juego de individuales. El juego de dobles es más topológico: la superficie se desdobla, igual o tanto más que los individuos; mucho más rápidamente hasta que deja de ser un plano para convertirse en algo como un concierto de situaciones, incluso en medio de las mismas líneas de borde.

Y leía satisfecho las acciones como la incursión de ciudadanos latinoamericanos libres en el corazón del imperio. Y me decía: cuánta osadía la de estos chicos.

Estaban haciendo un trabajo que ni siquiera soñó alguna vez realizar el inefable Francisco Santos. Estos tipos no fueron allá a lambonear, ni a lloriquear que los atendiera el histrión. Cada punto es una batalla estelar.

Y es que Cabal-Farah, Farah-Cabal, son una auténtica acción embajadora de Colombia en los Estados Unidos, precisamente en la supuesta era de America First Again; es decir, en el momento menos plausible para que algo nacional florezca de manera independiente en los Estados Unidos.

Y el año pasado estos jóvenes sonsacaron, si no estoy mal más de un millón de dólares en premios de las arcas del imperio. A raqueta limpia.

Algunas gentes dicen que este abierto 2020 no termina por la acción subversiva transcontinental del virus COVID-19, pero si triunfa la dupla será el triunfo de Colombia en las condiciones históricas del virus, algo poco menos que apoteósico. Todos aspiramos a que no sean catalogados como miembros de la Juventud Farc por ganar dólares en el mismísimo templo tenístico del imperio.

Ahora, es obvio que Cabal-Farah, Farah-Cabal, jamás se han ilusionado con perspectiva de participación política alguna. Su acción puede transcurrir como la de cualquier meme. Y en eso son un puntillazo de advertencia al imperio. Igual, es imposible que los creadores y divulgadores de memes piensen por alguna milésima de segundo en su capacidad disolvente del Estado. Si así fuera sería la forma de lucha más excelsa y virginal jamás diseñada por el hombre. Imagino una consigna: de meme en meme hasta la victoria final. No pienso a Facebook creando la precisa plataforma para disolver un Imperio, o un Estado. Tampoco puede suponerse que hagan parte de algún conjunto agregado de memistas del mundo, uníos.

Es pertinente señalar entonces que representan una corriente de expresión creciente que dignifica el campo tenístico donde se juega la opinión pública. De la tensión entre expresión individual aislada y comprensión pública de los procesos políticos surge la coherencia de un esfuerzo por exprimir lo que queda de sano de la política colombiana. Es imposible que sean electos, pero es absolutamente plausible que están erectos.

Desde luego que existen diferencias abismales entre la acción de los ilustradores gráficos de la difusión política y aquellos tenistas afamados. No se puede argumentar que provengan de alguna escuela de formación. De manera que son creatividad pura, en su forma más oral posible. Su lenguaje deja de ser literario para invadir la onomatopeya subversiva del balbuceo infantil. Es casi la misma estrategia que usó Nvo Guyen Giap en Vietnam: los enanos vietnamitas contra los gigantes gringos. David contra Goliath ganando con una piedra. Los que nada somos, a los que nada se les ha dado, ni siquiera trabajo, contra el gigante Estado de mermelosa corrupción.

En el instante de la composición del meme la mente fluye a mil. Eso descubre la ciencia de la Inteligencia Emocional. Y eso descubrió Martin Heidegger en Ser y Tiempo, sin ser marxista. En qué momento el ser es único —lo múltiple del ser es indefinible— y se conecta con la esencia. No puede ser sino en el instante de la contradicción fenomenológica entre individuo y sociedad. En ese solo y único instante es en el que el Estado no existe. Predomina la libertad individual, no como expresión individual y egoísta sino en tanto interpreta el sentir comunal, asociativo.

Y en ese mismo instante también se expresa la fe, y de la misma manera. Cuando en la Biblia se habla que la fe puede ser tan pequeña como la semilla de mostaza, se refiere a su carácter podríamos decir cuántico e instantáneo; es decir impredecible: una osadía total. El universo no te exige ningún otro trabajo adicional. Y es obvio que así sea: qué podrías hacer tú contra lo imponderable de la omnipotencia. Es natural entonces que el meme se percate de su estructural y consustancial impotencia.

La desintegración del Estado por sumatorias nanopuntuales es imposible y mucho más imposible si la acción está desmaterializada. Ningún memista está pensando en disolver el Estado cuando realiza su caricatura. Los que disuelven el Estado son los que piensan en el valor subversivo del meme contra sus intereses. En su soberbia y fatuidad ilímite son incapaces de comprender el poder de lo pequeño. Ningún memista piensa: voy a poner esta raya de más, suficiente como están las cosas, para que caiga el ministro de Defensa. Y pone la raya.

Si no es la sumatoria de fuerzas, entonces es la causticidad lo que hiere y erosiona.

A mi mesa de trabajo confluyen cada rato pequeñas y veloces hormiguitas. Viajan a velocidades supersónicas y nadie sabe de dónde vienen. He detectado que han durado horas en la ropa y súbitamente encuentran el cuerpo que andaban buscando. Y esas hormiguitas van a unos sitios especialmente urticantes de las coyunturas.

El memista ha perfeccionado ese saber de las hormigas. Practican y usan el ácido fórmico, anticipo del formol que se inyecta en los cadáveres. Pero es imposible suponer que la picadura así sea de consuno, en realidad es impensable tal concierto, pueda disolver el cuerpo de un ser humano, como el meme a un Estado, o ablandar para el consumo masivo a alguna personalidad política defenestrada. ¿Es que acaso puede exigírsele mayor osadía a una hormiga?

Ahora cabe la pregunta precisa pues es cuando son cadáveres que las hormigas pueden desintegrar a nanomordiscos un cuerpo por gigante que sea.

Pregunto a voz en cuello: ¿es que son o se sienten cadáveres políticos los que se resienten con los memes? No busquen afuera, busquen dentro de sí mismos.

Bueno, pero si es así ya eso no es culpa propiamente de los memes. Por favor, vayan aguas arriba de sus propias mentes memefóbicas.

Obsérvese la similitud entre la ínfima picadura de la hormiga e ínfima obligación de la fe, y la mucho más ínfima de la libertad.

Es apenas natural que así sea. La estructura de la materia ha revelado que estamos hechos de un reguero de partículas subatómicas. A ello obedecemos.

No le podemos pedir a los memistas que actúen como estando afuera del universo. Por más que quisieran no lo pueden hacer en contra de las leyes de la materia. Eso no es posible. No dentro del conocimiento científico actual.

En consecuencia propongo que la pareja Cabal-Farah, Farah-Cabal, sea nombrada embajadora plenipotenciarios de Colombia ante el imperio de los Estado Unidos. En calidad de fuerza expedicionaria de combate tenístico.

No los nombran. ¡Claro que no los nombran!

¡No se atreven!

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