El histrión en el infierno

Por burlarse de todo el mundo, Trump ahora sufre las consecuencias de lo que él mismo ha creado. Además, mientras más se revuelca, más se enloda

Por: Carlos Tamara
noviembre 11, 2020
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El histrión en el infierno

No hay cosa más difícil que ser histrión en el infierno. Es lo que le está ocurriendo ahora mismo a Mister Trump. Y, sin embargo, no nos debería parecer raro. Eso sí, no necesariamente los histriones se percatarían de la dificultad. Y es que en el infierno nadie ríe.

Cuando se está en ese lugar ya no hay tiempo para comedias.

Podría decirse que no reír es una de las condiciones de la muerte. Lo que quiero decir es que Trump debería estar muerto políticamente si ya nadie se ríe de sus histrionías. Pero como con la muerte todo desaparece, entonces no sirve la ausencia de risa para diferenciar lo que pasa en el infierno.

Entonces es mejor decir que Trump ha ingresado al infierno que él mismo se ha creado a partir de su pose permanente de burlarse de todo el mundo. Mientras más se revuelca más se enloda. Como decimos por acá: está cagado de la risa. Totalmente untado.

Para darse cuenta del asunto basta con hacerse la siguiente pregunta: ¿y ahora cómo va a salir Trump de la babosada necia de negarse a reconocer su derrota y, ya casi, impedir la entrega del cargo?

Ese mismo infierno es el que Joe Biden, que ya está demostrando ser más inteligente, le está advirtiendo de una manera tan elegante. “Su actitud no mejorará su legado”, ha dicho como esgrimiendo una cuchilla Gillette.

Biden, indudablemente, es un tipo decente y políticamente correcto: llega al extremo de concederle a Trump la habilidad de haber cosechado un legado que nadie ve por ninguna parte a no ser que se refiera a la pila creciente de muertos. Esto como para ofrecerle una salida miserable, adornada de una bella palabra.

Los que todavía no se han percatado del infierno son los elegidos senadores republicanos. Si el infierno de Trump triunfa contra todas las fuerzas del cielo juntas, ¿entonces cómo pueden hacer para mantener su recién ganadas curules?, ¿cómo podrá hacer el sistema electoral norteamericano para darle la razón a Trump sin arruinar las curules a los senadores?

¡Separando las aguas inferiores de las superiores! ¡Como en el primer día de la creación!

El razonamiento de Trump es un infierno. ¿Cómo es posible que los senadores hayan ganado sus curules y él no haya ganado la presidencia? Y un poco más allá: ¿cómo es posible que habiendo sacado un número tan extraordinario de votos todavía no le alcanza? ¡Su soberbia no descansa! Esa cantaleta no le da reposo a ninguna hora!

Trump razona entonces como Sansón. ¡Muera yo con mis filisteos! Y remueve las columnas del templo. Trump salta y salta como un maniquí tratando de alcanzar las uvas que se llevó la zorra.

La situación de Trump la sintetizaba un amigo mío por allá en Florencia, Caquetá, de una chica sin calzones: ¡Mientras más se agacha, más se le ve!

El cálculo de Trump, es decir, con el que se durmió sobre los laureles fue: si en 2016 gané con 60 millones de votos, nadie me ganará si obtengo 72.

Aquí esas cuentas las sacan día y nochemente candidatos a concejales, diputados, senadores, etc.: ¡con tantos votos no me gana nadie! ¡Y cuántos no se ahogan! Y qué les dice la gente: ¡está rajando tierra!, ¡lo atajaron en la Boca del Cura!, ¡ya rompió el río Cauca!, ¡lo recogieron en Bocas de Ceniza!

¿Alguien se puede imaginar a Trump entregando el cargo después de tanto pataleo? Aquellas imágenes de un perro orinándose con el rabo entre las piernas, no dan la talla. Deberá ser algo mucho más icónico una imagen que todavía no se haya inventado. Toda la iconografía inventada por Game of Thrones se queda corta. ¿Escoltado por dragones guerreros De Daenerys Targaryen? ¿Por el Caballero de la Noche y sus ojos gélidos vidriados ultratumba?

Es casi como cuando ocurra aquí en Colombia que a cierto personaje, cumplido su juicio, ya no se le dé la casa por cárcel, sino la cárcel por casa. A cual más, todo el mundo pagaría pasaje para ver aunque sea por un hoyito el ingreso del sujeto de marras a su mansión.

Yo me imagino, cuánto podría pagar Nicolás Maduro para ver a Trump entregando el poder. Alguien muy cruel debería programar una sesión de la ONU cosa que coincida una disertación de Maduro, con Raúl Castro Ruz al lado, con ocasión de la entrega del trono de Trump escoltado por Bolsonaro.

¡Sería un último acto histriónico jamás visto e irrepetible! La entrega del poder más masiva de la historia.

Y ahora Trump está pidiendo donaciones para sufragar sus quejas. Es decir, ¡está en el infierno y sin cinco centavos partidos por la mitad!

A todas estas los demócratas podrían apoyar unas nuevas elecciones. Arrasar con los senadores republicanos y zamparle 80 millones votos no sería descabellado pues habría más gente saliéndosele que entrándole a Trump ya que la tendencia no la tuerce nadie.

¡Y entonces sería un doble infierno!

Pero habría algo que quizás sería demasiado grave. ¿Qué pasaría con la economía norteamericana si se anuncia una nueva elección? ¿En dónde quedaría aquella hipocresía asesina de que había que salvarla contra viento y marea del coronavirus?

El mundo debería pagar por ver esta película. ¡Sansón hundiéndose con sus filiesteos!

Nota. Cito de memoria lo dicho por Biden, leído en New York Times.

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