El malabarismo oportunista de los dirigentes políticos

'El cambio de posiciones ideológicas y de partidos ha sido una costumbre generalizada desde la Constitución del 91'

Por: LEANDRO FELIPE SOLARTE NATES
agosto 21, 2015
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El malabarismo oportunista de los dirigentes políticos
Foto: tomada de internet

El camaleónico escenario de la política colombiana, especialmente al conocer impensadas alianzas para las elecciones de octubre facilitadas después de la profusión de movimientos surgidos con la Constitución del 91, se constituye en muestra fiel de la voluble condición humana cuando están en juego intereses y ambiciones personales y de grupos, disfrazadas de ideologías y programas políticos.

El paso de los años nos confirma el malabarismo oportunista de la mayoría de dirigentes políticos, el conocer a figuras de diversos partidos que en la juventud, y paso por las aulas universitarias, pertenecieron a grupos de izquierda radical inclinados a la lucha armada, y con los años cambiaron de piel, pasando por la izquierda democrática, después al nuevo liberalismo y, posteriormente, cargándole ladrillo a caudillos liberales, conservadores, hasta terminar en La U, Cambio Radical, Opción Ciudadana, Cambio Democrático, y otros tantos partidos por el estilo, más cercanos al neoliberalismo concentrador de la riqueza y a la derecha autoritaria y que en las elecciones para alcaldías y gobernaciones hacen inesperadas alianzas, en últimas determinadas por intereses económicos y políticos personales y de roscas que se inventan gimnásticas posiciones ‘ideológicas’, que no podrían hacer ni los maestros y maestras hindúes del Kamasutra, para justificar las alianzas con dios y el diablo para tener sus cuotas de poder.

En Bogotá acaba de alborotarse el avispero con el apoyo dado por el senador conservador Yepes a la candidata del Polo Democrático, mientras en Popayán causó revuelo el acuerdo del Partido Liberal, representado por el presidente del Senado, Luis F. Velasco, con el partido Cambio Democrático para apoyar a su hermana, Ximena Velasco, en su candidatura a la Alcaldía de Popayán, logrando un acuerdo similar respaldando a la liberal Lucy Guzmán, en Santander de Quilichao.

La Alianza Verde dio ejemplo en la ambigüedad de posiciones cuando, en reciente visita a Popayán, para refrendar su apoyo al candidato del Partido Liberal y de Temístocles Ortega, para la Gobernación del Cauca. Oscar Campo, yéndose en contravía de lo asumido por el representante a la Cámara del Partido Verde (PV), Óscar Ospina, cuando decidió sumar fuerza con Felipe Muñoz, candidato del partido de La U, la Alianza Social Independiente liderada por el senador Marcos Avirama y el ‘oficialismo’ conservador encabezado por el exsenador Darío Salazar. Para enredar más la pita, la senadora Claudia López, declaró que el candidato ideal del PV para la Gobernación del Cauca era Santiago Zambrano Simmonds, pero desgraciadamente en las directivas nacionales de su partido, encabezadas por el secretario general, Jaime Navarro Wolf y su hermano Antonio, no encontró respaldo y, para finalizar, declaró que le parecía muy buen candidato el candidato del Mais, del Polo y la U.P y Marcha Patriotica, Gilberto Muñoz Colorado.

Es que la falta de coherencia a lo largo de la vida política es un mal generalizado y recuerdo al representante a la Cámara John Jairo Cárdenas cuando, con su gran capacidad de estudio y oratoria, era uno de los orientadores de la célula de simpatizantes del Partido Comunista marxista leninista-maoista a la que pertenecí, cuando hace 40 años estudiaba medicina en la Universidad del Cauca y de la cual, entre otros, hacía parte el actual secretario del Senado Gregorio Eljach, hoy haciendo malabares para favorecer a la ‘belleza’ del magistrado uribista y acumulador de tierras de desplazados por los paramilitares, Jorge Pretelt. Y así por el estilo a centenares de exintegrantes de la Juco, movimientos troskistas, el Moir, el M-19 y otros movimientos que terminaron absorbidos por los partidos tradicionales y disfrutando de las mieles de la alta burocracia y de las roscas dueñas de los puestos y contratos oficiales.

Es que el cambio de posiciones ideológicas y de partidos ha sido una costumbre generalizada desde la Constitución del 91, admirando la capacidad camaleónica de políticos como el actual gobernador del Cauca, Temistocles Ortega, quien en las dos veces que fue gobernador se hizo elegir por movimientos pluripartidistas- dándoles en la cabeza a quienes lo eligieron, como recién sucedió con los del Partido de la U, conservadores e indígenas de la AIS, que hoy apoyan a Felipe Muñoz, cuando decidió retornar al Partido Liberal y respaldar a su candidato Oscar Campo, calculando, oportunistamente, para dentro de dos años, su elección al Senado, después que Jesús Ignacio García Valencia perdió su curul.

Y si miramos el panorama nacional, vemos que Álvaro Uribe fue samperista del Partido Liberal, antes de convertirse en adalid de la ultraderecha colombiana y Don Berna y Megateo fueron guerrilleros del EPL, que era el brazo armado del Partido Comunista marxista-leninista, antes del primero convertirse en paramilitar y jefe de la oficina de Envigado, y el otro en socio de los urabeños y otras bandas criminales de paras reciclados, sin olvidar que exguerrileros del M19, como Ever Bustamante, terminaron en Cambio Democrático y a diario miles de dirigentes de alto, medio y bajo perfil, cambian de bandera política como de calzoncillos.

Los indígenas tampoco escapan al fenómeno. Primero Alianza Social Indígena y después ‘Independiente’, “por diferencias de fondo al apartarse de las raíces comunitarias y culturales”, según Jesús Piñacue, cuando rompió con el sector de Marcos Avirama y ambas hacen inusitadas alianzas para alcaldías y gobernación y continúan otorgando avales en todo el país, ganando espacio político y dinero por otorgarlos y la restitución por el número de votos logrados por candidatos como Mockus y Fajardo y lo mismo hacen los de la Aico, liderada por los guambianos o misaks y el recién creado Mais de los nasas, avalando candidatos en otros departamentos del país, que también han pasado por diferentes partidos políticos. Un ejemplo del sancocho ideológico y de alianzas nos lo enseñan las posiciones asumidas para la gobernación del Cauca: mientras los de la ASI que siguen al senador Marcos Avirama, respaldan a Felipe Muñoz de La U, los amigos de Jesús Piñacué van con el liberal Óscar Campo y los del Mais apoyan a Gilberto Muñoz Coronado, en compañía del Polo, la UP, Marcha patriótica y organizaciones sociales.

En fin, la falta de coherencia y volubles posiciones de numerosos dirigentes que sin reatos de conciencia van de la derecha a izquierda o viceversa, en sus afiliaciones y alianzas políticas, me hacen admirar y respetar, a quienes de frente y sin vergüenza, más se les parecen. Y desde hace milenios en las afueras de bíblicas ciudades, bajo los puentes y callejas de París, Londres y Popayán o enclaustradas en lujosas habitaciones de mullidos lechos, dan fugaces placeres a miles de solitarios, cuando venden sus cuerpos al mejor, o al peor postor, que garrotea a las masas.

 

 

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