El Gobierno de Petro nada que despega y de ese 'vivir sabroso' pocón pocón

A dos meses del Gobierno Petro, un sector del país decidió marchar y poner oposición a sus reformas. Muchos expresan su descontento y el presidente soluciona poco

Por: OCTAVIO TORO CHICA
septiembre 30, 2022
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El Gobierno de Petro nada que despega y de ese 'vivir sabroso' pocón pocón
Foto: Leonel Cordero

Según las definiciones que todos conocemos y basándonos en la de la Real Academia de la Lengua Española, podemos deducir que incoherencia, es la falta de “ligazón” o correspondencia lógica entre los pensamientos, palabras y acciones, haciendo que estos pensamientos, palabras y acciones, aparezcan desconectados o no encierren lo que se quiere decir y por tanto todos ellos se presten para diferentes interpretaciones, generando las confusiones naturales que de esas múltiples interpretaciones se desprenden.

Tenemos que partir que desde siempre nos han ofrecido un gobierno de la explosión del amor, de la vida, de la paz y del vivir bien o del vivir “jabroso” y tanto las palabras y las acciones, que hacen visibles los pensamientos y las ideas de quienes las ejecutan distan mucho de que al menos sean indicadores ciertos de aquello que  se nos quiere ofrecer.

Dentro de las grandes incoherencias, señalamos algunas, siendo sabedores que son tantas que en un escrito como este, no alcanzamos a referirnos a todas.

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Estoy absolutamente seguro que quedarán muchas cosas por abordar, pero tomó algunas que me parecen más relevantes.

Hago una primera salvedad, y este sí es un ejemplo de coherencia, pues coincide en todo con su formas de pensar y querer hacer las cosas; la expresión “estallido”, se ha puesto de moda: estallido social, estallido de amor, estallido cultural, estallido de paz, y no sé cuántos más estallidos se nos vendrán encima, como los sapos sobre los cuales nos previno el de mala recordación pseudo premio Nobel de Paz colombiano.

Como decía coherente con sus formas de ser, pensar y decir, pues les encanta el estallido, no sólo por su sonido sino por sus consecuencias, pero incoherente con un país que harto se ha dolido con los estallidos.

En general, si como nación nos proponemos vivir en el amor, disfrutando la vida, acogiendo la paz y “jabroso”, se imponen como mínimo seguridad no sólo social que implica salud y bienestar, sino aquella que nos proporciona la tranquilidad de la convivencia ciudadana y de la paz que de ella se desprende y todas aquellas seguridades y certezas necesarias para el bien vivir en general.

Un pueblo lleno de incertidumbres, no puede tener paz y menos esperar que esta sea total, la que es un imposible lógico, con las inseguridades e incertidumbres que existen en el ambiente sobre todas aquellas cosas y situaciones de la vida real que agobian al pueblo colombiano.

No creo que se pueda hablar de coherencia, cuando dentro de las más recientes joyas ha sido la rimbombancia con que se plantearon en la ONU las convicciones presidenciales sobre el freno al consumismo, refiriéndose a “las sociedades imbuidas en la compulsión ilimitada de tener y consumir”.

Mientras la primera dama se compraba en una de las tiendas más exclusivas de Nueva York, unos pantalones de más de 7.000.000 de devaluados pesos colombianos.

Vaya coherencia de vida. Esto no tiene nada que ver con la austeridad en el gasto, preconizada en campaña.

No podemos hablar de coherencia, cuando la paz, además de otros principios, debe estar basada en la justicia, y hoy se están proponiendo pactos sociales con todo tipo de criminales, se están ofreciendo subsidios por la entrega de armas y se piense en modificar la poca justicia que quedaba en este país, por una dizque restaurativa, según el embeleco del ministro.

Cómo podemos hablar de coherencia, cuando en los días que lleva este gobierno, se han presentado, proporcionalmente hablando, el mayor número de invasiones a tierras, sin que las autoridades hagan nada al respecto.

A propósito, la inseguridad y la criminalidad de todo tipo en los campos y ciudades, caminos y carreteras, parques y despoblados ha crecido exponencialmente, pero las acciones del maltratado ejército nacional y de la ignorada policía nacional por parte del rimbombante ministro de defensa, no se ven por ningún lado.

Seguridad en todos los aspectos y seguridades es lo que necesitamos los colombianos, pero esas seguridades se pierden ante las incoherencias de todos los personajes que hoy hacen parte del Gobierno, directa o indirectamente.

