El Exorcista y su odio a las mujeres: la menstruación como posesión demoníaca

Grabada hace 50 años, esta película sigue siendo espeluznante. Sin embargo, su trasfondo, no puede ser más misógino

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enero 30, 2022
El Exorcista y su odio a las mujeres: la menstruación como posesión demoníaca

Antes de empezar a rodar William Friedkin, director del proyecto, quería escoger muy bien a su protagonista. Regan debería tener 14 años y ser una genio. Entre mas de dos mi aspirantes apareció Linda Blair. Tenía 12 años y ya había leído la novela de William Peter Blatty en la que se basaba El exorcista. El casting fue brutal. Al director le preocupaba una escena, la de la niña, poseída, apuñalándose a vagina con una cruz. Ella disipó cualquier miedo al decirle a Friedkin que eso era “como hacerse una paja con una cruz”.

Blair estaba en manos de un monstruo. Friedkin era hijo de su generación, el Nuevo Hollywood, una camada de directores brillantes como Peter Bogddanovich, Scorsese, Coppola y Spielberg, que terminó sepultada por su propia megalomanía. Acababa de hacer una película sobre mafia que mezclaba con sabiduría el cine guerrilla de Godard con las películas de Samuel Fuller y que en Colombia se conoció como Contacto en Francia. Arrasó en taquilla a pesar de la poca inversión que tuvo. Así que tenía vía libre para hacer lo que quisiera. La novela de Blatty cayó en sus manos. Quería un elenco sólido, sin grandes estrellas. La madre sería Ellen Burstyn, el padre Merrin era uno de los actores fetiches de Bergman, Max Von Sydow. Para el padre Karras Friedkin no cedió ante el pedido de la Warner Brothers de usar a una estrella como Robert Redford. No, Friedkin encontró a un desconocido Jason Miller de rostro atormentado. Fue un casting perfecto.

El rodaje fue un infierno, sobre todo para las mujeres. Blair conoció lo que era el dolor, el frío, a veces hasta el hambre. La transformación física tenía que venir de la mano de una dieta estricta. Los bamboleos en la cama, cuando el diablo la posee, le generaron varias lesiones en la espalda. Burstyn, quien hacía de su madre, se rompió el coxis justo en la escena en la que su hija la empuja contra el piso. Toda esa tortura sirve para crear atmósfera. Desde que vemos la excavación en Irak podemos sentir el mal, en un herrero tuerto, en una vieja en un carruaje, en la pelea de un par de perros. Es la efigie de Pazuzu, un viejo demonio mesopotámico, la que enfrenta desde el principio al Padre Merrin. Se nota la investigación que hicieron Blatty –quien adaptó al cine su propia novela- y Friedkin. Pero también se nota la misoginia

Regan tiene 12 años, está cambiando. El demonio podría interpretarse como la menstruación, un tema que sigue siendo taboo para tantos hombres. Es hija de una actriz divorciada que además no cree en Dios. Si tuviera un padre en la casa, si la familia entera rezara unida, el Diablo no entraría. Pocas películas ayudaron tanto a la iglesia católica como esta. Es que cualquier brote de histeria a mediados de los años setenta era considerado posesión demoniaca. Se dispararon los pedidos de exorcismo y se desacreditaron a los doctores y a los siquiatras quienes son vistos en la película como meros charlatanes. Al final, después del sacrificio de Karras, Regan se queda viendo a un sacerdote con profundo amor y lo besa. Es regresar a la edad media. Es la película que antecedió al golpe de la derecha cristiana.

Y, por todo eso, sigue siendo espeluznante. La voz del diablo se le queda a uno estampillada en el inconsciente. Para tener 50 años sus efectos –con excepción de la famosa torcida de cabeza de Regan- no se ven ridículos. Es tensa, turbia, perversa. Es la película de un monstruo que le dio una golpiza a su novia en el rodaje al enterarse que estaba embarazada, de un abusador con su personal de trabajo, de un genio que sólo pensaba en él y que después de El Exorcista volvió a conocer el éxito.

Es una belleza y un milagro que HBO la reedite en un formato impecable. Tan difícil que es el terror, que es asustar, tan frustrados estamos por este terror sicológico contemporáneo al que le da miedo, a veces, abordar al Maligno. El Exorcista es el diablo juodeocristiano en el cine. Y claro que da miedo.

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