Opinión

El Golem de Uribe

No pude más que sonreír pensando en algunos oficiantes de rabino que en Colombia han querido generar sus propios Golem

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mayo 08, 2020
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El Golem de Uribe
Como el Judá León pudieron equivocarse en la pretensión de ser dioses que crean extrañas criaturas, como por ejemplo candidatos presidenciales o presidentes

Uno de los placeres que hemos tenido en esta ya larga cuarentena es el de la lectura. Para mí ha sido especialmente importante reencontrarme con Jorge Luis Borges, tanto con sus cuentos como con sus poesías. Confieso que lo había leído antes con una cierta desconfianza por todas las alusiones eruditas que hace autores antiguos, a filósofos como Hume o Espinosa y por referencias inentendibles en idiomas que no entiendo. Ahora, sin embargo, lo he disfrutado plenamente inclusive llegando a adivinar una cierta sonrisa en el rostro invidente de Borges.

Hay mucho de ironía en su obra, la que tal vez con los años uno llega a entender mejor. Eso me pasó con el poema llamado El Golem en el que cuenta la historia de un rabino que quiso darle vida a un muñeco adivinando las letras de uno de los cien nombres de Dios. Mucho se empeñó el rabino León hasta que al parecer consiguió aproximarse al divino nombre. Y claro, cuando lo tuvo lo escribió en un papel y se lo metió en la boca al muñeco que había fabricado y ese muñeco obtuvo vida por fin, fue El Golem.

Sin embargo, y aquí está la ironía de Borges, la vida de la criatura gestada por el rabino León no fue muy creativa, por cierto. El muñeco apenas logró algunos escasos movimientos como lo relata en apartes del poema:

El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso
barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
o en la articulación del Sacro Nombre;
a pesar de tan alta hechicería,
no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

Sus ojos, menos de hombre que de perro
y harto menos de perro que de cosa,
seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Elevando a su Dios manos filiales,
las devociones de su Dios copiaba
o, estúpido y sonriente, se ahuecaba
en cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)
'pude engendrar este penoso hijo
y la inacción dejé, que es la cordura?'

En la hora de angustia y de luz vaga,
en su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

Divertida por las implicaciones del poema, que está basado en una antigua leyenda austriaca, no pude más que sonreír pensando en algunos oficiantes de rabino que en Colombia han querido generar sus propios Golem. Indudablemente aquellos como el Judá León pudieron equivocarse en la pretensión de ser dioses que crean extrañas criaturas, como por ejemplo candidatos presidenciales o presidentes, porque no. Y como el rabino terminaron creando figuras de las que sintieron lástima y seguramente pena ante el propio Dios que intentaron imitar.

Estas son las cosas del coronavirus.

 

www.margaritalondono.com

 

Como el Judá León pudieron equivocarse en la pretensión de ser dioses que crean extrañas criaturas, como por ejemplo candidatos presidenciales o presidentes

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