Será que tienen mucha coherencia desde el Pacto Histórico, cuando uno de sus baluartes el hoy senador Gustavo Bolívar, era quien primero nos daba a conocer a los colombianos sobre las masacres ocurridas con todos sus detalles y hoy, por alguna razón desconocida para todos, pero conocida por él, desde su marrullería comprobada, las masacres, que han sido muchas en los últimos días, parece que han desaparecido de la historia dolida de Colombia.

No podemos tocar, ni siquiera el término coherencia, cuando hablando de ética, vida, amor, anticorrupción, y eso por mencionar dos simples y reconocidos casos, como son el del presidente del Congreso y el del embajador en Venezuela, quienes tienen sus propios prontuarios criminales, que hoy más que nunca, nadie se atreve a descobijar.

Una de las banderas movidas en campaña y que convenció a los colombianos ha sido, precisamente, el discurso anticorrupción.

Pero resulta que es un tema que no se ha visto abordado por este gobierno, en ninguna de sus formas, pero si dejando a la vista, los contubernios que se vienen armando con criminales de todo tipo, terroristas, narcotraficantes y demás, incluyendo aquellos mal llamados de cuello blanco, cuyos pecados han sido borrados de tajo, pues habiendo sido criticados duramente en campaña, hoy pertenecen a las tenebrosas alianzas políticas del nuevo gobierno y con la desfachatez que los caracteriza a todos, la corrupción ha desaparecido como por arte de magia. Vaya coherencia.

Son tantos los temas, que dejo para la reflexión y acción de todos los colombianos las siguientes inquietudes, además de las compartidas hasta ahora, teniendo en cuenta este hermoso llamado de Santo Tomás de Aquino, quien expresó: “No oponerse al error es aprobarlo. No defender la verdad es negarla”. Coherencia total.

No podrá haber amor, paz, vida, y viviremos “jabroso”, mientras nuestros niños y jóvenes aprendan en sus aulas una verdad que se cuenta acomodada a los intereses oscuros de una comisión de la verdad cuestionada y cuestionable.

No podrá haber amor, paz, vida, y viviremos “jabroso”, en un país donde se pretende sembrar el concepto de que el carbón y el petróleo, han sido más dañinos para la humanidad que la coca.

No podrá haber amor, paz, vida, y viviremos “jabroso”, cuando nuestros campesinos no tienen acceso a los insumos necesarios para producir la comida para sus familias y para todos los colombianos.

No podrá haber amor, paz, vida, y viviremos “jabroso”, cuando como en el caso de la salud, se pretende acabar de tajo con un sistema que tiene fallas, pero que ha funcionado, sólo para complacer los apetitos burocráticos de tantos lagartos que han resultado de las nuevas y mejores alianzas con el gobierno. Pareciera que en el gobierno no existe la capacidad de reconstruir, sino de destruir y hacer de nuevo a la medida. Incoherencia total, en un país que no admite el desperdicio de recursos.

No podrá haber amor, paz, vida, y viviremos “jabroso”, cuando todos nosotros quedemos al garete, sin la compañía de nuestras fuerzas militares y de una policía nacional, que han sido gloria de la patria.

No podrá haber amor, paz, vida, y viviremos “jabroso”, cuando desde ninguna parte de este gobierno, se ha escuchado cómo se van a mermar los alarmantes índices de miseria y pobreza galopante que existen en el país.

No podrá haber amor, paz, vida, y viviremos “jabroso”, cuando la paz, como derecho inalienable de todos los seres humanos, se negocia al mejor precio, con dádivas vergonzosas y subsidios aberrantes. En la paz total de Petro, la paz se feria, se rifa, se negocia.

En fin, estamos seguros que no podrá haber amor, paz, vida, y viviremos “jabroso”, mientras en realidad el gobierno y todos sus entes, muestren las cartas reales con las cuales “nos vamos a jugar el futuro de la patria".

Va llegando la hora de dejar de sacar disculpas, pedir perdón por las reiteradas equivocaciones, o echarle la culpa de las torpezas que se cometen a la condición de ser humanos.

Dejemos de una vez por todas las múltiples incoherencias que se han venido presentando y de una vez por todas, por favor, señor Petro, gobierne para todos los colombianos y deje de ser incoherente.

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