En estas épocas electorales mucho se especula o analiza sobre cuáles deberían ser los caminos para lograr uno u otro resultado. Encuestas, cábalas y análisis van y vienen buscando predecir el futuro electoral.
Se buscan explicaciones sobre lo que ha sucedido (caso la ‘sorpresa’ de la votación por Juan Daniel Oviedo), sobre lo que significan las decisiones que se van tomando (caso en general de cómo se han escogido las vicepresidencias), y se especula sobre la razón y los objetivos que deben motivar las estrategias que puedan llevar a ganar la Presidencia (de acuerdo a lo dio la votación para el Congreso).
De hecho solo hay un tema: la elección del futuro presidente de la República. Y todo alrededor de la posibilidad o no de que en cabeza de Ivan Cepeda se dé la continuidad del Gobierno de Gustavo Petro.
Y sí, con razón, porque Gustavo Petro ha sido el representante de lo que puede ser el proceso más disruptivo de la historia reciente de Colombia.
Pero no se ha destacado o tomado en cuenta que no es solo Colombia sino el Mundo el que vive esta época turbulenta.
Y dentro de ésta existe un elemento que a su turno representa un poder que aunque parece ser indescifrable es determinante en todo lo que hoy acontece: ¡el factor Trump!
Todas las cábalas, estrategias, análisis y proyecciones que tantos debates suscitan aquí parecen tener poco en cuenta lo que esto pesará.
Entre nosotros la opción se presenta como una disyuntiva en la que toca escoger entre los buenos y los malos. Para todos los peligros es que ganen los ‘malos’, definiendo cada cual a su gusto quiénes y porqué los otros son los malos.
Para Trump el tema es más claro: lo que está con sus intereses y lo que está en contra
Él interviene donde le parece que se afecta su propósito MAGA de que Estados Unidos sea el poder hegemónico mundial y él el soberano.
Si hay algo seguro es que él tiene interés en los resultados de nuestras elecciones. No solo Colombia ha sido tradicionalmente una referencia como cercana en las relaciones con America Latina, sino la política y la propuesta Petrista son un desafío para la visión Trumpista. La supremacía racista, el desconocer el cambio climático, la oposición a la evolución en la política de género, el tema mismo de la responsabilidad en el tema de las drogas, todos son puntos de confrontación adicionales y coyunturales ante lo que está por decidir Colombia.
Si Trump ofrece 20.000 millones de Dólares si gana Milei, o amenaza subir al máximo los aranceles en caso de que pierda la derecha en Honduras, o si’extrae’ a Maduro y somete a un sitio humanitario a Cuba, es poco probable que se mantenga simplemente a la expectativa de cómo evoluciona nuestra elección de primer mandatario.
Pero el ‘factor’ Trump no es determinante ni únicamente ni tanto por lo poderoso: lo es más como factor de incertidumbre. No se puede saber qué propósito o a qué jugaba con la invitación y la nueva relación con Petro; pero lo previsible (si algo puede serlo con ese personaje) es que no sea a la luz de lo que sucedió en esa ocasión lo que será su comportamiento durante nuestro proceso electoral. Es inminente la injerencia de Trump tanto en forma retórica de amenazas o promesas como en forma de operaciones encubiertas.
Colombia es una pieza importante del rompecabezas para Estados Unidos y más para Trump. En parte por una relación militar mantenida durante décadas, pero sobre todo porque el gobierno en Colombia, como un eje fundamental de la política respecto al resto de America Latina, ha sido el aliado de derecha durante todo el tiempo (hasta la llegada de Petro). La capacidad de lograr ese resultado por medios electorales sería un triunfo para la administración Trump.
Del mismo autor: ¿Qué dicen las elecciones?
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