El estadio de fútbol que construyó el Ñoño Elías con la mermelada de Santos

El excongresista no solo presentó esta obra como un regalo suyo al pueblo, sino que la usó en su defensa frente a la Fiscalía para justificar el soborno de Odebrecht

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Junio 28, 2018
El estadio de fútbol que construyó el Ñoño Elías con la mermelada de Santos

En la mañana del 3 de junio del 2016 las calles principales de Sahagún se llenaron de policías. Sus 80 mil habitantes salieron a las aceras y llevaban una banderita de Colombia en la mano que agitaban compulsivamente ante el paso de la camioneta que llevaba a Juan Manuel Santos al estadio Armando Tuirán de Sahagún. En el césped sintético y ardiente por el calor chamuscante de los mediodías de Córdoba, lo esperaban los entonces senadores Bernardo Elías y Eduardo Tours y el gobernador del departamento Edwin Besaile, los tres de la entraña de Sahagún y del Presidente.

Cuando Santos pisó el césped recibió una ovación de los 4.600 espectadores que atestaban las gradas del nuevo estadio. Santos estaba vestido con la camiseta blanca que usaba la selección Colombia en los entrenamientos. En una de las porterías lo esperaba Armando Tuirán Paternina, el portero más importante en la historia del municipio, alguien que alcanzó a atajar en las divisiones inferiores del América de Cali. Santos tomó el balón, lo puso en el centro del área y disparó. Paternina, a sus 74 años, detuvo el penal del presidente.

El estadio Armando Tuirán era tal vez la obra cumbre que le regalaba el Ñoñismo a Sahagún. El congresista del partido de la U le había entregado, direccionando recursos del presupuesto nacional, del departamento y el municipio a su pueblo cinco parques, ciclorrutas, plazas de mercado, una terminal de transporte, uno de los acueductos más modernos de Colombia y una avenida principal revestida de palmeras. Sahagún era el eje de su proyecto político que se convirtió en una verdadera máquina de votos que coronó en la reelección de Santos, de quien solo podía llegar agradecimientos. Pero nada se comparaba con ese estadio. Era la segunda cancha sintética más grande de Colombia después de la del Alfonso López de Bucaramanga, cuatro torres de iluminación, camerinos para local, visitante y árbitros, y 5.000 metros cuadrados de espacio asignado a las vías de acceso.

En ese julio del 2016 el Ñoño era el rey de Sahagún. Recorría sus calles atestado de simpatizantes que querían darle la mano y recibir su saludo característico: Pa’lante. La primera vez que este joven ingeniero civil se casó le ofreció una parranda vallenata abierta a todo el pueblo. La gente decía que lo único que le hacía falta que le hiciera a Sahagún era un segundo piso. El estadio sería la joya de la corona.

Desde que llegó a la Cámara de Representantes en el 2006 con 40.000 votos, convirtió a Sahagún en su causa y la gente le creyó. En el 2010 llegó al senado con 74 mil votos cifra que duplicaría en el 2014 con 140 mil sufragios con la mayor votación de Colombia. Durante el gobierno Santos reinó y logró una cuantiosa mermelada, millonarios contratos que direccionó para obras en su municipio y algo en el departamento. Alcanzó lo que tantos congresistas buscan: una interacción personal con el Presidente que lo llevó incluso a compartir las alturas en el avión presidencial y a compartir con la tribuna para vitorear a la Selección Colombia.

No se ahorró un peso en la obra. El contrato para su construcción fue de $11.455.315,382 ejecutado por la Unión Temporal BERAKAH cuyo representante legal era Alfredo Ramón Bula Dumar, quien fue señalado por el exfiscal Gustavo Moreno de haber sido puesto en la dirección de FONADE para convertir la entidad en un fortín para mover su maquinaria política.

Uno de los contratos que le cuestionaron más a FONADE en la época de Bula Dumar fue el que suscribió el 17 de diciembre de 2012 con BERAKAH para construir el Armando Tuirán. El contrato tuvo 26 prórrogas y se vino a terminar, completamente, en julio del 2016, un mes después de que el presidente Santos lo inaugurara. Ni el propio Ñoño se imaginó que dos años después entraría a los mismísimos infiernos con el destape de los sobornos de Odebrecht.

El estadio fue un logro celebrado en Sahagún y en toda la región. Si bien el equipo Jaguares de Córdoba lo usó durante algunos partidos del fútbol profesional colombiano mientras terminaban el Jaraguay de Montería, el estadio fue la sede de la Liga Eñe. Dirigido por Julio Feris Elías, primo del Ñoño, la liga convocaba a 20 equipos, cada uno conformado por 25 jóvenes de los municipios de Sahagún, Chinú, Pueblo Nuevo, Ciénaga de Oro en Córdoba y la Unión de Sucre. El Ñoño dotó a cada equipo con tres tipos de uniforme, guayos y canilleras. Además, el propio senador pagaba de su bolsillo los $40 millones que cuesta la manutención del estadio. Para las dotaciones Feris Elías contó con dos contratos con la gobernación de Córdoba por 40 millones de pesos ambos firmados e iniciados el 21 de septiembre del 2015.

Las actividades y los gastos alrededor del estadio y el futbol se han convertido, en la defensa del Ñoño para justificar el destino de os $ 16 mil millones que recibió de sobornos de Odebrecht para actuar en llave con su coterráneo Otto Bula y servir de enlace con el Congreso y el gobierno para lograr no solo conseguirles contratos sino condiciones favorables de los mismos.

El objetivo de la Liga Eñe, apoyada por el Ñoño, era no sólo conseguir nuevos prospectos para el fútbol profesional colombiano entre los 500 jóvenes inscritos, sino para evitar que una generación de cordobeses entraran a engrosar las bandas criminales que pululan la región. El sentido social de este programa y el estadio ha servido para el alegato de la defensa para evitar que una primera sentencia de seis años se convierta en quince si la Fiscalía le prueba los delitos de cohecho y tráfico de influencias. Su abogada Silvia Rugeles busca demostrar que los recursos recibidos no fueron menores, no superaron los % 5 mil millones y que su destino no fue el enriquecimiento personal del Ñoño Elías sino la construcción del estadio y los programas sociales alrededor del futbol. Su defensa incluso especifica que entre el 2016 y 2017 habría pagado $2.008.283 millones para dotar a 800 deportistas, la compra de equipos electrónicos y la nómina de trabajadores del estadio de Sahagún.

Ese 3 de junio, después de que Juan Manuel Santos disparó su penal, el Ñoño, en el terreno de juego, era la veneración del pueblo, que aún lo defiende. Espera eso sí que el gran logro de entonces le sirva ahora para defenderse y no tenga que pasar tanto tiempo en La Picota antes de poder regresar a Sahagún a recibir los abrazos y el agradecimiento de su gente.

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